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OPINIÓN

Peter Thiel en nuestras pampas: el Manifiesto Palantir y el supremacismo norteamericano

El avance de las élites tecnológicas sobre la política global reabre el debate sobre democracia, guerra digital y poder corporativo.

Las 22 verdades de Alex Karp no debieran asombrar a nadie, pero lo hacen. Publicadas hace apenas unas semanas, resumen el contenido del libro La República Tecnológica. Poder duro, pensamiento débil y el futuro de occidente, que Karp escribió junto a Nicholas Zamiska. Allí el CEO de Palantir, doctor en filosofía, con una tesis sobre Talcott Parsons, confirma lo que todos ya sabíamos.

El mundo digital está dando un vuelco reaccionario radical. Después de la promesa de bondad naif de Nicholas Negroponte, en Ser digital, pasando por el altruismo democrático de Bill Gates, el engranaje cibernético terminó revelando su verdadera cara. El tecnofascismo o el tecnofeudalismo, como quieran llamarlo, muestra sus garras en el contexto de una guerra abierta de la norteamérica trumpista contra el viejo orden social de la posguerra, desesperada por recuperar la cima perdida ante el gigante asiático.

Nada nuevo si hubiéramos leído atentamente los avances de Nick Land en La ilustración oscura o Samuel Huntington en Choque de Civilizaciones, quizás demasiado entretenidos con los posteos de Elon Musk, más breves por supuesto. Algún mal pensado puede imaginar que esto tiene un origen más pedestre: la disputa por el negocio militar de la I.A. que hasta hace unos meses controlaba Anthropic y hoy pasó a las manos de la empresa Open AI de Musk, luego de que la primera se distanciara de la guerra lanzada por el presidente aduciendo problemas éticos. ¿no hay de fondo un acuerdo de roles entre Palantir y OpenAI?

Peter Thiel en Argentina

No es extraño, entonces, que el jefe de Karp, Peter Thiel, esté por Argentina haciendo sus negocios; finalmente somos uno de los pocos experimentos neoreaccionarios a cielo abierto en el mundo. Victor Orbán perdió las elecciones en Hungría, veremos cómo le va a Donald Trump en noviembre y Flávio Bolsonaro hijo está en lista de espera en Brasil ¿Pero imaginen lo que puede pasar si se da el vuelco en el gigante sudamericano? Entre las conversaciones que se difunden está la de asociar nuestra vieja nueva SIDE a la I.A. o el diseño de un “Súper-RIGI” para estructuras tecnológicas que se haría a medida de los empresarios norteamericanos.

Lo concreto es que esta nueva plutocracia (más leída quizás que la primera generación de tecno-empresarios que fundaron en los garajes de Silicon Valley sus primeras startups) convoca (punto I del manifiesto) a devolverle a los Estados Unidos todo lo que puso en el desarrollo tecnológico, confirmando la tesis de Leo Panitch sobre el origen de la reconversión capitalista de principios del siglo XXI. A confesión de parte relevo de prueba. Lo mismo había dicho Shoshana Zuboff hace seis años con El capitalismo de la vigilancia con el eufemismo de “poder instrumentario”, vagamente referido a las empresas tecnológicas o Yanis Varoufakis, quien desmembró el manifiesto en estos días en su cuenta de Twitter, cuando publicó Tecnofeudalismo, en 2024. Se trata claramente de un cambio de época que hace rato se viene anticipando. ¿Qué habría pasada si Europa hubiera tomado en serio el panegírico de Adolf Hitler, Mi lucha, publicado en 1925? El que avisa no traiciona, se dice habitualmente.

¿A qué democracia se enfrentan?

Lo que debemos pensar, entonces, es qué democracia puede enfrentar este recorsi totalitario. Lejos de las consignas moralistas de estos magnates reaccionarios y aceleracionistas (no hay contradicción en los términos; vuelvo a recomendar el texto de Jeffrey Herf, El Modernismo reaccionario, tecnología y política en Weimar y el tercer Reich), lo que verdaderamente está en juego es el modo de convivir, el modo de estar juntos. A las pruebas me remito. No digamos que no sabíamos. Recuerden el silencio del presidente cuando hace más de tres años, Luciana Geuna le preguntó a MIlei si creía en la democracia.

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