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UNA PELI CON FINAL ABIERTO

El club de las reelecciones: Javier Milei y los gobernadores aliados escriben su guion hasta 2031

El Gobierno y los mandatarios dialoguistas negocian un seguro de largo plazo. Beneficios, condiciones y límites. Por qué puede fallar.

La decisión de los gobernadores aliados de abortar la movida opositora para voltear el DNU 70/23 actualizó este jueves la vigencia de un acuerdo político que viene en slow motion, pero está en marcha. Lo empuja la maquinaria del oficialismo para fundar un club de las reelecciones donde Javier Milei es el socio número 1 y un grupo de mandatarios espera por su carnet.

Si la foto compartida en la Argentina Week podía ser interpretada como una franela VIP regada con buen vino francés, la sesión fallida de este jueves en la Cámara de Diputados, donde los gobernadores debieron jugar a cielo abierto, marca un punto de inflexión, porque ratifica el acuerdo in progress al que podríamos resumir en tres palabras y una cifra: “Nos vemos en 2031”.

El menú de Karina Milei

Karina Milei tiene un menú de opciones para promover que al menos una decena de jefes provinciales consigan un segundo mandato a cambio de que ellos hagan sus magias para que el libertario se quede en la Casa Rosada otros cuatro años, el objetivo principal de la hermandad presidencial. Sebastián Iñurrieta explicó en detalle el kit de alternativas en esta nota publicada hace casi tres meses, pocos días después de que Diego Santilli asumiera como jefe de Gabinete.

Si el plan funcionara en las urnas, de yapa, el triunfo de Milei podría ser el último clavo en el cajón del kirchnerismo, ese cuco al que apelan varios caciques provinciales para construir identidad en sus terruños.

Javier Milei con gobernadores en París.

Ese objetivo adicional llegaría aupado en la más presentable proeza de convertir al Presidente en el primer jefe de Estado no peronista de la historia argentina en lograr su reelección.

“Ganamos todos y nos vemos en 2031”, resuena el coro.

El escenario nacional, para Javier Milei

En los inicios de 2025, cuando recién despuntaba un calendario electoral fragmentado como el que tendremos el año próximo, en este medio escribimos sobre el desafío de Milei de ganar al solitario en un escenario sin rivales de talla nacional.

Ahora, como la gran mayoría de los mandatarios provinciales tiene chances de pelear por su reelección en 2027 y ninguno de ellos ha echado aún espaldas para una agarrada nacional, el acuerdo que los mantendría en sus poltronas hasta 2031 es win-win.

Javier Milei en uno de sus actos de campaña. El gobierno, ante el desafío de recomponer expectativas positivas en la gente.

Más aún para aquellos gobernadores que maceran a fuego lento (y no tanto) sus ambiciones presidenciales, como Maximiliano Pullaro, Nacho Torres o Martín Llaryora: un triunfo de Milei en el '27 transformaría al '31 en la largada de una carrera en la que todos los aspirantes arrancarían de cero.

Distinto sería si el año que viene las urnas consagraran a un nuevo presidente que llegara cuatro años después con chances de repetir. Futurología.

Los gobernadores del club

La Casa Rosada tiene una docena larga de gobernadores a los que ofrecer su menú de acuerdos. Una opción es la alianza pura y dura, como la que trabó en las legislativas 2025 con Alfredo Cornejo (Mendoza), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Leandro Zdero (Chaco).

En esos distritos, donde dividir el electorado no peronista puede ser letal, todo parece encaminarse a repetir la fórmula del año pasado. Un escollo de proporciones pueden ser las ambiciones libertarias: si en 2025 coparon las listas para el Congreso, los mandatarios temen que ahora Balcarce 50 pida demasiados ravioles en las estructuras de los gobiernos provinciales.

Con las distancias y complejidades del caso, las mismas alternativas y preocupaciones podrían caberle al alcalde porteño, Jorge Macri.

Una competencia de baja intensidad en provincias donde una alianza no es posible por el peso y la identidad del oficialismo local es la otra alternativa que baraja la Casa Rosada. Ahí aparecen Carlos Sadir (Jujuy), quien ya avisó que no hay chances de que se pinte de violeta; Claudio Vidal (Santa Cruz); Alberto Weretilneck (Río Negro); y Pullaro (Santa Fe), quien, tal como adelantó este medio, ya tiene el acuerdo avanzado.

Las negociaciones con Raúl Jalil (Catamarca), Marcelo Orrego (San Juan), Torres (Chubut) y Rolando Figueroa (Neuquén) parecen estar cerca de la opción anterior, aunque pueden tener sus particularidades.

El caso de Gustavo Sáenz (Salta) es doblemente complejo: los líderes locales de LLA quieren ir a la pelea y el norteño debe sortear un posible fallo de la Corte Suprema que le impida competir por un tercer mandato.

