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Los silencios de la Argentina saudita

El dato de que el petróleo saltó en mayo al primer puesto entre los productos de exportación de la Argentina, superando individualmente a la soja y el maíz en plena temporada alta de las oleaginosas, respondió tanto al factor estructural del despegue de Vaca Muerta como a una coyuntura de precios internacionales de la energía demasiado altos por la guerra en el golfo Pérsico. Sin embargo, supuso el anticipo de un futuro no tan distante, que se concretaría en el próximo turno presidencial, entre fines de 2027 y de 2031.

Así, pone sobre la mesa el que debería ser el principal ítem de discusión en la próxima campaña electoral: cómo explotar esa riqueza para que el país aproveche una irrepetible chance de desarrollo.

Lamentablemente, de eso se habla poco y nada. Solo en el ring, Javier Milei sigue luchando junto a Toto Caputocon suerte discutible, más allá del previsible "uno coma…" de junio– con la inflación, el PRO parece cada vez más lejos de asumirse como una opción de poder y el peronismo se entrega a un peligroso proceso de mitosis.

Lo que realmente importa está ausente del debate.

El molde de la Argentina que viene

Mientras las exportaciones baten récords gracias al auge de Vaca Muerta y el abusivo RIGI promueve inversiones que, al menos en ese sector, llegarían de cualquier modo, el destino de la gran apuesta al takeoff nacional sigue constituyendo el debate ausente.

Exagerando en los términos para ponerle la necesaria pimienta a un tema que evidentemente la necesita, cabe preguntarse por el modelo que primará para explotar las riquezas de la "Argentina saudita" en ciernes.

Como muestra, el Gobierno dio el visto bueno el martes último a una inversión de 4.500 millones de dólares de Pampa Energía en Rincón de Aranda. Sólo ese yacimiento de petróleo no convencional generaría exportaciones de 17.000 millones de dólares a lo largo de 30 años.

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Ante eso, la diputada peronista Julia Strada denunció en X que "el proyecto recontra estaba en carpeta. En julio de 2023, a Pampa Energía se le había adjudicado el área Rincón de Aranda: no es una inversión que apareció gracias al RIGI".

"¡Tenían la obligación de escalar la inversión! El proyecto piloto era de 149 millones de dólares. La ley dice que si los resultados son favorables luego de cinco años, tiene que pasar de piloto a desarrollo, y es ahí cuando se hace la inversión fuerte", añadió.

¿Beneficios tributarios a cambio de nada que no fuera a ocurrir en condiciones más favorables para el país y las arcas públicas?

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Pese a todo lo crucial que está en juego y a voces como la mencionada, en la política presuntamente "grande" que prepara el 2027, el barullo de lo urgente prima sobre el silencio de lo verdaderamente relevante. Hay que ir contra esa corriente.

Mayo, un aviso del futuro

Las exportaciones alcanzaron en mayo un récord histórico –nominal– de 9537 millones de dólares, lo que llevó el superávit comercial del mes a 3504 millones. Reflejo de una producción que generó, por primera vez, nada menos que 900.000 barriles ese mes.

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Gracias a eso, en los primeros cinco meses del año, el saldo positivo del comercio exterior trepó a 11.783 millones de dólares, superando todo el resultado de 2025. Lo clave: el sector energético explicó prácticamente la mitad de esa tendencia, con un superávit acumulado récord de 5450 millones de dólares.

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Como se dijo, el crudo se convirtió en el producto de exportación individual más importante, superando a la soja y el maíz.

Las exportaciones de petróleo no convencional de Vaca Muerta se dirigieron especialmente a Estados Unidos y Chile, y sumaron sólo en mayo 1172 millones de dólares, 12,3% del total de las ventas externas nacionales.

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En esos números de alto impacto anidan dos secretos.

Uno, que hicieron mucho por ellos los precios elevados del hidrocarburo por el cierre del estrecho de Ormuz derivado de la guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán por el otro. El quinto mes del año arrancó con un crudo de Brent –petróleo del mar del Norte, gran referencia internacional– de 114,4 dólares por barril y terminó en 94,98 dólares –50% más caro que un año antes–. Ayer, en medio de un cese del fuego y de negociaciones –de pronóstico reservado, por cierto–, la cotización era de 71,14 dólares.

