Wikilieaks y la parábola del acercamiento a los “rebeldes” de Sudamérica

Por Lisandro Sabanés (*)

El pedido de asilo de Julian Assange, el cerebro del sitio Wilkileaks (del inglés leaks, fuga, goteo o filtración), en la embajada de Ecuador en Londres, puede simbolizar un curioso vinculo entre el espacio político populista/progresista que reina por estos tiempos en Sudamérica y un grupo cada vez más numeroso de actores de la política y el poder en el llamado primer mundo que, por primera vez en la historia empiezan a mirar y a tomar las políticas e ideas de acá como ejemplo y no al revés.

 

No es por supuesto una realidad de carácter masivo sino que, al menos ahora, está limitada a algunos personajes tan disimiles como el actor Sean Penn, la líder de la derecha francesa Marine Le Pen (curiosa redundancia) y el economista Paul Krugman, por citar algunos casos, pero está claro que es un fenómeno “in crescendo”.

 

Para desconcierto de los periodistas europeos que tienen una visión parcial y crítica de los conflictos del poder político con el mediático en estas tierras, Assange – perseguido por la Justicia de Europa y EE.UU –  buscó refugio en la embajada del país liderado por el economista Rafael Correa, quien junto al venezolano Hugo Chávez Frías y nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, es uno de los líderes sudamericanos que más conflictos ha tenido y tiene con los grupos multimediaticos privados de su país.

 

Lejos estamos de conocer en profundidad las razones del libertario Assange para buscar refugio en la embajada ecuatoriana pero,  atendiendo al derrotero último de sus polémicos cables bien podemos encontrar una razón en lo expuesto en los primeros párrafos.

 

Veamos: A fines de 2010, Assange decidió difundir los cables de las embajadas norteamericanas en el mundo y para eso creyó conveniente firmar un convenio con cinco de los medios más tradicionales y poderosos del mundo de la grafica, El País (España), Le Monde (Francia) The Guardian (Reino Unido) Der Spiegel (Alemania) y The New York Times (EE.UU) quienes se comprometieron a publicar los contenidos acercados por Assange, previa selección.

 

Pero esa previa selección resulto fatal a las intenciones de Assange. Estos medios privilegiaron una mirada de “espectacularidad” en cuanto a que era noticiable o no y sobre todo sus propios y fuertes vínculos con el poder a la hora de elegir que publicar y que no consultando con el Departamento de Estado norteamericano y entre ellos para hacer la “selección”. Consecuencia: lo más interesante y profundo de la información de Wilkileaks quedo postergado por información de dudosa importancia aunque, tal vez,  de mas impacto mediático referida a temas personales y de la vida privada de líderes políticos de todo el mundo.

 

Assange pecó tal vez de ingenuo confiando en que medios tan poderosos como los mencionados se arriesgarían a enfrentarse al Gobierno estadounidense – que es justamente el que Assange cree que está detrás de sus desventuras judiciales – en nombre de una supuesta libertad de prensa, concepto que precisamente aquí en Sudamérica ha sido puesto en debate.

 

El paso siguiente de Assange fue acercarse a medios y periodistas no tan poderosos y abrir aun mas su archivo al público en ese sentido se entiende sus nuevos convenios con el colega local Santiago O´Donell y con el diario local Pagina 12 quienes difundieron cables de la embajada que pese a su riqueza periodística (charlas del CEO de Clarín, Hector Magnetto con el embajador,  por ejemplo) habían sido postergados por los medios tradicionales.

 

No es tan insólito entonces, atendiendo estos datos, que Assange termine buscando la ayuda de Correa, quien ha hecho del enfrentamiento con los multimedios privados una de sus banderas llevando esa pelea a extremos a los que no llegó aquí CFK.

 

No no es difícil imaginar,  a nosotros al menos, a un Assange atribulado y sorprendido por las decisiones editoriales de los grandes medios en los que él confió para difundir su información,  a tono con su predica cibernética de mostrar todo lo que tenga que ver con figuras públicas y que lejos de acompañarlo, se sumaron luego a la persecución judicial dándole entidad a dudosas denuncias de abuso sexual contra él,  originadas en Suecia.

 

Cabe entonces suponer que el excéntrico australiano mira ahora con simpatía a Correa, que acaba de prohibirle a los integrantes de su gabinete hablar con periodistas de los multimedios locales, en la misma sintonía que Le Pen tomo nota del “proteccionismo patriótico” de Sudamérica para su campaña presidencial o Penn considero que, sin dudas, las Malvinas, son argentinas.

 

(*) Periodista. Licenciado en Comunicación

 

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