Una pista para seguir: el año que viene, Santa Fe, Chubut, Catamarca y Mendoza también pondrán en juego sus bancas en el Senado. Puede ser una salida de emergencia para los gobernadores y un destino intermedio apetecible para diputados libertarios que hagan escala en la cámara alta antes de buscar la gobernación.

Los gobernadores de Javier Milei

En el minué de las negociaciones, una pregunta, con otra encadenada, cae de madura: ¿para qué querría Milei gobernadores propios? ¿Cómo lidiaría un mandatario provincial violeta con un Ejecutivo de su palo que retacea fondos cuando, entre otras cosas, para dibujar el superavit no reparte el impuesto al combustible, que es coparticipable por ley, y retiene los ATN que les corresponden a las provincias?

Ese razonamiento comulga con la idea de un sector del Gobierno, pero colisiona con los dichos de Martín Menem, quien días atrás, en un acto partidario, dijo que “sería mucho más fácil avanzar y cerrar acuerdos rápidamente con cuanto gobernante se nos cruzara y llegar a alianzas electorales”, y acto seguido se preguntó: “¿Queremos ganar una elección o queremos un país para los próximos 40 años?".

¿Un karinista paladar negro le mete ruido al club de las reelecciones? Más allá de sus ambiciones para 2031, Menem pareció hacer equilibrio entre las necesidades de su tropa en las provincias, que quiere ir a la guerra, y el proyecto 2027. “El armado político es un tema muy complejo”, transparentó el titular de la cámara baja.

Para mantener ese fino equilibrio, la hermana del Presidente monitorea un punteo que Santilli y los primos Menem vienen haciendo provincia por provincia para determinar cuántos votos les hacen falta para sostener las bancas libertarias que se ponen en juego en 2027. Ese mapa de calor será vital a la hora del tute con los gobernadores para definir cuánto pedir y cuánto ceder.

Los bemoles del acuerdo

Como publicó este medio, el cronograma que la Casa Rosada plantea para el club de las reelecciones incluye el apoyo de los gobernadores para suspender las PASO este mes y para sancionar el Presupuesto 2027 en noviembre. El acuerdo electoral caso por caso ocurriría entre febrero y marzo, antes del arranque de la temporada de comicios desdoblados.

¿Cómo se aseguran los jefes provinciales que ayuden a voltear las PASO que el Gobierno no les plante pelea meses después en sus dominios? No hay garantías. Tal vez allí anide el morbo de esta novela por entregas.

Karina Milei.

Sin embargo, en los pliegues del calendario puede estar el vuelto de los gobernadores. En un año con elecciones provinciales amontonadas en el primer semestre y sin PASO a nivel nacional, el cierre de listas para las presidenciales se producirá en agosto, con la mayoría de los gobernadores reelectos o en la lona. ¿Un jefe provincial traicionado por LLA en su terruño cumplirá con el pacto de entregarle a Karina Milei los lugares prometidos en las listas para el Congreso? ¿A qué candidato a Presidente apoyará?

No hay que olvidar que los gobernadores hoy son interlocutores de la Casa Rosada porque tienen votos en el parlamento. Para retener ese poder, necesitan seguir contando con espadas legislativas que les respondan después de diciembre de 2027. Con Milei reelecto o con quien venga.

Además, sin liderazgos nacionales nítidos que les arrebaten la lapicera para las nóminas nacionales, serán ellos quienes tendrán la posibilidad de discutir esos nombres que irán pegados a un candidato presidencial en la boleta única de papel.

En ese doble conforme anida la tensión que cruzará la rosca durante meses. Ambas partes tienen que jurarse un amor que ninguno sabe si va a ser correspondido. La traición es uno de los motores de la historia.

Spoiler: puede fallar

Este andamiaje del club de las reelecciones que intenta no descolarse en el andar para llegar a buen puerto tomará velocidad cuando se defina la suspensión de las PASO, hoy el escenario más probable.

Ese puntapié inicial del año electoral, con todo, será la continuidad de un proceso político que se disparó el 10 diciembre de 2023. Los acuerdos en ciernes se discutirán en base al estallido del sistema político de coaliciones que provocó la irrupción de Milei y a la virtualidad del Presidente para lograr un segundo tiempo.

Ahora, cuando las elecciones provinciales empiecen a arrojar resultados y se aproxime el cierre de las listas nacionales, habrá que ver si esas premisas siguen firmes o empieza a tomar forma un nuevo proceso político que modele la pelea grande por el poder y prefigure los años por venir.

Dependerá del bolsillo de las mayorías, sí. De las expectativas del Círculo Rojo y de Donald Trump, también. De que el peronismo logre encolumnarse detrás de una sola candidatura, sin dudas.

Los armados electorales suelen obedecer a lógicas que se arrastran desde el pasado, pero, como siempre, se vota para adelante.

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