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La guerra y la paz: el precio internacional del petróleo en el subibaja. (Fuente: Investing).

El otro secreto es que no todo se debió al factor precio, sino a la propia dinámica de Vaca Muerta: las cantidades exportadas crecieron un impactante 78,5% interanual.

Por eso es posible decir que mayo fue un espejismo provocado en buena medida por la guerra, pero también que fue un anticipo del futuro próximo.

A esa tendencia habrá que sumar lo que comiencen a aportar las exportaciones de gas natural licuado (GNL). Un botón sirve de muestra: solamente el proyecto en el que YPF está asociada con la italiana Eni y la emiratí XRG, con inversiones previstas de hasta 50.000 millones de dólares, generaría al madurar ventas externas de 20.000 millones anuales.

Desde ya que el proceso vuelve a su cauce más normal con un Brent de 70 dólares. Sin embargo, Vaca Muerta es una realidad que únicamente se vería amenazada con un crudo sostenidamente por debajo de los 55 dólares. No hay motivo para la alarma.

Vale, con todo, una aclaración. Los números de comercio exterior citados corresponden a las operaciones de comercio exterior devengadas e informadas por en INDEC. Más allá de eso, lo que efectivamente llega como liquidación de exportaciones que recibe el Banco Central o que se negocia en mercado cambiario local es mucho menor, probablemente menos de un tercio. ¿Por qué? Porque las empresas se giran dividendos, compran dólares, hay fuga por atesoramiento en el exterior... Por eso las reservas siguen siendo negativas. Ahí también hay un elemento de advertencia sobre un futuro que sería menos brillante que el posible.

Una bendición para el próximo presidente

El sector energético, como se dijo, dará un salto de maduración de acá a 2031, lo que obliga a poner la mira en cuál será el próximo gobierno y qué modelo aplicará para las inversiones y su derrame sobre el desarrollo nacional.

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Consultado en el streaming de extrema derecha Neura sobre cómo imagina el país que dejaría tras un eventual segundo mandato en diciembre del 31, Milei dijo que sería "un país que empezaría a crecer a tasas del 7 u 8% anual (…). Si una economía creciera, por ejemplo, a tasas del 7%, duplicaría el PBI en diez años. Eso quiere decir que en 20 años cuadruplicaría el PBI".

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Eso se traduciría, añadió, en "salarios enormes" y en "empezar a estar en la línea de los países grandes", se entusiasmó.

Fueron palabras tiradas a la marchanta, tanto por ser desmedidamente optimistas como por estar sujetas a los infinitos avatares de lo imponderable. Con todo, el Presidente, lo mismo que toda la dirigencia nacional con verdadera vocación de poder, sabe de qué se trata: oro –negro– en polvo para un proyecto de poder duradero. Gracias a una política de Estado que comenzó en 2012 con la reestatización de YPF por parte de Cristina Fernández de Kirchner y siguió, con diferentes modalidades, con Mauricio Macri, Alberto Fernández y el propio Milei, el esperado boom del petróleo y el gas generará todo un segmento nuevo dentro del Círculo Rojo.

Es más: el jefe de Estado anarcocapitalista –sic– no deja de mostrarse con el mameluco de la petrolera controlada por el Estado, de cuya generación de dólares y de cuyos proyectos de inversión depende en buena medida la suerte de su gestión.

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El cambio es estructural y motiva, con plena justificación, dos sentimientos: una esperanza grande de desarrollo –y de fin de la tradicional restricción externa de dólares– y la voluntad de que el maná que le ha caído a la bendita Argentina no se desperdicie con políticas erradas.

El RIGI te da y el RIGI te quita

Como se dijo, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) resulta desmesuradamente favorable a las empresas extranjeras que se acogen a él.

Es más, Vaca Muerta es tan tentadora que inicialmente el propio Gobierno no tenía previsto beneficiar con ese mecanismo de promoción a los proyectos destinados a ella. Sin embargo, en agosto de 2024, al reglamentarlo, Milei decidió que así fuera.

Todo cambió de golpe entre julio y agosto de 2024; prodigios del lobby.

