ENFOQUE

Seis meses perdidos en una gestión que empezó mal y terminó peor

El renunciante ministro de Justicia, Carlos Mahiques, debutó con la fuga de los presos más peligrosos de la provincia. Vuelve a su cargo vitalicio dejando sólo deudas políticas, morales y financieras.

Carlos Mahiques no había terminado de acomodarse en su sillón de ministro de Justicia de la provincia –estaba tardando demasiado, le imputaron después- y ya estaba en off side. El domingo 27 de diciembre pasado, a 17 días de asumir sus funciones, debió despertar a la gobernadora María Eugenia Vidal en lo profundo de la madrugada para darle la noticia que pondría en una crisis impensada a la flamante mandataria: los tres condenados por el triple crimen de General Rodríguez, Cristian y Martín Lanatta y Víctor Schilacci, se habían fugado, empujando un viejo Fiat 128, de la cárcel de máxima seguridad de General Alvear, uno de los establecimientos que integran el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), una responsabilidad que el ahora renunciante funcionario nunca quiso tener.

 

Mahiques se va ahora por la puerta de atrás hacia la comodidad vitalicia de su despacho en la Cámara Nacional de Casación Penal. La prematura deserción obliga a Vidal a retocar su gabinete, con los trastornos operativos y las dilaciones que eso implica en términos de dinámica de gestión. Y provoca un quebranto financiero a la provincia, que invirtió seis meses en un no proyecto.

 

DE NALGAS. Acaso por su negación a ocuparse de los asuntos penitenciarios, Mahiques no había tomado los recaudos necesarios para evitar la crisis iniciática de la triple fuga, un sofocón que terminó golpeando, en el amanecer de la era PRO, no sólo a la gobernadora Vidal sino, también, al mismísimo presidente Mauricio Macri, que se prendió fuego en el tan bizarro episodio del tuit en el que anunció la captura de los tres prófugos en la provincia de Santa Fe cuando, en rigor, sólo había caído uno.

 

En el SPB, un organismo proclive -como la Policía- al autogobierno, el ministro no había metido debida mano hasta ese momento. Había ratificado a funcionarios políticos de la gestión anterior en esa área inflamable a pesar del antecedente de la feroz interna que había sacudido al Frente para la Victoria por la entrevista que, en ese mismo penal, el periodista Jorge Lanata le había hecho, para su programa PPT, a Martín Lanatta. En ese reportaje, el preso acusó al entonces pre candidato oficialista a la gobernación, Aníbal Fernández, de traficar efedrina y de mandar a matar a las víctimas del triple crimen. Mahiques no sólo no había tocado la cúpula del organismo. Tenía, en el momento de la fuga, el Servicio acéfalo: cuatro días antes había renunciado su titular, Florencia Piermarini.

 

El mismo día de la fuga, el titular de Justicia quedó a la sombra. Vidal decidió usar como escudo y vocero en la crisis al ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, en ese momento candidato a hombre fuerte del gabinete provincial –después, la impericia en el búsqueda de los prófugos, que lograron salir de la provincia, dejaría también golpeado al nuevo sheriff bonaerense-

 

En el entorno de Vidal, además, le imputaban a Mahiques que no funcionara como una alerta temprana para la gobernadora sobre focos de conflictos inminentes. Esa falencia quedó en evidencia el pasado mes de marzo, cuando la gobernadora se enteró por los medios que llegaba a La Plata desde Mar del Plata, esposado, un funcionario del gobierno municipal de General Pueyrredon, a cargo del frente oficialista Cambiemos, en el marco del escándalo de los contratos truchos en el Astillero Río Santiago. Los imputados eran seis. Todos, menos el secretario de Turismo de La Feliz, Emiliano Giri, funcionarios del gobierno de Daniel Scioli. El único que apareció en los medios fue, justamente, el único de Cambiemos. El oficialismo caía, así, en una hoguera ajena.

 

“No puede ser que nos enteremos por los medios, cuando estallan las bombas, de lo que pasa en los tribunales”, le dijo en ese entonces a Letra P un funcionario con despacho muy cercano al de la gobernadora, y abundó: “Estamos gobernando a ciegas y así no hay manera de adelantarnos a los hechos para, de mínima, controlar los daños y, de máxima, ponerlos a nuestro favor”.

 

Mahiques sabía que estaba de paso. Había pedido licencia a la Corte y había conseguido una por seis meses. Sabía que, para seguir en el Poder Ejecutivo, necesitaba que le renovaran ese permiso o tenía que renunciar a su cargo de juez. Y esta última opción nunca se le cruzó por la cabeza.

 

Mahiques pasó como un rayo por el gobierno de Vidal. Este martes, sorprendió con su deserción. Se va con deudas. Una de carácter política con su ahora ex jefa, obligada a rearmarse a apenas seis meses de andar. Otra, moral y financiera con los bonaerenses: la “provincia quebrada” malgastó en él cuantiosos recursos aportados por los contribuyentes en este semestre de ajuste y sacrificios.

 

cuantiosos recursos aportados por los contribuyentes en este semestre de ajuste y sacrificios.

 

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