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ABOGACÍA 3.0

Marina Sánchez Herrero: "La inteligencia artificial no reemplaza al abogado, pero sí cambia la profesión"

La especialista habló con Letra P sobre los límites de la automatización, la formación profesional y la necesidad de preservar la mirada humana en la Justicia.


La inteligencia artificial dejó de ser una posibilidad para convertirse en una herramienta que atraviesa el ejercicio cotidiano de la abogacía. Su incorporación promete agilizar tareas, procesar volúmenes de información y mejorar la eficiencia del sistema judicial, pero también abre una pregunta: hasta dónde puede llegar la tecnología sin desplazar las capacidades que hacen de la Justicia una actividad humana.

Ese fue uno de los ejes planteados por la abogada Marina Sánchez Herrero durante el Foro de Abogados 3.0, realizado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). En diálogo con Letra P, la especialista advirtió que el verdadero desafío ya no pasa por decidir si los abogados utilizarán inteligencia artificial, sino por determinar para qué y hasta dónde se permitirá que intervenga en la profesión.

"La inteligencia artificial es algo que nos interpela a todos en todos los ámbitos y en todas las actividades", sostuvo Sánchez Herrero. Pero inmediatamente marcó una diferencia respecto del impacto que puede tener sobre el sistema judicial: "La particularidad de la Justicia es tener en claro para qué la inteligencia artificial, cuál es la dependencia que vamos a tener respecto de nuestra función y la inteligencia artificial".

Marina Sánchez Herrero habla en el Foro de Abogados 3.0

Una herramienta para asistir, no para decidir

Para Sánchez Herrero, la discusión no pasa por rechazar la incorporación de nuevas tecnologías. Por el contrario, consideró que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta de enorme utilidad para mejorar el funcionamiento de la abogacía y de la Justicia. El límite aparece cuando la herramienta deja de asistir al profesional y comienza a sustituir sus capacidades de análisis.

La especialista planteó dos escenarios diferentes. Uno, en el que la IA permite obtener información, redactar documentos, resumir jurisprudencia o recopilar datos con mayor rapidez; otro, en el que se le entrega una responsabilidad mucho mayor: determinar cuál es la mejor estrategia procesal para un caso concreto.

"En uno simplemente nos asiste y en otro nos empieza a quitar nuestras capacidades de pensar", explicó. Ese punto, según Sánchez Herrero, es central para evitar que la incorporación tecnológica termine desnaturalizando la función judicial. "Podemos llegar a tener el mejor sistema tecnológico que maneje la Justicia, pero eso no nos va a garantizar necesariamente tener una mejor Justicia", advirtió.

La cuestión, entonces, no sería tecnológica sino institucional y profesional: qué decisiones pueden ser asistidas por una herramienta y cuáles deben continuar necesariamente en manos de una persona.

Foro de Abogados 3.0

¿La inteligencia artificial puede reemplazar a los abogados?

La respuesta de Sánchez Herrero fue contundente: no. "Si me preguntás, rápidamente te digo que no", afirmó al ser consultada sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial termine reemplazando a los abogados. Para explicar esa posición, puso el foco en aquellos aspectos de la profesión que exceden la aplicación mecánica de conocimientos jurídicos.

La relación con quien consulta a un abogado, la contención frente a un conflicto, el diseño de una estrategia, la elaboración de un alegato o la capacidad de reaccionar durante una audiencia son, para la especialista, dimensiones que requieren intervención humana. "En la Justicia hay un factor humano indispensable", sostuvo.

También remarcó que la mirada humana resulta irremplazable cuando llega el momento de tomar decisiones que afectan derechos concretos.

"Cualquiera que conoce cuál es la actividad de un abogado sabe que la contención hacia la persona que concurre a nosotros, lo que tiene que ver con pensar estrategias, con hacer un alegato, con actuar in voce y rápidamente dentro de una audiencia, no es reemplazable", señaló.