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A la falta de compromisos mayores del esquema en lo que hace a la liquidación local de las divisas generadas por las exportaciones derivadas de esas inversiones, la pregunta apunta a cuáles son los vectores que quedan para que las grandes compañías extranjeras que operan allí dejen parte de esas divisas en la Argentina. Por un lado, las liquidaciones necesarias para pagar impuestos; por el otro, lo mismo para la contratación de proveedores locales de bienes y servicios.

La mala noticia es que el RIGI desgrava y mucho, y que es poco exigente en cuanto a integración de proveedores locales. Es más, para Milei y su visión antiimpuestos, ese régimen debería ser el futuro de toda la Argentina productiva, esto es un sistema en el que la inversión reine y que "desarrollo" sea apenas una palabra del diccionario.

Un punto no menor del debate pendiente debería ser la aceptación de los derechos adquiridos por las empresas que hayan ingresado al RIGI, probablemente un modo subóptimo de explotar los hidrocarburos no convencionales, pero cuya reversión pondría en riesgo al país ante tribunales internacionales. Esa es una leche con la que la Argentina ya se quemó más de una vez. Sí, en cambio, se podrían renegociar condiciones y pensar en el modo de expandir la actividad futura bajo premisas más favorables al interés nacional.

Más allá de si la inflación va a ser medio punto más o menos cada mes, si el desempleo toca o no el hito-fetiche de los dos dígitos, si el ajuste será o no perpetuo o si el crecimiento de la economía va a ser escaso o mediocre, lo relevante que se jugará en las elecciones de 2027 es el modelo que se aplicará a la explotación de la nueva oportunidad argentina.

No es que lo mencionado no importe. Ocurre que hay en juego algo todavía más grande.

Argentina, Noruega y Nigeria

La política doméstica y las alternativas que esta le debe presentar a la ciudadanía para que defina si apuesta por el modelo de Milei o por uno que busque un mayor derrame interno son materias pendientes. El futuro de Vaca Muerta, lamentablemente, es por ahora el debate ausente. En este punto el análisis se convierte en frustración.

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La Argentina no es ni Noruega ni Nigeria, pero estos dos países marcan los extremos de los modelos posibles.

Noruega exportó en 2024 un promedio de 1,5 millones de barriles de petróleo por día y Nigeria, 1,3 millones. Eso supuso, respectivamente, exportaciones por 50.500 y 36.900 millones de dólares. La diferencia es lo que se hace con esos recursos.

El primero de esos países ha dado un salto enorme de calidad de vida en base a la explotación del petróleo del mar del Norte, en la que talla fuerte una empresa de capital mixto controlada por el Estado, Equinor.

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En la misma, que cotiza en las bolsas de Oslo y de Nueva York, la participación accionaria del Estado llega al 67%. No dista demasiado del modelo YPF.

El Estado noruego destina la renta petrolera a un fondo soberano que se ha dado la misión de blindar el modelo de bienestar, asegurar el financiamiento de una educación de calidad para las próximas generaciones y diversificar la matriz productiva. Allí, un infierno socialista en el imaginario afiebrado del Presidente, "desarrollo" no es sólo una voz de diccionario.

Eso es clave. Al destinar buena parte de las divisas a las inversiones de su fondo global, Noruega evita que las mismas inunden el mercado cambiario y la instalación de la llamada "enfermedad holandesa", esto es una apreciación violenta de la moneda local destructora de la industria.

Mientras, el sistema nigeriano reposa en las inversiones de grandes empresas multinacionales en sociedad con la Corporación Nacional de Petróleo (NNPC). Las formas de reparto de la renta, la incomparablemente menor calidad institucional, la corrupción y la falta de incentivos a la inversión para la industrialización del recurso –refinación y producción de combustibles– hace que los resultados en términos de desarrollo sean muy inferiores.

La ausencia de un fondo soberano a la noruega es otra diferencia no menor: la renta petrolera derrama así mucho menos en creación de infraestructura y en promoción de proveedores y nuevos sectores productivos.

Argentina no es Noruega ni es Nigeria, pero tiene mucho que aprender de esos ejemplos polares –y de muchos otros– para definir qué uso hará de la bendición del oil and gas.

Ese, por encima de cualquier otro, debería ser el gran debate de 2027, y debería comenzar ahora mismo. Ya. Sin demora.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

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