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ZONA DESFAVORABLE

Patagonia: el viejo truco de votar, una receta que funciona

Bariloche, Allen y Gaiman apelan a la voluntad popular para resolver conflictos y situaciones inesperadas. Votaciones fuera de programa antes del año electoral.

La Patagonia será escenario en las próximas semanas, antes de fin de año y en la previa del gran festival de 2027, de tres elecciones que por distintas razones sacudirán a comunidades del sur. Bariloche y Allen, en Río Negro, y Gaiman en Chubut, se preparan para ir a las urnas antes de que termine 2026.

El contexto lo comanda la apatía general. Son tiempos egoístas y mezquinos, con una democracia de baja intensidad y esa sensación de que ya no se puede creer en nada. Pero cuando las papas queman, ahí está el antiguo truco del voto popular, vivito y coleando, para resolver lo que no pueden ni el Poder Judicial ni los propios dirigentes políticos.

Como en los viejos tiempos, la participación ciudadana ofrece una contracara de las redes sociales que fabrican verdades a pedido, de la inteligencia artificial que dibuja realidades y de la desconfianza que a veces parece la militancia predilecta de buena parte de la dirigencia.

Parece, a veces, que lo viejo funciona. Aunque la pregunta es más profunda. El voto también es, apenas, lo que hay. El filósofo italiano Francisco “Bifo” Berardi dice que en realidad se volvió el gran simulacro de una democracia muerta. Y que la manifestación en las urnas es impotente para cambiar realidades. ¿Será?

Patagonia a las urnas

Mientras tanto, Bariloche, Allen y Gaiman son tres rincones de la Patagonia donde se prepara una escena conocida. Padrón, boleta, urna y cuarto oscuro. La vieja receta para resolver lo que ni las instituciones de la propia democracia consiguen acomodar. A veces, en los pagos chicos esa representación funciona mejor que en las grandes ligas donde entran a jugar otras herramientas, operaciones y poderes.

Lejos de aquella pretensión de que “el pueblo nunca se equivoca”, la democracia busca su rumbo en un contexto inédito de fake news potentes y consultoras omnipresentes.

A contramano del sueño del dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, que se jactó antes del regreso de la democracia de que “las urnas están bien guardadas”, las experiencias sureñas serán un aperitivo de la gran disputa electoral de 2027.

1983: el año en que las urnas dejaron de "estar bien guardadas", como dijo Galtieri.

Son procesos institucionales diferentes, pero unidos por un mismo hilo. En Allen, la ciudadanía se encamina a decidir si un intendente debe continuar en el cargo. En Gaiman, tendrá que elegir quién completa un mandato interrumpido por la muerte de su titular. En Bariloche, votará a los representantes encargados de revisar las reglas de juego de la ciudad.

Tres problemas distintos, con una misma salida. La política, etiquetada y golpeada, buscando una manera de volver a las fuentes.

Allen, en Río Negro: confirmar o cambiar

Allen ofrece el caso más áspero. El intendente Marcelo Román, el único libertario que llegó a un gobierno municipal de Río Negro, quedó atrapado en una crisis institucional que acumuló denuncias, enfrentamientos con el Concejo Deliberante, intervenciones judiciales y una disputa por el ejercicio del poder que no encuentra descanso.

Marcelo Román, intendente de Allen (Río Negro).

Como contó Ayelén Bonino en Letra P, después de una suspensión y la decisión judicial de devolverlo a su cargo, un grupo de vecinos y vecinas impulsó un procedimiento de revocatoria de mandato. La iniciativa reunió las adhesiones exigidas por la Carta Orgánica: más de 4.579 firmas, equivalentes al 20% del padrón electoral de 2023. El paso siguiente será completar el procedimiento institucional y convocar a un referéndum, todavía sin fecha definida.

La novedad no es que un jefe comunal pueda perder el cargo antes de terminar su mandato, sino que frente a una pelea política y judicial que amenaza con convertirse en un cuento de nunca acabar, aparece una herramienta democrática que devuelve el protagonismo a quienes votaron en primer lugar.

Los vecinos que eligieron a Román tendrán la posibilidad de decidir si quieren que siga gobernando o prefieren cambiar de intendente a mitad de camino. No lo resolverá una encuesta de redes sociales ni una colección de comunicados cruzados. Tampoco la interpretación de los dirigentes con palenque donde rascarse.

El proceso tiene su costado incómodo para la política: la evidencia de que la legitimidad de origen no alcanza para sostener la del ejercicio del poder. Roto ese vínculo, la democracia encuentra en este caso mecanismos para procesar la crisis sin patear el tablero.

El viejo truco del voto. Definirá el electorado, con las garantías y las mayorías que establecen las normas.

En Gaiman, Chubut: las instituciones que siguen

En Gaiman, el problema tiene otro origen. La muerte del intendente Darío James dejó a la localidad del Valle Inferior del Río Chubut ante la necesidad de completar el período de gobierno que debía extenderse hasta 2027.

