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LA QUINTA PATA

Perú, entre la izquierda y la ultraderecha: la elección que enmudece a Donald Trump y a Javier Milei

Roberto Sánchez, Keiko Fujimori y un virtual referendo sobre el modelo peruano. Los presidentes de EE.UU. y Argentina callan ante un ballottage impredecible.

El ballottage de este domingo en Perú es una suerte de referendo sobre el modelo que no derrama pero deslumbra a Toto Caputo, un compendio del clivaje izquierda-ultraderecha que agrieta a la región y una previa de lo que viene en Colombia y Brasil. Todo es tan imprevisible que hasta los lenguaraces Donald Trump y Javier Milei guardan silencio.

Un escrutinio demasiado prolongado consagró finalmente a los contendientes, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, quienes obtuvieron en la primera vuelta 17,2% y 12% de los votos, respectivamente. Números demasiado flacos que expresan un desmembramiento del sistema político, hecho que el ministro de Economía argentino, Toto Caputo, observa encantado en tanto no desestabiliza un orden macro avaro que, aunque no lo advierta, es la causa de fondo de tanta inestabilidad política.

Sánchez, hombre que reivindica al expresidente Pedro Castillo, llegó a esta instancia tras superar por apenas 21.000 votos a otro derechista, Rafael López Aliaga.

Perú, encuestas y un final impredecible

Las últimas encuestas difundidas en el país antes del inicio de la veda hace una semana daban a Fujimori una ventaja de entre tres y seis puntos porcentuales, en torno al margen de error muestral.

La de la firma Ipsos, una de las más seguidas, registró el último domingo una diferencia de 38% a 35% a favor de la hija de Alberto Fujimori, el hombre que en los años 1990 derrotó la hiperinflación con un ajuste brutal; al terrorismo de Sendero Luminoso con masivas violaciones de los derechos humanos y a la oposición con un autogolpe en 1992, la erección de un Estado policial y, finalmente, un fraude electoral en 2000 que terminó en renuncia, exilio y, luego, prisión.

Sin embargo, la propia Ipsos registró en su último simulacro una remontada de Sánchez, a quien adjudicó una intención de voto del 43,8% contra 43,2% de su rival. El resultado es impredecible.

En tanto, el 13% de las personas relevadas votó en blanco o anuló su boleta, un dato que puede ser crucial: para los analistas locales, el rechazo a ambos postulantes puede ser tan elevado como para ser considerado el "tercer candidato" de la contienda.

El silencio de Donald Trump y Javier Milei

Ante semejante escenario, no sorprende que ni Trump –con su vocación de hegemonía recargada en el continente– ni Milei –con su incontiniencia macartista– hayan salido a apoyar públicamente a Fujimori, al revés de lo hecho por el estadounidense con el extremista de derecha colombiano Abelardo de la Espriella, quien enfrentará –se presume que llegando con ventaja– al izquierdista Iván Cepeda en la segunda vuelta del próximo domingo 21.

Semejante incertidumbre ha hecho que la derecha se abroquele, olvidando viejas reyertas, en torno a la líder de Fuerza Popular. El expresidente Pedro Pablo Kuczynski, el candidato eliminado López Aliaga y un referente de la cultura de derecha como Álvaro Vargas Llosa, entre otros, anunciaron su respaldo horas antes del cierre de campañas del jueves.

Algunos de esos respaldos habrían sido impensables hasta hace poco: Kuczynski y Vargas Llosa presumen de liberales y de defensores de la república, cosa que se da de bruces con el historial del fujimorismo como movimiento político, con la permanente desestabilización de sucesivos gobiernos desde el Congreso bajo la conducción de Keiko y, ahora, por la negativa de la candidata a afirmar que reconocerá el resultado sea cual sea.

La alianza de todas las derechas en Perú

Lo de López Aliaga es estratégico: su voto migrará de todas formas y las derechas pueden unir fuerzas –y obtener parcelas de poder– en el Congreso fraccionado que acompañará el próximo mandato.

Además, la mano dura contra el crimen es un elemento que ha unido su propuesta con la fujimorista, igualmente ultra, tema ampliamente tratado en el último debate entre Keiko y Sánchez.

En tanto, ante lo que entienden como un avance de una derecha extrema y una amenaza a lo que queda de la democracia peruana, otros referentes sociales se encolumnaron, en algunos casos como último recurso, detrás de Sánchez. Ocurre que este tampoco asegura un apego prolijo a los límites del sistema.

Perú, eslabón débil de la democracia

Un reciente trabajo de Pulsar, el observatorio de la Universidad de Buenos Aires (UBA) especializado en el estudio de la opinión pública, calificó al sistema político de Perú como uno en el que "el recambio presidencial dejó de ser un mecanismo de recomposición de legitimidad y se convirtió en una nueva instancia de deterioro".

