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Cuba: adiós a la Revolución

La crisis terminal resultante de décadas de ineficiencia del propio sistema económico, del aislamiento impuesto por Estados Unidos, del refuerzo dramático de las sanciones aplicado por Donald Trump desde su regreso al poder en enero del año pasado y de la privación extrema de petróleo tras la instalación de la tutela norteamericana sobre Venezuela llevaron al gobierno de Cuba a lanzar la batería de reformas económicas más trascendente en 67 años de revolución.

La profundidad del paquete, de ajuste del gasto público y cuño liberalizador, es tal que habilita la pregunta sobre qué quedará de comunismo en la isla en el corto plazo.

Reforma por necesidad y urgencia

Las novedades se conocieron el jueves y son presentadas por los más altos funcionarios del régimen bajo la consigna de "hacer lo necesario para conservar lo esencial".

La idea es recrear, mediante la introducción de mecanismos de mercado, lo hecho por países como China y Vietnam, aunque varios elementos contrastan con estas dos experiencias.

Por un lado, que la reforma no es hija de una decisión estratégica en la que el gobierno cubano cuenta con espalda política, sino de una crisis profunda, descripta en la isla como incluso más grave que la del Período Especial de los años 1990, posterior a la caída de la Unión Soviética.

Además, porque Cuba, con sus cerca de 10 millones de habitantes, no cuenta con la enorme base de mano de obra potencial que fueron el fundamento del despliegue productivo de los dos países asiáticos, lo que hace que un nuevo "modelo cubano" deba descansar sobre elementos diferentes a un takeoff industrial.

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Por último, por la presencia cercana y amenazante de la maquinaria política y militar de los Estados Unidos, algo especialmente relevante hoy, cuando Trump –aplaudido por admiradores regionales como Javier Milei– no ahorra amenazas de intervención directa o indirecta y pesa fuerte todavía el precedente del secuestro de Nicolás Maduro y el sometimiento de Venezuela.

Díaz-Canel, "con el corazón en la mano"

El presidente Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz dieron a conocer el jueves en el Palacio de Convenciones de La Habana, con la bendición de un Raúl Castro presente por videoconferencia, un paquete de 176 medidas destinadas a liberalizar la economía sin medias tintas.

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El discurso del jefe de Estado fue, al revés de lo habitual, autocrítico.

"Hay trabas que no vienen de afuera ni del bloqueo. Hay lentitud, burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos postergado. Lo que depende de nosotros tenemos que cambiarlo nosotros y tenemos que cambiarlo ahora", proclamó.

"A la resistencia le debemos la patria, pero hoy la resistencia por sí sola no basta. Este tiempo nos exige transformar, producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir cuentas", sumó, renunciando a toda peculiaridad ideológica.

Lejos de la retórica conocida, ofreció una rama de olivo incluso a los cubanos expatriados y a sus descendientes, aunque la conversión en inversores de estos, sobre todo los radicados en Miami y de enorme peso en la administración trumpista, acaso exija cambios políticos que llevarían a nuevas convulsiones.

"Debemos facilitar modelos de inversión con diferentes modalidades y con todos los actores por parte de cubanos que viven en Cuba. Y al cubano residente en el exterior que quiere invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado, levantar un proyecto en su tierra, vamos a ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que lo vio nacer", invitó.

"Al que quiera construir con Cuba sin pretender imponerle nada, le decimos con el corazón en la mano: 'Aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta porque a esta patria en esta hora no le sobra ningún buen cubano'", añadió Díaz-Canel.

"Lo necesario y lo esencial"

Como se dijo, la consigna de la reforma es "hacer lo necesario para conservar lo esencial". Lo que sigue es lo que se juzga "necesario":

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¿Adiós a la Revolución?

Una crisis mayor que la del Período Especial

Las medidas pueden considerarse necesarias y, a largo plazo, incluso beneficiosas para un sistema que no funciona desde hace demasiado tiempo, si es que alguna vez lo hizo. Con todo, su lanzamiento en modo de shock y las consecuencias que conllevará sobre un sustrato social ya demasiado dañado invitan a la inquietud e dificultan augurar calma política.

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Foto: captura de redes.

De hecho, solamente los apagones masivos provocados por el colapso de la infraestructura eléctrica y la decisión de Trump de impedir a los tiros la llegada de buques petroleros a la isla detonaron decenas de protestas en La Habana y otras ciudades en los últimos meses. En semejante contexto, ni la asistencia regular de alumnos y maestros a las escuelas está garantizado.

Podría afirmarse que la crisis actual es incluso peor que la del Período Especial, cuando el corte abrupto de la ayuda soviética, sumado al sostenimiento del bloqueo estadounidense, provocaron penurias enormes y hasta una reducción perceptible de la talla promedio de la nueva generación.

Con todo, si aquello fue producto de un brutal shock externo, esto es efecto del colapso estructural del modelo.

Si en 1993 el PBI cubano se desplomó 15%, para este año se espera otro tanto. Mientras, la inflación interanual saltó en mayo al 15,89%, para peor en alza mes a mes.

No sorprende que la habitual tendencia al éxodo poblacional se haya acentuado, con medio millón de salidas en los últimos dos años.

