Quién es quién entre los empresarios chinos que pisan fuerte en Rosario
Uno de los actores centrales de la nueva ola de inversiones es el Grupo Chen, encabezado por Shengfu Chen. Con más de 25 años de actividad en la ciudad y un pasado ligado a Las Tinajas, el conglomerado fue creciendo de manera sostenida hasta dar el salto con Micropack, la histórica cadena rosarina de supermercados y mayoristas que desarmó su estructura de retail recientemente.
El acuerdo le permitió alquilar las dos grandes superficies de Avellaneda 441 y Arijón 565, donde instaló Todo Chen, su marca insignia, con un formato que combina supermercado, bazar y productos importados.
A esa estructura se suman Todoplas y La Gran Vasija, dos grandes polirrubros que forman parte de un holding hermético, pero, contradictoriamente, cada vez más visible en el mundo de los negocios rosarinos.
Otro de los jugadores con mayor peso es Youying “Julio” Ni, empresario con más de dos décadas en el país y base operativa en Buenos Aires. Su recorrido tiene una particularidad: desde 2018 construyó su negocio haciendo un camino inverso al habitual, con la exportación de cueros y madera argentinos hacia China. La actividad, aún hoy, funciona como el caballito de batalla del Grupo Ni.
Con esa base, diversificó su estructura hacia la importación y el comercio minorista. En Rosario, esa segunda etapa tomó forma con Mall China, que primero ocupó 1.300 metros cuadrados en el subsuelo de La Favorita y, tras el traumático cierre de la tienda, luego mudó sus fichas al microcentro, con dos locales.
También en la zona pisa fuerte DD2. La cadena de grandes bazares desembarcó sobre la peatonal Córdoba, el corredor comercial por antonomasia de Rosario, y ostenta hoy uno de sus locales más reconocibles. Detrás están Qingping Zhuang y Wenjing Yan, empresarios con negocios en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.
De todos modos, el universo de comercios y firmas es mucho más amplio. En el microcentro, la renovación de vidrieras muestra una avasallante presencia de polirrubros de capitales chinos, que ganan espacio frente a los comercios tradicionales.
Otros jugadores que mueven fichas
Fuera de los nombres con locales y marcas ya consolidadas, el mapa también tiene otros actores que pesan por razones distintas: grupos de bajo perfil, empresas que preparan su desembarco y referentes institucionales con llegada al entramado de negocios.
Entre ellos, está un conglomerado empresario que —según voces cercanas a la operación— controlaría parte de Caromar, un mayorista con décadas de trayectoria en la distribución de productos de limpieza, perfumería, cosmética y consumo masivo. Detrás de esa movida -que al cierre de esta nota no fue confirmada oficialmente- estaría un grupo chino de peso en el sector que también juega fuerte en el Chinatown rosarino.
Otro nombre para seguir es Miniso. La cadena fundada en Guangzhou en 2013 todavía no tiene una boca en Rosario, pero sondea la plaza como parte de su expansión nacional y juega con otra espalda: su operador, MINI HUB, anunció una inversión de US$50 millones. El plan comenzó por Buenos Aires y tiene entre sus próximos objetivos a las principales ciudades del interior.
El fenómeno también se derrama sobre el área metropolitana. En Funes, Mango&Coco S.A. prepara Full Market, un supermercado de gran escala sobre la ex ruta 9. El mismo grupo, además, evalúa una apuesta más disruptiva: la posible instalación de un parque de diversiones en uno de los accesos desde la autopista Rosario-Córdoba, según publicó InfoFunes.
Uno de los renders oficiales de Full Market, el supermercado de capitales chinos que se proyecta en Funes, dentro del área metropolitana de Rosario.
Aunque las propuestas de retail en cadena ganan cada vez más peso, el desembarco oriental tiene un kilómetro cero: los tradicionales, y todavía vigentes, supermercados chinos de barrio.
Durante décadas fueron la cara más reconocible de los negocios de la colectividad en Argentina y, en Rosario, se instalaron mucho antes que otras propuestas. En el rubro, predominan los emprendimientos familiares, conectados por relaciones de parentesco y abastecimiento.
Su despliegue territorial, además, sigue una lógica casi opuesta a la de los bazares: mientras estos concentraron buena parte de su actividad en el centro, los autoservicios se arraigaron sobre todo en la periferia, como comercios de cercanía.
La trama de contactos detrás de la expansión
En un universo cada vez más amplio, la Cámara Argentina China de Rosario funciona como punto de encuentro para una parte del empresariado oriental. En 2020, la propia entidad calculaba que había unos 350 negocios de la colectividad en Rosario. Aun con ese volumen, por entonces buena parte de los análisis hablaba de retirada y éxodo. Hoy, fuentes cercanas al sector estiman que podrían ser casi el doble.
La estructura, de todos modos, rebalsa. La red de nexos excede largamente a la Cámara y buena parte de los contactos corre por WeChat, la plataforma china que concentra mensajería, redes sociales, pagos y otros servicios en una misma aplicación. Para una colectividad que conserva vínculos permanentes con su país de origen, funciona como una vía cotidiana para mover información entre continentes pero también entre compatriotas en suelo argentino.
Por allí, según fuentes del sector, circulan oportunidades, contactos y negocios. La lógica que impera, explican, es radicalmente directa: relaciones “uno a uno” que ayudan a entender cómo una oportunidad puede pasar rápidamente de un empresario a otro.
Ese entramado de vínculos cerrados también vuelve más difícil reconstruir desde afuera quién es quién. Letra P intentó comunicarse con la Cámara Argentina China y algunos de los actores mencionados, pero hasta la fecha de publicación del artículo no obtuvo respuesta.
“Cada vez que pasé un contacto, no lo atendieron. Son de perfil bajo, no les gusta estar bajo los reflectores”, explicó a este medio una voz íntimamente ligada al negocio.
Los puentes locales del negocio sino-argentino
Aún pese a las reservas, entre los capitales orientales y las oportunidades locales también existe una capa de intermediarios. Luciano Di Santo es uno de los casos más visibles: tras el desarme de la cadena Micropack, convirtió su vínculo con distintos grupos asiáticos en una pata de negocios orientada a conectar inversores con inmuebles y proyectos.
No es el único. En otras operaciones intervienen inmobiliarias y jugadores locales que funcionan como puerta de entrada al mercado. Tampoco es raro que las oportunidades pensadas para ese público circulen directamente en chino mandarin, la lengua oficial de la República Popular.
Incluso el mercado automotor quedó atravesado por el fenómeno. Neostar se convirtió en socio local de BYD y abrió en Rosario una concesionaria oficial de la automotriz china. No es el único puente: Reutemann y Seprio comercializan BAIC y Pesado Castro opera con JAC, otras marcas del gigante asiático que buscan ganar terreno en Argentina.