TRIBUNA LETRA P | PRESUPUESTO 2027

Presupuesto 2027: cuarto año de superávit de caja con supuestos optimistas (no exorbitantes)

El economista evalúa las proyecciones fiscales del Gobierno, los límites del ajuste y los desafíos para sostener el superávit como pilar de estabilidad económica.

La presentación ante el Congreso del proyecto de ley del Presupuesto Nacional representa un hecho fundamental para el funcionamiento de la democracia en Argentina. La actual gestión funcionó sin Presupuesto durante sus primeros dos años de mandato, por lo que 2026 es el primer ejercicio con una ley de leyes aprobada. En un contexto en el que las instituciones democráticas se encuentran algo desvalorizadas, que el presupuesto vuelva a presentarse en tiempo y forma y sea finalmente aprobado no es un dato menor.

El principal aspecto para destacar del proyecto es que proyecta un superávit primario y financiero para 2027, lo que permitiría encadenar cuatro años consecutivos de balances positivos. Para ponerlo en perspectiva, Argentina registró déficit fiscal en 106 de los últimos 126 años. Aunque parece haberse alcanzado cierto consenso al respecto, vale la pena recordar que la viga maestra de la estabilidad actual es el ahorro del sector público.

En términos macroeconómicos, los supuestos del presupuesto lucen optimistas, pero no exorbitantes. Se estima un crecimiento del PBI de 3% para el año en curso y 4% para el próximo, mientras las estimaciones privadas están más cerca de 2%. La inflación se pronostica en 29% para este año y 18% para el que viene, también algo más optimistas que el consenso.

Más ingresos para sostener el gasto

El resultado primario se proyecta en el 1,3% del PBI para 2027, el mismo nivel estimado para 2026. Cabe destacar que la meta se fue reduciendo desde el inicio del actual programa con el FMI: pasó del 2,2% del PBI al 1,5%, luego al 1,4% y, finalmente, al 1,3%.

Los mayores ingresos se destinarían a aumentos equivalentes en el gasto, sobre todo en jubilaciones (+0,3 puntos porcentuales del PBI, que dada su actualización por inflación pasada, aumentan con la desinflación proyectada) y salarios públicos (muy golpeados en los últimos años).

El superávit previsto se alcanzaría mediante un aumento de los ingresos, impulsado fundamentalmente por una mayor recaudación del IVA, Ganancias y el impuesto a los combustibles. Sin embargo, resulta difícil imaginar un comportamiento tan favorable de los ingresos tributarios en un contexto en el que la recaudación cayó en 11 de los últimos 14 meses.

La motosierra pierde margen de maniobra

La reducción de la meta de superávit primario está vinculada con las crecientes dificultades para cumplirla, en un escenario de caída de los ingresos y menor margen para seguir recortando el gasto. Una muestra de este límite es que el Poder Ejecutivo hoy solo tiene margen de maniobra sobre el 30% del gasto total, el nivel más bajo en 18 años. El 70% restante está sujeto a mecanismos de indexación automática. La motosierra se ha ido quedando sin filo.

Sin embargo, la reducción del superávit primario no afecta el equilibrio financiero, que se mantiene inalterado, por una razón principal: los intereses efectivamente pagados por el Gobierno se encuentran en su valor mínimo desde 1990 a hoy (en torno a 1,1% del PBI). La estrategia de colocar deuda con intereses capitalizados (se adicionan al capital al vencimiento) y los bajos cupones que pagan los bonos en dólares (el Gobierno elige no colocar deuda nueva en el mercado internacional, donde debería pagar tasas más altas) explican esta dinámica.

Con menores pagos de los servicios de deuda, el esfuerzo primario necesario para mantener las cuentas en equilibrio es menor. Hacia adelante, si Argentina consolida la estabilización y vuelve a los mercados internacionales de deuda, es intuitivo pensar que el resultado primario tendrá que incrementarse.

La estabilidad es condición necesaria para el desarrollo. Para ello, la piedra angular es el superávit fiscal. Como conviven nuestros vecinos de la región, sería deseable que el consenso se consolide entre gobiernos de distinto signo político e ideológico. Lograrlo significaría que Argentina estaría un paso más cerca de graduarse como país.

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