La escasez es cosa de todos los días y la "libreta de abastecimiento" que en los 90 aún funcionaba, en la actualidad está prácticamente desmantelada.

Además, la apertura gradual que fue efecto de aquella crisis y de las reformas adoptadas por Raúl Castro desde 2007 generaron una sociedad más desigual que ha dejado en buena medida desamparados a los sectores que no tienen acceso a remesas en moneda dura enviadas por familiares exiliados.

Se estima que más de un tercio de la población padece inseguridad alimentaria.

Un drama humanitario planificado

Trump se aseguró en el último año y medio de que todo sea especialmente trágico.

El bloqueo naval que asegura la prohibición de las importaciones de petróleo –habilitadas a cuentagotas– se complementa con sanciones a los países que intenten sortear esa política.

A eso se sumaron restricciones bancarias de alcance internacional y otras, que redujeron la llegada de remesas desde el exterior casi un 50% respecto de los niveles previos a la pandemia, algo posible por la inclusión de Cuba en el listado de países patrocinadores del terrorismo.

"Estamos siendo empujados hacia una crisis humanitaria", denunció el fin de semana la vicecanciller Josefina Vidal.

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal Cubana, monseñor Arturo González Amador, señaló en una entrevista con la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada que este "es el momento más triste de Cuba" y que "todo es una lucha por la supervivencia".

"Hay personas que llegan diciendo que llevan días sin comer y que no saben a quién van a acudir. Los alimentos no se pueden conservar por falta de electricidad y últimamente han habido desmayos frecuentes durante las celebraciones porque mucha gente no ha comido", contó.

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Celebración de una misa en una iglesia destruida en Cuba. (Fuente: Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada).

"Conozco más de un caso en el que una persona tuvo que recurrir a familiares o amigos en el extranjero para obtener los recursos necesarios para someterse a una cirugía, incluido el hilo de sutura", señaló el obispo.

"El miedo a la guerra es tremendo y forma parte de la preocupación diaria de mucha gente", abundó.

El drama es fruto de una historia propia y de una política estadounidense inhumana y cuidadosamente planificada.

Sorprendentemente, la reacción regional –incluso allí donde gobiernan las izquierdas– ha sido tan tenue en el caso de Venezuela como lo es hoy en el de Cuba.

¿No injerencia? ¿Qué es eso? Así las cosas, ni siquiera los problemas domésticos e internacionales de Trump, así como su perspectiva complicada para las midterms de noviembre, parecen suponer un freno suficiente.

¿La próxima ficha del dominó?

Mientras Trump trata de zafarse de la trampa iraní en la que se metió solo –o, mejor dicho, por obra de la lengua insidiosa de Benjamín Netanyahu–, el foco vuelve al "patio trasero".

El objetivo de retirar a Estados Unidos de los grandes conflictos globales para juntar fuerzas en un hemisferio "propio" despojado de toda influencia de China surge claramente de la Estrategia de Seguridad Nacional y de la llamada "doctrina Donroe". Caída la Venezuela chavista –habría que pensar qué nomenclatura adjudicarle al protectorado que administra Delcy Rodríguez–, Cuba parece la próxima ficha del dominó.

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Imagen generada con inteligencia artificial.

Consultado al respecto por Axios, Trump explicó que "es una línea flexible, pero Marco (Rubio) está muy involucrado en eso. Los padres de Marco eran de Cuba. Derrotar a Venezuela fue increíble, pero la diferencia es que Venezuela tiene petróleo y Cuba no. Cuba tiene propiedades bonitas y una costa bonita". Dos conclusiones: una, el incentivo a invadir es menor desde lo económico; dos, al parecer, la creencia en Washington es que el régimen comunista se vendrá abajo solo.

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De hecho, el secretario de Estado parece más bien un "canciller para América Latina" o, más precisamente, para su obsesión personal con Cuba.

Rubio no es parte de la comitiva que negocia en estos días con Irán en Suiza, que está encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, a quien acompañan, entre otros, Jared Kushner –asesor, yerno de Trump y negociador multipropósito– y Steve Witkoff –enviado especial de la Casa Blanca–.

Mientras, la visión de una América para los americanos de Estados Unidos avanza velozmente ya sea por el voto, por los proyectos de manipulación o directamente por la fuerza.

¿Qué será de ti, Cuba?

Si las medidas detalladas más arriba constituyen "lo necesario" según el régimen cubano, cabe preguntarse qué es "lo esencial" que se busca conservar. En principio, no el socialismo tal como la isla lo ha conocido desde 1959, evidentemente. Sí el sistema de partido único para poner en marcha un proceso económico "a la china".

La pregunta cae de madura: ¿seguiría siendo viable el unicato del Partido Comunista en un contexto tal de apertura económica y de esperable aumento de las desigualdades sociales, el desempleo y las estrecheces propias del despliegue inicial del libre mercado?

Todo a 150 kilómetros de unos Estados Unidos donde todavía mandan Trump y su corte repleta de halcones cubano-norteamericanos, sus lobbies y su gusto por la acción directa.

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¿Good bye, Fidel?

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

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