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CÍRCULO ROJO

Santa Fe: quién es Carlos Gonella, el empresario lácteo que crece entre vacas flacas y va por las góndolas

El dueño de La Ramada compró a la cordobesa La Lácteo en plena crisis del sector. De los tambos al consumo masivo, el recorrido de un jugador en ascenso.

Carlos Gonella acaba de dar un nuevo salto en el negocio lechero. El empresario de Santa Fe que está detrás de La Ramada se quedó con el 100% de la histórica marca La Lácteo, una transacción con la que acelera su desembarco en el consumo masivo y suma otro casillero en un holding que ya juega en toda la cancha.

El movimiento se veía venir: en 2025 había adquirido la fábrica que la compañía cordobesa tenía en Villa del Rosario, donde la empresa de la bota ya produce quesos y dulce de leche.

El avance contrasta con un año de números rojos para el sector en la provincia: tan solo en 2025 desaparecieron más de 230 tambos y el endeudamiento alcanzó niveles históricos. Al mismo tiempo, la crisis llevó a SanCor, un gigante del rubro, a pedir su propia quiebra.

En ese escenario convulso, Gonella quedó del lado de los ganadores y, aprovechando las vacas flacas de la competencia, sigue ampliando escala con el ojo puesto en llegar a la disputa por la mesa de los argentinos.

De la metalúrgica familiar a los megatambos

El origen del empresario está en la localidad de Esperanza, la primera colonia agrícola del país y cabecera del departamento Las Colonias, en el centro-oeste de la bota.

Nacido en 1969, Gonella se incorporó desde joven a Lito Gonella e Hijo, la metalúrgica familiar que aún hoy fabrica calderas, tanques y equipamiento industrial y tiene entre sus destinos al negocio petrolero de Vaca Muerta.

Apasionado por el rugby —lo conoció mientras estudiaba Ingeniería en Rosario y todavía hoy sigue ligado a través del club esperancino Alma Juniors—, a Gonella le tocó meterse temprano y de golpe en el scrum de los negocios. El año clave fue 1997, cuando, con apenas 27 años, tuvo que asumir la responsabilidad mayor en la empresa después de que su padre sufriera un grave problema de salud.

Para entonces ya había pasado por distintas áreas de la compañía y el apellido acumulaba tres generaciones dentro del entramado fabril de Esperanza. Hoy esa pata del grupo supera los 300 trabajadores y concentra en la ciudad dos plantas de producción.

El crecimiento le valió en 2025 el reconocimiento que entrega la Asociación de Dirigentes de Empresa de Santa Fe. Al recibirlo, Gonella puso la mirada hacia adentro de la familia: señaló como uno de sus próximos desafíos preparar a la cuarta generación para tomar la posta, siguiendo un deber ser ya convertido en yeite del empresariado de la pampa gringa.

La parte láctea, hoy en pleno apogeo, tiene incluso más recorrido. La Ramada nació a partir de un pequeño rodeo y fue creciendo hasta convertirse en uno de los casos tempranos de producción intensiva a gran escala en la provincia.

Actualmente trabaja más de 5.000 hectáreas y su producción primaria propia ronda los 150.000 litros diarios. Sin embargo, hace tiempo que el negocio dejó de terminar en el tambo.

La apuesta de La Ramada por industrializar la leche

Uno de los hitos del crecimiento actual fue a mediados de los 2000, cuando los Gonella se aliaron con el grupo peruano Gloria para levantar Corlasa en su ciudad natal. El establecimiento demandó una inversión cercana a los 20 millones de dólares y fue pensado para procesar hasta 850.000 litros diarios.

La sociedad terminó algunos años después, en 2010, pero dejó en la familia buena parte del know how del negocio. Con esa experiencia a cuestas, dos años más tarde comenzaron a desarrollar su propia estructura industrial, que en 2013 puso en marcha la fábrica de leche en polvo. A esa base le sumaron después una planta de alimento balanceado.

La lógica, según explicó el propio empresario en distintas notas con medios del sector, fue sumar piezas, cual Lego, hasta construir la estructura que hoy sostiene al grupo: producir alimento, ordeñar, industrializar la leche, fabricar insumos para otros tambos y colocar productos terminados.

Para 2024, el propio Gonella ubicaba a la firma entre las 15 mayores lácteas del país. En paralelo, el conjunto de empresas de la familia reunía ya unos 550 trabajadores.

El siguiente movimiento llegó con un plan de inversiones por 12 millones de dólares. Allí quedaron englobadas la adquisición de la fábrica de Villa del Rosario y una nueva línea para producir leche larga vida y crema envasada en Franck, Santa Fe.

La planta de Villa del Rosario comprada por La Ramada, la láctea de Santa Fe que acelera su desembarco en el consumo masivo.

Así, hoy el complejo santafesino tiene capacidad para procesar 500 mil litros diarios de leche en polvo y prevé sumar a fines de octubre una línea Ultra High Temperature (UHT) para otros 250 mil litros por día.

Con la leche larga vida y otras adiciones, La Ramada empezó a sumar productos pensados directamente para el consumidor. El salto para meterse de lleno en ese mercado terminó de tomar forma con la compra de la histórica marca cordobesa.

El salto hacia la góndola

La puerta de entrada fue, justamente, Villa del Rosario. A comienzos de 2025 la empresa esperancina selló una alianza comercial con su par cordobesa y luego compró la fábrica y su equipamiento. El acuerdo le otorgó además una licencia por diez años para utilizar La Lácteo en quesos y dulce de leche.

Las negociaciones para quedarse definitivamente con el nombre comenzaron en julio y, con la compra concretada en agosto, La Ramada pasó de licenciataria a propietaria de la marca, una histórica del negocio con décadas de presencia, particularmente en Córdoba.

La letra chica marca, sin embargo, un límite nada menor: deja del otro lado los dramas societarios de la compañía. La Ramada compró el nombre comercial, no la sociedad anónima, que permanece en concurso de acreedores desde 2018 y sigue su curso por separado.

Con la fábrica cordobesa en proceso de ampliación y la nueva línea de larga vida en marcha, Gonella termina de sumar las piezas que le faltaban para dejar de mirar los grandes shares del mercado desde lejos. El nuevo activo le aporta algo que no tenía: un nombre reconocido por el consumidor para fortalecer su posición en la pelea por las góndolas.

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