El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, ya se mueve en los pasillos del Vaticano, con el objetivo de que León XIV venga a la provincia. El jesuita, heredero directo de la impronta pastoral y la muñeca política de Jorge Bergoglio, participa en el segundo consistorio extraordinario convocado por el papa.
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Ante una posible gira sudamericana prevista para comienzos de noviembre, el purpurado cordobés intentará que el pontífice organice su agenda para que pueda pisar tierras mediterráneas. La gestión coronará una etapa de creciente influencia no sólo dentro de la Iglesia sino fuera de ella, más precisamente, en la política provincial en la que ha encontrado ocasiones para ejercer su influencia.
Fuentes de la curia cordobesa confirmaron a Letra P que, si bien no hay oficialización por el momento, existen negociaciones avanzadas para que León XIV concrete su demorado viaje apostólico a la Argentina con la posibilidad de que Córdoba sea una de las escalas del itinerario. Es “casi una certeza”, indicaron alfiles de Rossi.
Mientras tanto, el gobierno de Martín Llaryora manifestó que Córdoba “lo espera con esperanza y espíritu de encuentro”.
Córdoba, ¿en la agenda de León XIV?
Bajo un estricto régimen de confidencialidad y una dinámica sinodal dividida en 20 grupos de trabajo, Rossi se sentará en la mesa chica de la Iglesia global para discutir temas de alto voltaje geopolítico: la teoría de la "guerra justa", la implementación de la encíclica Magnifica Humanitas y la agenda de paz internacional.
Convocado por León XIV, el arzobispo de Córdoba participa del segundo consistorio cardenalicio con pares de todo el mundo. En ese contexto, Rossi y el papa “van a tener un diálogo para organizar un poco, pero Córdoba está prácticamente confirmada”, anticiparon fuentes arquidiocesanas.
El dato no es menor. Si bien Rossi nunca buscó el poder eclesiástico, por su investidura, sus marcadas posiciones y críticas no solo influyen en el ámbito clerical sino también en la política. Una negociación, con luz verde, con el pontífice respaldaría y blindaría sus reclamos sociales que apuntan hacia los poderes ejecutivos locales y, particularmente, nacional.
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Ángel Rossi y el Papa Francisco.
Su estilo pastoral, con fuertes advertencias sobre la pobreza y la exclusión, le ha marcado la cancha al gobierno de Llaryora y de Daniel Passerini, con quien mantiene un estrecho vínculo. Ejemplo de ello ha sido su intervención activa en la discusión sobre el futuro de la actividad que desempeñaban los cuidacoches o naranjitas.
La jugada de Martín Llaryora
Sabedor del peso específico que tiene la figura de Rossi, el gobierno provincial no tardó en mover sus fichas para capitalizar la eventual visita.
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Ángel Rossi y Martín Llaryora.
A través de un comunicado oficial, la gestión provincial buscó tender puentes directos con Roma apelando a las fibras más sensibles de la identidad local: el legado de la Compañía de Jesús y la figura de Santo Cura Brochero.
"Córdoba lo aguardará con afecto, respeto y gratitud", señalaron desde El Panal, como se conoce a la casa de gobierno provincial, buscando anticiparse y blindar la organización de un visita que promete reconfigurar el escenario político nacional a finales de año.
Ángel Rossi, central en Roma
La centralidad de Rossi en Roma puede incomodar al poder. El cardenal cordobés arrastra el ADN jesuita y la escuela de conducción de Francisco, lo que lo convierte en un interlocutor de peso indiscutido pero también en un actor de cuidado para los gobiernos de turno.
Su participación en el consistorio vaticano, que concluirá el lunes 29 de junio con la solemnidad de san Pedro y san Pablo, consolida su proyección internacional y robustece su espalda de cara a las negociaciones por la llegada del pontífice.
Mientras en Roma se debate la paz mundial, en Córdoba ya comenzó la cuenta regresiva. Con Rossi como el gran articulador entre el Vaticano y el territorio, el tablero político empieza a reordenarse bajo la poderosa expectativa de una bendición papal en suelo argentino.