El economista de la Escuela Austríaca y con un doctorado en la New York University, que usa la palabra "caos" de modo irónico, "hipotetiza sobre un mercado de seguros que realiza tareas de justicia, seguridad y hasta de defensa del país. Suena como si fuera el libro de cabecera de Sturzenegger", añadió.
La escena tiene un antecedente. Fue poco antes del final del año pasado, cuando el Presidente recibió a su gabinete en la Quinta de Olivos con ejemplares, que repartió, de otro libro extraviado de sesgo anarcocapitalista: Defendiendo lo indefendibl e, del economista Walter Block.
En el mismo, publicado en 1976, el autor paleolibertario lleva al extremo la doctrina de la "mano invisible del mercado" de Adam Smith y el utilitarismo de John Stuart Mill para embestir contra toda forma de organización social no espontánea –esto es la estatal– y postular que muchas de las actividades más despreciadas moralmente son, en realidad, fruto de la acción de sujetos que concibe como "héroes". Por caso, quienes practican el proxenetismo, el machismo cultural, el narcotráfico, la extorsión, la difamación, la calumnia, la generación del caos con efectos homicidas, la corrupción policial, el lavado de dinero, la usura, el acaparamiento y la especulación. También quienes explotan el trabajo en negro e infantil.
No puede negarse que es original.
No digas que no te avisó
Por contrahecho que parezca todo eso –que no impidió que los ministros posaran, cual alegre patota, sonrientes con el engendro en mano–, lo que se plantea ahora bajo la inspiración del desquicio de Robert P. Murphy resulta aun más peligroso.
Detrás de esto y de la "revolución de los seguros" que se prepara bajo su influencia, anidan ideas destinadas a destruir el Estado argentino y acaso la propia sociedad, además de un desprecio profundo por la democracia.
El hombre avisa. Un pasaje largo del discurso que pronunció el último jueves en la 12a. edición del Latam Economic Forum detalló lo que viene:
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- "Frente a esta visión de mirar el Estado por ejemplo como un seguro (…), si desarrollamos un mercado privado de seguros que sea competitivo, profundo y completo, la justificación para que el Estado intervenga en esas áreas desaparece por sí sola.
- "Si ustedes quieren achicar el Estado, necesitan generar los seguros que permitan sustituir la acción del Estado por el mercado de seguros. ¿Cómo se llama cuando tienen una prepaga? Seguros de salud. Si no están contentos con el cuidado que tienen, tienen seguridad privada (…). Entonces, en la medida en que ustedes vayan y desarrollen ese mercado de seguros, la necesidad de contar con un Estado se reduce y, consecuentemente, eso nos permite seguir bajando impuestos.
- "Esto es fundamental, lo que nosotros llamamos la 'revolución de los seguros' que vamos a presentar con el doctor Sturzenegger".
Las revoluciones suelen ser asuntos de cuidado, sobre todo cuando parecen destinadas desligar al Estado del financiamiento de la educación y la salud, pero el jefe de Estado llevó calma:
- "Quiero hacer una aclaración y es que esto obviamente contempla una transición ordenada hacia el nuevo sistema (…). Esas transiciones no se pueden hacer de manera instantánea, se las va ordenando y se las va configurando hasta que se pueda llegar a ese ideal".
Ahora sí.
El manual del edén anarcocapitalista
Las lecturas del Presidente son expresivas de lo que ocurre dentro de su cerebro.
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La teoría del caos del anarcocapitalista Murphy, cuya primera edición data de 2002, propone un modelo que llama "anarquía de mercado", que supone el reemplazo del Estado por un sistema en el que "todos los aspectos de la interacción social estarían 'regulados' por contratos voluntarios".
Esto se daría a través de la contratación de compañías de seguros, las que dirimirían sus conflictos a través de agencias de arbitraje también privadas. Algo así como un CLEAS.
"Bajo este sistema, los expertos legales escribirían la 'ley de la tierra', no los políticos corruptos e ineptos", añade el autor, que, en definitiva, propone dar por tierra con la idea de democracia representativa.
La cancelación del Estado y de la política
De acuerdo con el teórico, las aseguradoras podrían reemplazar a la policía, al Poder Judicial y hasta a los ejércitos. Como todo el mundo pagaría seguros contra todo, el incentivo para no actuar de modo antisocial pasaría por pagar primas de riesgo más bajas, tal como ocurre en un sistema de scoring para los daños a terceros en accidentes de tránsito.
En una nota a pie de página que merecería otro destaque, el nuevo ídolo de Milei escribe que "en este sistema, todo el mundo compraría un seguro de asesinato, al igual que ahora los cirujanos contratan un seguro contra negligencia médica. La compañía aseguradora se compromete a compensar al patrimonio de cualquier persona que su cliente haya asesinado. Ya que la probabilidad de que alguien sin antecedentes sea declarado culpable de asesinato en el plazo de un año es bajísima, su prima también sería baja". Te dejo una captura para que me creas.
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En referencia a la tradicional controversia que atraviesa a Estados Unidos sobre la tenencia libre o el control de armas, Murphy recuerda que "la gente dejaría entrar en su propiedad a Joe Smith porque sabría que si daña a alguien, o bien pagaría directamente los daños o lo haría su compañía de seguros (…). Si Joe Smith fue considerado en el pasado culpable de comportamiento violento, sus primas de seguro serán proporcionalmente más altas", establece con lógica preescolar.