La Carta Orgánica municipal ofrece una solución. Raúl Ferrero asumió transitoriamente la conducción del Ejecutivo y convocó a elecciones extraordinarias para el 13 de diciembre. Ese día, los vecinos deberán elegir a quien ocupe la intendencia hasta la finalización del mandato.

Raúl Ferrero llegó al Concejo Deliberante de Gaiman en 2023, en la lista de Darío James. FOTO: elvalleonline.com.ar

No hay disputa por una expulsión ni un conflicto de poderes que requiera una salida excepcional, sino una circunstancia dolorosa y una comunidad que necesita garantizar la continuidad de sus instituciones.

La elección a la vista dispara el juego conocido de la democracia: discusión de candidaturas, fuerzas que se miden, negociaciones de alianzas y rosca. El radical Ferrero, incluso, busca convertir su interinato en un mandato respaldado por las urnas. No será un pacto entre dirigentes, sino una decisión de los habitantes de Gaiman.

La situación activa también un conflicto en el peronismo, que de modo oficial resolvió apartarse de la puja electoral para evitar una derrota. Pero el presidente del PJ local, Carlos Huentelaf, quiere dar pelea y advierte que se presentará a la compulsa con otro sello.

Como sea, lo que mueve el avispero de la democracia es otra vez la participación popular. El viejo truco del voto funciona como dinamizador del debate de la comunidad para definir su futuro.

Bariloche afina sus reglas del juego

Bariloche plantea una tercera variante. El próximo 1 de noviembre, la ciudad rionegrina elegirá a 15 convencionales constituyentes que tendrán la responsabilidad de revisar su Carta Orgánica Municipal, la norma fundamental que organiza el funcionamiento institucional de la ciudad.

Se pone en marcha una discusión sobre las reglas de funcionamiento del municipio: la distribución del poder, los mecanismos de participación y control, los derechos y las obligaciones que deberán orientar la vida comunitaria.

El proceso ya alimenta especulaciones partidarias, alianzas y posicionamientos que miran de reojo la disputa provincial de 2027. Ninguna sorpresa. La política aprovecha las urnas disponibles para contar porotos y calcular perspectivas sobre el futuro.

Detrás de esa carrera de nombres, una comunidad elige el marco institucional que regirá su vida durante los próximos años. Los barilochenses votarán representantes y abrirán una instancia para discutir cómo organizarse, qué ciudad pretenden construir y bajo qué reglas.

La puja por definir una Carta Orgánica no tiene el atractivo de una pelea entre candidatos o un video viral. Pero por aquello de que a veces lo viejo funciona, y por medio del antiguo truco del voto, la democracia no se agota en elegir quién conduce. También permite establecer cómo se ejerce el poder, cuáles son sus límites y qué herramientas de control existen.

¿Lo viejo funciona?

En Allen, el voto aparece como la posibilidad de resolver una crisis de representación. En Gaiman, como garantía de continuidad institucional. En Bariloche, como punto de partida para revisar y actualizar reglas de convivencia.

En tiempos en que siempre parece necesaria alguna nueva aplicación, o una respuesta instantánea, o una tecnología capaz de reemplazar la voluntad humana, la Patagonia ofrece esa paradoja: para resolver cuestiones de complejidad institucional, las comunidades vuelven a un mecanismo que lleva generaciones funcionando. Cada persona con su voto y cada voto con el mismo valor.

Los tres procesos ocurren en un momento ingrato para la representación política. El descrédito de las instituciones, la circulación de noticias falsas y la capacidad de la inteligencia artificial para fabricar imágenes, voces y acontecimientos inexistentes alteran las condiciones en las que se construye la opinión pública.

La discusión democrática suma nuevos enemigos a los que existen desde siempre. Dirigentes que traicionan o partidos que abandonan compromisos, se mechan con algoritmos que premian el escándalo. La antipolítica se abriga en el terreno fértil del desencanto. Y muchas veces le alcanza con mostrar lo que hace la propia dirigencia.

“La democracia ha terminado”, postula el teórico postmarxista “Bifo” Berardi y reivindica la activa decisión de desertar en una época de Estados vaciados de sentido. La discusión que cruza desde siempre a la democracia: la pelea entre su potencia transformadora y el mero procedimiento metodológico.

Mientras tanto, sobre todo en las comunidades más pequeñas, el viejo y querido voto funciona como modo de resolver decisiones y conflictos. Desde ya que no garantiza buenos gobiernos, ni convierte en virtuosos a los ganadores, ni resuelve mágicamente los problemas del día siguiente. Las urnas no están ahí para ser idealizadas, sino como mecanismo que permite la participación ciudadana.

Una salida legítima, no necesariamente la ideal, pero con la idea de dirimir pacíficamente las disputas de poder y marcar un rumbo. O en palabras de Winston Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno… a excepción de todos los demás que se han inventado”.

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