¿Y POR LA EMPRESA CÓMO ANDAMOS?

El Círculo Rojo argentino, aplazado: por qué saca malas notas la élite que se ata al modelo Milei

Un informe internacional marca falencias de una burguesía que extrae valor en vez de crearlo alentada por un proyecto dogmático de desregulación sin desarrollo.

La discusión sobre la calidad de las élites de la Argentina (el Círculo Rojo, según la definición amplia de Mauricio Macri), en particular las empresariales, es de larga data. Más allá de lapsos de crecimiento a la postre políticamente muy discutidos, el fracaso macroeconómico del país en el largo plazo, el estancamiento productivo, el aumento de la pobreza, el deterioro general de las condiciones de vida y el carácter elevado y endémico que adquirió la inflación animaron una pregunta que se potencia en la era liderada por Javier Milei: ¿qué pasa con la burguesía nacional?

Han sido comunes por décadas las comparaciones con Brasil, visto desde nuestro país como un caso testigo en el que el empresariado tiene una vocación industrial y, más importante, "un proyecto de país". ¿Acá no es así?

Como reflejó Letra P el último viernes, el tema fue puesto sobre el tapete por el sacerdote jesuita, investigador del Conicet y rector del Instituto Universitario Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) Rodrigo Zarazaga.

"Una cualidad fundamental que tiene que tener una coalición creadora de valor, defensora del desarrollo, es que le entre todo el país en la cabeza. Si la élite económica sólo va a pensar en su presente y en su sector, va a ser extractivista. No hay otra posibilidad. (En cambio), tiene que ser una élite empresarial que vea su propia riqueza en el futuro y en el desarrollo de la Argentina, de toda la Argentina, y que ate su desarrollo al desarrollo del conjunto", señaló.

"El conurbano no entra en Vaca Muerta", añadió.

"La élite empresarial también aparece muchas veces disociada", siguió Zarazaga. "En los foros, lo primero que hace es pedir que le bajen los impuestos. No digo que no haya que bajar los impuestos, pero ¿en serio la propuesta que tenemos para una reforma del país es que empecemos por bajar los impuestos? (…) Le pedimos paciencia al que no desayunó, pero nosotros tenemos apuro en la baja de impuestos", sumó, entre otros conceptos.

Así se expresó ante empresarios en el foro Repensar Argentina: el Desafío del Desarrollo, organizado por la Fundación SMS con el respaldo de la Universidad de St. Gallen, la embajada de Suiza y los grupos Clarín y La Nación.

El propio CIAS no es ajeno al mundo empresarial, lo que le da más relieve a la crítica de Zarazaga. El instituto es patrocinado por importantes compañías, entre ellas Vista, Telecom, Siderca, Arcor, Adecoagro, Accenture, OSDE, Medifé y los bancos Hipotecario, Santander, Galicia y Patagonia.

El Círculo Rojo, bochado

El tema central del foro contó con el respaldo de la prestigiosa universidad suiza de St. Gallen ya que su tema central fue el informe Elite Quality Index (EQx) 2026 de esa casa de estudios y de la Fundación para la Creación de Valor –publicado el 8 de mayo último–, que le dio a la élite argentina una caída de 18 posiciones en un año y 34 puestos en tres.

Cuando el trabajo habla de élites alude a la empresarial, pero no sólo a ella. También alude a los actores políticos que definen los marcos que regulan –o desregulan– los recursos sociales y la creación de riqueza.

En el análisis entran tanto las estructuras empresariales como fenómenos de captura del Estado, captura regulatoria y otros mecanismos mediante los cuales el poder puede convertirse en rentas.

"Las élites son el fundamento del crecimiento o decrecimiento económico. En economía se sabe que los países con más renta per capita son los que tienen la productividad más alta, pero para conseguir eso hay que tener instituciones de alta calidad. Por eso la pregunta es quién crea las instituciones. A las instituciones las orientan las élites en base a los modelos de negocios que ellas tienen. En nuestro análisis, las élites no son personas sino modelos de negocios. Lo que nos interesa es analizar los mismos y saber si crean valor o son rentistas. Todos los modelos de negocio extraen rentas y crean valor, la cuestión es la proporción entre esas dos formas de operar. Estudiando estas variables se puede predecir si un país va a crecer o va a estancarse", le dijo a Clarín el español Tomás Casas-Klett, coautor del estudio junto al italiano Guido Cozzi.

Así, las "élites" adquieren un aspecto relacional que se compadece con la definición de "Círculo Rojo" brindada en su momento por Macri, acaso el mayor éxito de su gestión de gobierno.

La caída en la calificación de las élites nacionales hizo que el país pasara del puesto 70 en 2024 al 86 en 2025 y al 104 en 2026, sobre 151 países. Son 34 posiciones perdidas en tres años, coincidentes con la era de Milei.

Aunque el problema que describe no se limita al actual gobierno, esa coincidencia llama la atención toda vez que el sesgo del trabajo es claramente pro actividad privada. Así, no sorprende que países como Singapur, Estados Unidos, Japón, Suiza, Suecia, Corea del Sur, Países Bajos, Canadá, Alemania, Dinamarca y China ocupen los primeros puestos en términos de calidad de las élites.

Además, entre sus recomendaciones para el caso argentino incluye la reducción del proteccionismo comercial y una facilitación de la "destrucción creativa" schumpeteriana a través de una flexibilización de los procedimientos de quiebra.

Sin embargo, otros consejos se dan de bruces con la vocación de la extrema derecha gobernante. Entre ellos se destacan una reforma impositiva que grave menos el consumo y más el capital y las rentas, la aplicación de un impuesto a las grandes herencias y un reseteo del sistema educativo que lo mejore y lo alinee con las necesidades del mercado de trabajo.