A la hora de señalar qué factores tendrían en cuenta para calcular la prima que debería pagar el susodicho, el autor apunta a "qué tipo de armas tiene este cliente en su casa. Después de todo, si la aseguradora va a acordar pagar, digamos, diez millones de dólares al patrimonio de alguien si Joe Smith mata, estaría muy interesada en saber si Smith tiene escopetas recortadas –no digamos armas atómicas– en su sótano".
Recuerdos del futuro
Cuando uno siente que se le acaban las palabras para calificar el nuevo libro de cabecera del primer mandatario, Murphy trae de regreso al Milei modelo 2023.
"Otro punto a considerar es el papel potenciado de la adopción en una sociedad libre. Por mucho que choque a las sensibilidades modernas, habría un 'mercado de bebés' a pleno funcionamiento, en el que los privilegios de paternidad se venderían al mejor postor. Aunque parezca de mal gusto, un mercado así indudablemente reduciría el abuso de niños. Después de todo, los padres abusivos y negligentes son los que más probablemente ofrezcan a sus niños en adopción, mientras que las parejas enamoradas se permitirán pagar más generosamente por ellos", indica.
El autor no habla de chicos envaselinados, vale aclarar.
En un apartado que seguramente no le gustará al presidente celeste, el libro se refiere al "polémico asunto del aborto". "Igual que otros conflictos en un sistema de derecho privado, se manejaría mediante empresas en competencia estableciendo políticas que mejor se ajusten a los deseos de sus clientes. Aquella gente tan horrorizada por esta práctica podría establecer una comunidad cerrada en la que todos los residentes estén de acuerdo en prohibir el aborto e informar sobre cualquiera que realice uno", explica.
El criminal como cliente
Como dijo Milei en el Latam Economic Forum, "nosotros vemos que el Estado se comporta como un prestador de seguros de últimas instancias. A la vejez, en el caso de la jubilación; a la enfermedad, en el caso de la salud pública; a la estabilidad financiera, en el caso del Banco Central. ¿Pero cuál es el problema? Que al ser un prestador ineficiente y excesivamente grande, cuando lo necesitás, falla". Así, según Murphy, ni siquiera debería gestionar las cárceles.
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Robert P. Murphy, el nuevo ídolo intelectual de Javier Milei.
El autor señala que en su esquema, "se crearían empresas especializadas, ofreciendo alta seguridad similar a la de las cárceles actuales", las que "competirían entre sí por atraer criminales".
"Pensemos", propone. "Ninguna aseguradora respondería por un asesino en serie si solicitara un empleo en la biblioteca local, pero sí se ocuparía de él si acordara vivir en un edificio seguro bajo fuerte vigilancia. La compañía de seguro se aseguraría de que la 'cárcel' que la mantuviera estuviera bien gestionada. Después de todo, si la persona escapara y matara de nuevo, se consideraría responsable a la empresa de seguros, ya que se comprometió a indemnizar cualquier daño que cometan sus clientes".
¿Pero qué pasaría si alguien decidiera no pagar sus seguros? "A ese individuo se lo verá con sospecha y la gente tendrá reticencias para trabajar con él, salvo para transacciones únicas por cifras pequeñas. Probablemente fuera incapaz de obtener un trabajo a tiempo completo, un préstamo bancario o una tarjeta de crédito".
"Quienes no tengan seguro tendrían sus opciones, incluyendo su libertad de movimientos, seriamente restringidas", añade. ¿Habla de los pobres?
Adiós, democracia
Murphy parece menos un loco que un ser grotesco; ¿qué decir sobre quienes lo toman en serio? Uno de ellos sería el también anarcocapitalista Peter Thiel, quien vino a la Argentina a buscar negocios y, al parecer, un laboratorio social para generar un conato de gobierno gestionado con inteligencia artificial.
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Peter Thiel, nuevo vecino de la Ciudad de Buenos Aires.
El propio autor reconoce que "me doy cuenta de que muchos libertarios encuentran ciertos aspectos de mi sistema un poco desconcertantes. Sin garantías incondicionales de derechos abstractos, parece que siempre habría un peligro de que el Estado se colara por la puerta de atrás". Mejor no decirle lo que piensa la gente normal.
Uno se siente ridículo al sacar conclusiones sobre estas casi 70 páginas de disparates.
Para no deprimirse, basta con decir que la utopía anarcocapitalista que deslumbra al Presidente y al Coloso prescindiría de la política y abrogaría la democracia; que generaría servicios –todos los mencionados– para ricos y para pobres –de acuerdo con su capacidad de contratar seguros más caros o más baratos–; que esas aseguradoras no serían parte de un mercado perfecto, sino de uno probablemente oligopolizado, en el que no habría otra instancia de control que "la mano invisible del mercado"; que, sin Estado, no habría ley y, por lo tanto, tampoco derechos, garantías ni Justicia, y que la salud, la educación y las jubilaciones serían mejores para quienes puedan contratar seguros de mayor calidad.
En síntesis: una imbecilidad inconmensurable.
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Javier Milei y Federico Sturzenegger: dos mentes que son dos gotas de agua.
Lo increíble es que Milei se propone, sobre esta base, lanzar su "revolución de los seguros" junto a Sturzenegger. Eso sí, tranquiliza al aclarar que el tránsito hacia su edén anarcocapitalista no será "instantáneo" y que habrá una "transición ordenada" hacia el "nuevo sistema".
Las elecciones de 2027 podrían ser el mojón para acelerar con su sueño.
Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.