OPINIÓN

Sin humedales no hay futuro: por una Constitución en Santa Fe que reconozca el derecho a un ambiente sano

La reforma de la Carta Magna es la oportunidad histórica de incorporar principios claros que orienten un modelo verdaderamente sostenible.

A los nueve años me sumé al grupo scout de mi barrio Echesortu, en Rosario. Aprendí que cuidar el ambiente no era un gesto simbólico, sino un compromiso con la vida misma. Más tarde, como voluntario en la Multisectorial por los Humedales, participé del “corte del puente” y de la histórica “kayakeada” hacia el Congreso, llevando el reclamo de una ley que protegiera nuestros humedales. Hoy, a mis 27 años, tengo el enorme privilegio de ser convencional constituyente en Santa Fe y seguir impulsando esa misma causa, con la convicción intacta de que sin humedales no hay futuro.

Una oportunidad histórica para Santa Fe

La reciente reglamentación de la Ley de Humedales provincial fue una gran noticia. Una deuda que finalmente empezamos a saldar gracias al trabajo del Ministerio de Ambiente. Esta norma reconoce la función ecosistémica de nuestros humedales —como Jaaukanigás, Melincué o el Delta del Paraná— y establece herramientas concretas para su preservación: inventarios, monitoreo, ampliación de áreas protegidas, participación comunitaria. Es un paso adelante, pero no suficiente.

Santa Fe tiene la oportunidad histórica de consagrar en su nueva Constitución el derecho a un ambiente sano, tal como lo hizo la Constitución Nacional en 1994. Nuestra Carta Magna provincial fue redactada hace más de 60 años, en un contexto que ni siquiera imaginaba las consecuencias del extractivismo, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad. Hoy no podemos mirar para otro lado: es tiempo de incorporar principios claros que orienten la producción, el uso del suelo y el desarrollo hacia un modelo verdaderamente sostenible.

La importancia de los humedales

Los humedales no son postales turísticas ni terrenos disponibles para el negocio inmobiliario o la especulación. Son esponjas vivas que purifican el aire, regulan el agua, previenen inundaciones y sequías. Su destrucción equivale, simbólicamente, a la destrucción de la vida. Y como suele ocurrir con los problemas ambientales, el daño recae más fuerte sobre quienes menos tienen: los que viven en zonas bajas, sin servicios básicos, sin defensa frente al avance del agua o del fuego.

humedales dos

Desde la Convención reformadora podemos revertir ese modelo desigual e injusto, incluir principios como el in dubio pro natura o el in dubio pro aqua, que obligan a fallar a favor de la naturaleza y del agua ante cualquier duda. Podemos garantizar la educación ambiental y el acceso universal al agua como derechos, redefinir el rumbo de nuestra provincia para que el ambiente deje de ser una variable de ajuste y pase a ser el eje de un nuevo pacto social.

Un llamado a la participación

Esa transformación no puede ni debe hacerse desde una élite. La Constitución debe escribirse entre todos. Hasta el 27 de julio a las ocho de la mañana, cualquier ciudadano puede presentar propuestas a través de la web oficial o en la Mesa de Entrada del Senado. Porque este proceso es de todos y todas.

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No alcanza con buenas intenciones ni con gestos individuales. Cuidar el ambiente es una tarea colectiva, profundamente política. Es hora de dejar atrás la lógica del “sálvese quien pueda” y construir una provincia donde los humedales, el ecosistema y la vida misma sean protegidos para las generaciones que vendrán.

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