Mucho poder, poco valor

El trabajo utiliza 148 indicadores agrupados en 12 pilares para medir en qué medida las élites de una sociedad crean valor o se dedican a extraerlo. Creadores vs. rentistas –"extractivistas" de acuerdo con Zarazaga–.

Javier Milei, Karina Milei y destacados referentes de la élite empresarial argentina.

Javier Milei, Karina Milei y destacados referentes de la élite empresarial argentina.

Una conclusión importante señala que la élite argentina no recibe un aplazo porque no tenga poder. De hecho, en "poder político" ranquea bastante bien y se ubica en el puesto 39 del escalafón. En tanto, en poder económico está 60. Entonces el drama no está dado por la falta de capacidad para tomar decisiones o para defender sus intereses, sino en su "valor político" (puesto 128) y en su "valor económico" (137).

Mucho poder, poco valor.

Desregulación y "casta": dichos y hechos

La encrucijada es más bien estructural y apunta a qué incentivos entrega el sistema para que a un empresario le convenga crear riqueza nueva en lugar de capturar una renta existente. En este punto es que se hace más impresionante el desplome de los últimos tres años, en los que supuestamente la acción desreguladora del Gobierno apunta a desmontar los privilegios de "casta", fomentar la competencia y destrabar la creación de riqueza.

Fuente: Infobae.

Fuente: Infobae.

Hay datos que vuelven especialmente incómoda esta conclusión.

La Argentina aparece octava en el mundo en capital humano, ocupa el puesto 70 en recursos naturales y el 58 en sofisticación financiera. Es decir, tiene personas capacitadas, recursos y una estructura financiera que, aunque lejos de las economías líderes, dista de explicar por sí sola el rezago. El inconveniente es otro: en formación bruta de capital aparece en el puesto 126 del ranking.

Argentina mantiene el rico complejo agroindustrial de siempre y, ahora, suma Vaca Muerta, la minería y una larga lista de ventajas naturales. Cabe, entonces, la pregunta por el sesgo de la organización económica actual, RIGI mediante, que incentiva de modo fiscalmente desmedido inversiones extractivas y desprecia la generación de valor local al imponer escasas exigencias en términos de integración local de proveedores.

La pregunta, entonces, no es cuánto petróleo, gas, soja, litio o talento tiene el país. Es cuánto de todo eso consigue convertir en nuevas capacidades productivas.

"El sistema político muestra capacidad de coordinación, pero esto no se traduce en creación de valor económico", dijo el trabajo.

El "empate hegemónico" de las élites

Otra cuestión que se debe vincular con la gestión de Milei es la deuda de la estabilización macro. La Argentina aparece en el puesto 130 del ranking en inflación. Más allá de las promesas y de los rigores, el modelo paleolobertario no funciona ni siquiera en su premisa básica de asegurar, vía ajuste, la desaceleración de los precios, por no mencionar otras promesas incumplidas como la recuperación de los ingresos populares y el relanzamiento del crecimiento.

El EQx habla, en el caso nacional, de un "estancamiento hegemónico", planteado como una situación en la que distintos grupos con capacidad de influir terminan encontrando conveniente el mantenimiento del equilibrio existente. Así, unos protegen su mercado, otros su renta, otros sus privilegios y otros sus ventajas políticas. "El cambio", entonces, se convierte en un eslogan de campaña y, a la vez, en una cuenta siempre impaga.

Sumando otra vez un argumento propio al trabajo en el que se basa esta nota, podría señalarse que lo impositivo es crucial.

En la economía nacional rigen gravámenes distorsivos y la presión tributaria puede desalentar inversión y la formalización de los mercados. Sin embargo, como dijo Zarazaga, si toda la propuesta de la élite empresarial se reduce a pedir que le bajen los impuestos, ¿quién piensa la totalidad de la economía?

La pregunta no es "populista". No hay proyecto de país sin mercado interno, ni esto sin consumidores, es decir trabajadores al menos razonablemente remunerados.

En este punto aparece el contacto entre el informe de St. Gallen y la crítica lúcida de Zarazaga: una élite creadora de valor no es necesariamente una que paga impuestos enormes ni una que renuncia a defender sus intereses, sino aquella cuyo interés propio queda atado al crecimiento del país considerado como un todo.

Eso permite entender por qué la comparación con Brasil vuelve una y otra vez. Más allá de cuánto haya de mito en aquella imagen del empresariado brasileño con "proyecto de país", hay una cuestión concreta detrás de ella: la capacidad de determinados sectores de construir intereses empresariales que trasciendan la rentabilidad inmediata de una compañía y se vinculen con la expansión de mercados, infraestructura, industria, tecnología y exportaciones. Ni hablar de China o, incluso, de ejemplos de escala más abordable de Asia.

Vaca Muerta, meca de la Argentina saudita, plantea un debate que resume el futuro del país. La explotación y exportación de hidrocarburos será una extraordinaria fuente de inversiones y divisas, pero también podría limitarse a generar rentas extraordinarias que se repartan entre grandes empresas, sin mayor derrame tributario y de encadenamientos productivos locales. Sin desarrollo.

Aunque el gobierno de Milei no inventó el problema de la cuadratura del Círculo Rojo, pareciera que los dogmas que lo gobiernan resultan insuficientes o bien nocivos para el objetivo de reorganizar la estructura económica en pos de la generación de una élite que opte por la creación de valor en lugar del mero extractivismo.

Con la inversión en mínimos, el Círculo Rojo de IDEA sigue optimista y respaldó el rumbo
Javier Milei promete, pero no dignifica.

Las Más Leídas

También te puede interesar