El trabajo explica la "anomalía" peruana, en la cual el apoyo a los mandatarios electos dura lo que un suspiro en función de "un escenario de debilidad estructural, en el que la baja aprobación no parece ser solo un fenómeno coyuntural, sino parte de una dinámica política más profunda".

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Pulsar.UBA registró en un trabajo reciente la peculiaridad de Perú en América Latina como caso de un sistema político crónicamente deslegitimado.

En el cierre de campaña que encabezó en Lima, Sánchez ratificó la promesa de indultar a Pedro Castillo, quien cumple condena firme a 11 años, cinco meses y 15 días de prisión por el autogolpe que pretendió dar en diciembre de 2022, cuando anunció, sin apoyo militar, la disolución del Congreso, el establecimiento de un gobierno de excepción, un toque de queda y una reforma constitucional destinada a purgar el Poder Judicial y los organismos electorales. Justo cuando el legislativo se disponía a tratar su destitución.

Inicialmente, Sánchez –ministro de Comercio Exterior y Turismo en esa gestión– tomó distancia del hecho y dijo no haber sido parte de la decisión, pero luego se convirtió en un férreo defensor de Castillo, a quien califica de preso político.

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Pedro Castillo fue detenido tras el intento de autogolpe de diciembre de 2022 en Perú y hoy cumple una pena a 11 años y cinco meses de prisión.

La promesa de indulto busca movilizar a la base rural y campesina del expresidente, además de constituir una reivindicación de un gobierno que, aunque estragado por el desorden y los escándalos, se proponía dar vuelta el modelo económico de mercado libérrimo y estabilidad a como dé lugar.

Eso, claro, no fue posible en el año y nueve meses turbulentos de Castillo, pero la fuerza electoral de la alianza Juntos por el Perú desvela al Círculo Rojo local.

Argentina, ante el espejo de Perú

El modelo peruano se basa en el auge de actividades primarias y extractivas, en las exportaciones y en una estabilidad macro que se mantiene a rajatabla. No sorprende que Milei y Caputo se miren en ese espejo.

La inflación se mantiene en el orden de un bajísimo 2% anual, pero el crecimiento, proyectado para el año por debajo del 3%, expone una cierta pérdida de dinamismo productivo.

Asimismo, un desempleo que oscila en torno al 7,5% convive con una informalidad laboral superior al 70% de la población económicamente activa. ¿Otro espejo para la Argentina paleolibertaria?

El reducido riesgo Perú, menor a los 150 puntos básicos, mantiene abierto de par en par el mercado de deuda para ese país, ventana que Fujimori promete aprovechar para reforzar la inversión en obra pública.

Lo de Sánchez es más rupturista: más gasto social y más asistencia a los sectores marginalizados, sobre todo en el Perú rural, campesino e indígena.

El problema de la democracia

Por primera vez en condiciones de ganar –ya acumula tres ballottages perdidos–, Fujimori prometió en su cierre de campaña, celebrado en un estadio de Lima, constituir un gobierno de "puertas abiertas, tecnocrático y de cinco años".

¿Hacía falta aclarar lo de la duración? Definitivamente sí en Perú, donde ningún mandatario completa su período y más de uno –empezando por Fujimori padre– se tienta con la permanencia a través de golpes de mano.

¿Podría pensarse que, con Fuerza Popular en el poder, se eliminaría uno de los principales factores de desestabilización de los últimos años?

De hecho, si Sánchez ganara, debutaría a tiro de procesamiento y consiguiente causal de un proceso de vacancia –juicio político– en el Congreso: con gran timing, el Ministerio Público acaba de ratificar un pedido de cinco años y cuatro meses de prisión contra el candidato por la supuesta presentación de documentación falsa en sus declaraciones de aportes y gastos electorales entre 2018 y 2021.

¿Sería tan severa la Justicia con Keiko Fujimori y con su largo historial de escándalos?

En tanto, Sánchez prometió, también en su cierre limeño del jueves, "el fin del caos, el fin de la señora K, el fin de la corrupción y el fin de la impunidad".

Sin embargo, también prometió perdonar y liberar a Castillo, a quien le agradeció haberle curado un ataque de calambres con hierbas en la última visita que le realizó en su lugar de reclusión.

"Lealtad entre los hermanos", voceó, para movilizar la base popular del detenido.

Después de Perú –en caso de un resultado apretado, podría deparar otro escrutinio prolongado y otra crisis política–, será el turno de Colombia, el 21 de este mes, y de Brasil, en octubre, en un mano a mano totalmente incierto entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

En todos los casos, es izquierda contra extrema derecha, tensión para las democracias e impresionante polarización.

Ese es el signo de este tiempo. ¿También lo será en la Argentina de 2027?

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