ver más
EL LEGADO

Jorge Bergoglio y la Iglesia huérfana: qué dejó el papa Francisco

Trece años después de su elección y a poco del memorial de su muerte, el pontificado va a examen. Misericordia, periferia y cultura del encuentro, la herencia.

A 13 años de su elección, Jorge Bergoglio volvió a ordenar preguntas sobre el sentido del papa Francisco en la Iglesia. En Argentina y en el Vaticano, la cercanía del primer aniversario de su muerte reabrió una escena de orfandad, disputa y examen sobre una herencia que desbordó el catolicismo.

La palabra que empezó a imponerse fue esa: orfandad. No sólo como sentimiento devocional, sino también como diagnóstico institucional. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lo expresó sin rodeos al afirmar que el legado de Francisco dejó a muchos “un poco huérfanos” y trasladó el duelo al terreno de los desafíos pendientes.

La Iglesia que quedó después de Bergoglio no aparece clausurada por la nostalgia. Más bien enfrenta una disyuntiva: administrar el recuerdo o traducir su legado en una agenda concreta. En ese marco surgió la advertencia sobre las “viudas de Bergoglio”, una expresión que circuló en ámbitos eclesiales para cuestionar una memoria inmóvil.

Herencia pastoral que incomodó a la política

La fórmula no buscó minimizar el duelo, sino evitar que la figura de Francisco quedara reducida a un símbolo identitario o a una referencia sentimental. El riesgo, señalan en ámbitos de la Iglesia, sería convertir su nombre en una pieza de museo, cuando su pontificado se caracterizó por cuestionar las estructuras inmóviles.

Ese legado se expresó primero en el estilo. Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), remarcó que los gestos de Francisco modificaron la gramática eclesial. La periferia dejó de ser sólo una categoría social y pasó a funcionar como criterio pastoral, de gobierno y de lectura del sufrimiento.

Colombo Mendoza Papa.jpg

Marcelo Colombo es el flamante presidente de la Iglesia bergogliana

La idea de una “Iglesia en salida” sintetizó ese desplazamiento. Más que un lema pastoral, implicó una toma de posición frente a una estructura eclesial percibida como autorreferencial. Bergoglio solía decir que prefería una Iglesia “accidentada” por salir a la calle antes que una encerrada en su comodidad.

En Argentina, esa apuesta produjo un efecto paradójico. El papa más universal que dio el país quedó, en muchos casos, atrapado en discusiones domésticas. García Cuerva lo resumió con una frase de fuerte: “Los argentinos quisimos meter al papa en nuestras discusiones: no lo dejamos a Bergoglio ser Francisco”.

Argentina, la grieta y un papa que no volvió

Durante su pontificado, distintos sectores midieron a Francisco por gestos puntuales: una audiencia, una foto o una señal pública desde Roma. También una parte de la dirigencia local quiso reducirlos a la lógica binaria de la grieta. Esa mirada contrastó con el alcance global de su intervención, que abordó conflictos armados, migraciones, crisis climática, desigualdad y diálogo interreligioso.

La ausencia de un viaje a la Argentina reforzó esa lectura. En el debate local, el no regreso fue interpretado de distintas maneras: como gesto político, distancia o cálculo. Sin embargo, el mapa de sus viajes mostró otra lógica: la prioridad por las periferias geográficas y humanas. Francisco eligió destinos en los que la presencia papal podía tener mayor impacto pastoral.

Ese criterio también explicó por qué su figura incomodó a distintos sectores de la política global, entre ellos al presidente Javier Milei, que denostó su prédica social hasta el insulto. Su defensa de pobres y migrantes, sus críticas a la “cultura del descarte”, su cuestionamiento a un sistema económico que “mata”, en sus propias palabras, y su insistencia en la paz generaron resistencias en ámbitos políticos, económicos y religiosos.

Milei audiencia

Javier Milei con el papa Francisco

Sin embargo, uno de los rasgos más persistentes de su pontificado no estuvo sólo en la agenda, sino en el método. La sinodalidad, la escucha y la exposición abierta de los conflictos, junto con la centralidad de la misericordia y la cultura del encuentro, introdujeron cambios en la forma de ejercer la autoridad eclesial.

La comunidad católica y una ausencia que exige acción

En ese marco se inscriben iniciativas como la conmemoración impulsada por Casa Común -una asociación plural para promover su papado- junto con organismos de ecumenismo y diálogo interreligioso. Más que un homenaje, la convocatoria a releer la encíclica Fratelli tutti y la idea de “cultura del encuentro” buscaron actualizar las claves del pontificado.

La comunidad católica heredó de Bergoglio una sensibilidad pastoral antes que un programa cerrado. Entre esas claves aparecen la inclusión, la cercanía con el sufrimiento social y una autoridad basada en la proximidad con las personas. La expresión “todos, todos, todos”, repetida por Francisco en distintos momentos, sintetizó esa perspectiva.

También persistieron las resistencias. En el Vaticano y fuera de él, su pontificado enfrentó críticas de sectores que interpretaron algunas aperturas como riesgos doctrinales. Las discusiones sobre el proceso sinodal, la bendición a parejas en situaciones irregulares, la reforma de la curia o la gestión de los abusos clericales generaron tensiones internas.

Francisco1.jpg

El papa rodeado de cardenales en el Vaticano

Aun así, en muchos casos el pontificado dejó planteados debates que la Iglesia continúa procesando. Francisco optó por exponer conflictos antes que ocultarlos y por reconocer las crisis institucionales antes que negarlas.

A un año de su muerte, la noción de orfandad no remite sólo al impacto por la ausencia de una figura de peso global. También señala el desafío que queda abierto para la Iglesia: decidir si el legado de Bergoglio será recordado como un capítulo singular o como un proceso que continúe en el tiempo.

También te puede interesar
Temas

Las Más Leídas

Más Sobre Religiones