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Aniversario de Lincoln: Ludovico Di Santo y sus cálidos recuerdos

Un día como hoy hace 146 años se fundaba la localidad Lincoln y para homenajear a todos los linqueños que la habitan, incluso a aquellos que por diferentes motivos tuvieron que migrar, Letra P conversó con el joven actor argentino Ludovico Di Santo para que relate sus vivencias en la ciudad que lo acobijó durante su infancia.

Durante su relato, Ludovico manifestó un gran cariño por la ciudad y aseguró que “si bien no nací en Lincoln yo digo que soy de allí” porque “tengo todos los recuerdos más lindos en esa ciudad”.

 

Di Santo llegó a Lincoln cuando tenía 6 años y empezó el colegio en la Escuela Nº 1 donde terminó la primaria. “Tenía de compañeros a Pablo Gago, Jerónimo Álvarez y varios más con los que nos la pasábamos jugando a la pelota en los recreos y comiendo las moras del árbol de la escuela”, rememoró.

 

Aquel nene de 6 años habitó distintas casas: “en la primera parte de mi infancia viví en muchos lugares, en una chacra a una cuadra de la escuela frente a una placita, la última fue en la calle Villegas”, donde “me divertía muchísimo; terminaba la escuela, hacía los deberes y salía a la calle a jugar a la pelota, a jugar en la vía, a subirme a los trenes, a robar mandarinas”.

 

“Tengo todos los recuerdos más lindos en esa ciudad. Mi primer beso, mi primera novia, mi primer asalto, los partidos de fútbol, los amigos, la primera borrachera. Todos mis recuerdos, hasta que a los 18 me mudé a Buenos Aires a estudiar Comunicación Social en la UBA, son de ahí”, enumeró el actor en una corta retrospectiva a su infancia.

 

Ludovico habló de su primera vinculación con el teatro en Lincoln y contó que “en sexto grado participé en un taller que dictaba Cifaldi en la Escuela Nº1 a la tarde”, clases a las que asistió “durante casi un año hasta que tuve un inconveniente y me fui y no volví a estudiar hasta los 22 en Buenos Aires”.

 

Aunque era chico, recordó con un dejo de nostalgia por qué su primer intento en el arte dramático tuvo un paréntesis hasta la adultez. “Nos peleamos con Cifaldi porque tuvimos unos inconvenientes con Tito Torres, Pablo Gago y Jerónimo Álvarez, mando a todos al frente”, remarcó entre risas cómplices. De todas maneras, admitió que “finalmente él (por Cifaldi) tenía razón, nosotros éramos muy hincha pelotas”, pero “dejé de estudiar, me incliné por el fútbol y no incursioné más con el teatro hasta los 22 cuando empecé a estudiar en Buenos Aires con Néstor Romero”.

 

La ciudad de Lincoln está presente en su vida cotidiana, porque lo que lo constituye como persona son todas las experiencias que ese lugar le brindó y, “si bien nunca construí un personaje basándome directamente en mi infancia en Lincoln, compongo los personajes a partir de lo que soy yo, desde mis emociones, mis vivencias, de lo que conozco y de lo que soy como persona”.

 

Para Ludovico, “un personaje es una hoja en blanco con palabras escritas que alguien las lee desde un lugar completamente subjetivo y de ahí, interpreta algo y va hacia algún lugar con eso y, obviamente, Lincoln está inmerso en todo eso”.

 

Entre fotografías mentales y las risas del pequeño de 6 años, Lincoln se presenta en el actor como “una ciudad hermosa, que guarda mis más preciados recuerdos, es muy tranquila con gente amable y gente muy predispuesta”, donde la frase “pueblo chico, infierno grande” encaja a la perfección. Además, “es mi ciudad, donde yo me crié, es el lugar al que pertenezco, si bien no nací en Lincoln, digo que soy de allí”.

 

Las decisiones de estudios fueron las que desprendieron su lazo con la ciudad. “Me fui alejando de apoco. Los primeros años iba con mucha mayor frecuencia y uno cuando crece va adquiriendo más obligaciones, entonces se hace más difícil encontrar momentos para ir”. De todas maneras, “suelo visitar la ciudad un par de veces por año porque me quedan varios amigos allá”, explicó y añadió
que su familia “se fue toda, pero voy a visitar a los pibes aunque en varias oportunidades vienen ellos a verme”.

 

“Debido a mi profesión, no puedo volver a vivir en Lincoln porque no tengo manera de ejercerla, pero sí me gustaría tener una casa o una quinta, un campo para pasar tres, cuatro meses ahí, e incluso mis vacaciones”, auguró Di Santo con la esperanza de encontrar ese lugar que marcó su camino a lo que es hoy.

 

Antes de terminar la conversación, Ludovico le deseó a la ciudad “que progrese, que tenga tranquilidad, que tenga paz, que crezca, y como vive gente que yo quiero mucho, espero que le vaya muy bien y sobre todo, les deseo alegría”.

 

“Quiero aprovechar esta oportunidad para mandarles saludos a todos los amigos linqueños”, terminó entre risas el coterráneo de corazón.

 

Por Shalom Jaskilioff
@shalomjaskiliof

 

Foto: blogteatro

 

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