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LA GRIETA MUNDIAL

León XIV y Francisco: el Vaticano entre la neutralidad y la denuncia en la guerra de Gaza

La Santa Sede sostiene la idea de dos Estados y advierte sobre violaciones humanitarias. Matices pontificios. Tensión entre diplomacia, moral y riesgo político.

La audiencia de León XIV con el presidente de Israel, Isaac Herzog, expuso algo más que un gesto diplomático. En plena ofensiva sobre Gaza, el Vaticano ratificó la solución de los dos Estados para Palestina. Como antes el papa Francisco, su sucesor reclama un cese del fuego permanente y respeto al derecho humanitario, mientras navega entre neutralidad y denuncia.

La neutralidad vaticana no es silencio, sino una herramienta histórica que le permite a la Santa Sede ser interlocutora en conflictos en los que otros actores se paralizan.

Durante la Guerra Fría y en los múltiples escenarios de Medio Oriente, este rol se construyó sobre la premisa de no alinearse con ninguna de las partes.

Jorge Bergoglio, la denuncia como marca

La continuidad con León XIV refuerza esta línea, pero la coloca a prueba en un contexto en el que la violencia se dirige incluso contra símbolos cristianos.

La impronta de Jorge Bergoglio alteró esta tradición al subir el volumen de la denuncia moral. Calificó de “inmorales” los ataques israelíes, llegó a hablar de un posible “genocidio” y reclamó investigaciones internacionales.

papa francisco Netanyahu

El papa Francisco con Benjamín Netanyahu

Fuentes vaticanas consultadas por Letra P consideraron que su origen latinoamericano, marcado por la memoria de pueblos desplazados y dictaduras, lo llevó a un registro más frontal que el habitual en Roma.

León XIV, la continuidad con matices

El sucesor peruano-estadounidense mantiene la apuesta por los dos Estados y la condena a los crímenes de guerra, pero evita los términos más disruptivos que usó el argentino.

En su audiencia con Herzog habló del “castigo colectivo” y del desplazamiento forzado de la población palestina, lo que supone un endurecimiento en los márgenes de la neutralidad. Es, en definitiva, un equilibrio entre tradición diplomática y presión moral.

La herida de Gaza

El ataque a la parroquia católica de Gaza, dirigida por el sacerdote argentino Gabriel Romanelli, dejó muertos y heridos entre más de 400 refugiados.

El hecho, calificado por el premier israelí Benjamín Netanyahu como “un trágico incidente”, tensó al máximo la relación entre el Vaticano e Israel.

Para Roma, el golpe no fue sólo contra una comunidad religiosa perseguida, sino contra un espacio en el que el cristianismo busca sobrevivir en la Franja.

Este viernes, el secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, reiteró la preocupación por la situación en Gaza, al advertir que "es muy grave, porque la parroquia alberga a muchas personas con discapacidad que no pueden ser trasladadas a otro lugar".

"Esperamos que se respete a quienes han decidido quedarse y a quienes no tienen alternativas, atendiendo el llamado a protegerlos", expresó en diálogo con la prensa y reiteró el pedido de diálogo para encontrar "soluciones" al conflicto en el enclave.

Cáritas y el silencio internacional

El drama humanitario suma capas de tensión. Caritas Internationalis denunció que la hambruna en Gaza es producto de decisiones políticas y acusó a la ONU y a otros organismos de complicidad por omisión.

caritas gaza

Caritas Internationalis atiende la crisis humanitaria en Gaza

“Matar de hambre a una población es profanar la vida. Guardar silencio es ser cómplice”, afirmó en un comunicado que cuestionó con dureza a la comunidad internacional.

Más de 270 personas, entre ellas un centenar de infantes, ya murieron por inanición.

El riesgo político de Roma

La Santa Sede navega en una cornisa: si calla, pierde autoridad moral; si denuncia, arriesga su lugar como mediadora. La eventual visita papal a Israel podría convertirse en una oportunidad para recomponer la relación bilateral, pero también en un gesto leído en clave de alineamiento en medio de la guerra.

Entre la continuidad y los matices, entre la neutralidad y la denuncia, el Vaticano sostiene su apuesta por la solución de los dos Estados.

En un mundo atravesado por la fragmentación y la parálisis diplomática, la pregunta se abre sobre la capacidad real de Roma de influir en un conflicto que parece no tener salida.

El dilema, como siempre en la historia vaticana, es cómo convertir la autoridad moral en un hecho político efectivo.

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