Sin embargo, la respuesta tuvo una segunda parte que consideró igual de importante: aunque la IA no vaya a reemplazar al abogado, el abogado que viene no será igual al de generaciones anteriores. "Si nosotros vamos a seguir siendo los abogados que fuimos o los que fueron nuestros padres, eso te tengo que decir que no. Necesariamente nos va a cambiar", afirmó.

El límite entre eficiencia y dependencia

El desafío, entonces, no consiste en mantenerse al margen de la tecnología sino en aprender a utilizarla sin generar una dependencia que debilite la capacidad profesional. Sánchez Herrero planteó que la IA puede ayudar a obtener mayor eficiencia y eficacia en el trabajo jurídico. Pero esa ventaja pierde sentido si el profesional deja de desarrollar las capacidades necesarias para analizar por sí mismo un expediente, interpretar una norma o construir una estrategia.

La diferencia parece sutil, pero tiene consecuencias concretas. Una cosa es pedirle a una herramienta que permita localizar jurisprudencia o resumir cientos de páginas de resoluciones. Otra muy distinta es delegarle la decisión sobre cuál debería ser la estrategia procesal más conveniente. "Tenemos que tener en claro esa línea", insistió.

Para la especialista, esa frontera será uno de los principales debates que deberán afrontar abogados, jueces, fiscales, defensores y todos aquellos que forman parte del sistema judicial.

Una tecnología que avanza más rápido que las estructuras

Otro de los problemas planteados durante la charla con Letra P fue la velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial frente a estructuras judiciales que muchas veces conservan procedimientos diseñados para otra época.

Sánchez Herrero evitó reducir el problema exclusivamente a la Justicia. Consideró que existe un desafío más amplio porque las sociedades cambian a una velocidad que obliga a revisar permanentemente las estructuras institucionales. "La inteligencia artificial tiene un tiempo que nos atropella y nosotros tenemos estructuras, formas, pasos y procesos que naturalmente deben revisarse", señaló.

La cuestión, entonces, será determinar qué aspectos del funcionamiento judicial necesitan ser modificados y cuáles deben permanecer protegidos precisamente porque forman parte de las garantías que sostienen el sistema. Un debate que incluye desde la utilización de herramientas de IA en la gestión de expedientes hasta las condiciones en las que pueden utilizarse para elaborar documentos, analizar información o asistir a los profesionales. Pero también alcanza una cuestión más profunda: quién asume la responsabilidad por una decisión tomada con asistencia tecnológica.

"La pregunta es para qué"

El mensaje que Sánchez Herrero llevó al Foro de Abogados 3.0 en La Plata puede resumirse en una idea: la discusión sobre si utilizar o no inteligencia artificial ya quedó atrás.

"Usarla o no, no es una pregunta, eso ya es viejo, ya sabemos que lo vamos a hacer, todos lo usamos", afirmó.

La verdadera discusión, sostuvo, pasa por otras dos preguntas: para qué y por qué. La especialista consideró que la incorporación de IA puede contribuir a hacer más eficiente el trabajo de los profesionales, pero advirtió que una Justicia completamente automatizada podría perder uno de sus componentes esenciales. "La mirada humana nunca puede ser reemplazada", sostuvo. Y completó con una definición que atravesó el debate del encuentro: "En una de las tareas más humanas que hay, reemplazarla o permitir que sea reemplazada esa mirada humana es algo contrario a la labor de Justicia".

El Foro de Abogados 3.0, organizado por Abogados por la Justicia y la República (AJURE) junto con la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP, reunió en La Plata a especialistas, docentes y referentes del ámbito judicial para discutir precisamente ese escenario de transformación.

La conclusión que dejó Sánchez Herrero es que la inteligencia artificial ya forma parte de la profesión. El desafío para la abogacía será incorporarla sin perder aquello que ninguna herramienta tecnológica puede aportar por sí sola: el criterio, la responsabilidad y la mirada humana frente a cada conflicto.

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