LOS MIL DÍAS DE GESTIÓN KICILLOF

El camino minado del candidato de Todos en Buenos Aires

Lidió con una oposición bifronte y supo administrar tensiones con los intendentes propios. De la pandemia, a la etapa de reconstrucción prometida.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) A mil días de haber comenzado su gestión en Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof se sabe con saldo a favor. Debió lidiar -sigue haciéndolo- en dos frentes al mismo tiempo: con la oposición aglutinada en Juntos y con un sector integrante del Frente de Todos (FdT). ¿Saldó el mandatario todas sus diferencias con los propios? No, pero logró encauzarlas. Lo ratifica el hecho de que ya nadie discuta que es el candidato del oficialismo para 2023 e irá por la reelección.

 

Con el intendentismo del PRO y de la UCR, Kicillof mantiene desde el arranque de su gestión una convivencia tensa o pacífica, dependiendo del momento que se analice. En tiempos de hermandad entre el presidente Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, el gobernador mantuvo la postura más intransigente, aunque siempre se encargó de marcar una diferencia entre la oposición nacional y la bonaerense, a favor de la segunda.

 

Dividida en tres etapas -la pandemia, la recuperación y la reconstrucción-, la gestión de Kicillof es vista en La Plata como una marcha con rumbo fijo, con el objetivo de mejorar “el desastre” que dejó su antecesora, María Eugenia Vidal. Y aunque repite que falta mucho por hacer, la dirigencia con despacho en calle 6 está convencida de que va en el camino correcto.

 

Onda con la UCR, ruido con el PRO

La relación de Kicillof con la tropa intendentista opositora fue mutando con el correr del tiempo, dependiendo de los momentos y los sectores. El Gobierno hace una clara diferenciación entre radicales y el sector del PRO duro. Si bien hubo buena coordinación con todos en el inicio de la pandemia, a diferencia de lo sucedido con alcaldes del macrismo, con el radicalismo el trabajo continuó siendo “muy bueno”. “Algunos conspiraron desde el minuto cero”, destacó a Letra P una fuente del gabinete y señaló: “Son siempre los mismos, que piensan en hacer campaña, impedir, complicar, a quienes les bajan línea de arriba y no se puede nada; es el PRO duro”. 

 

Tensión con los propios

La relación del gobernador con el intendentismo del Frente de Todos (FdT) no fue fácil en estos primeros mil días de gestión. En el entorno del mandatario destacan, en principio, una diferenciación geográfica: “Hay que dividir primero entre el interior y el conurbano -dice una fuente del gobierno-; y, en el conurbano, entre los de la Primera sección y los de la Tercera, porque no son lo mismo, no negocian igual, ni piden las cosas de la misma manera. Dentro de la Tercera, La Matanza es otra cosa, debido a la relación con Verónica (Magario), nuestra vicegobernadora”.

 

En La Plata advierten que el trato con los intendentes del interior es más “sencilla, aceitada, fluida y consecuente con la realidad” y destacan la dependencia que estos municipios tienen de los recursos provinciales, a diferencia de los distritos del conurbano, que gozan de mayor independencia económica. 

 

“Rompimos muchos de sus prejuicios y preconceptos a fuerza de trabajo”, analizó alguien del gabinete del gobernador, quien aseguró que ahora hay “una relación más madura”.

 

La derrota que sacudió el gabinete

Tras la derrota en la elección legislativa de 2021, el sector de los intendentes alineado con Máximo Kirchner logró romper el blindaje de un gabinete 100% kicillofista. Primero llegaron Martín Insaurralde (Jefatura de Gabinete) y Leonardo Nardini (Infraestructura) y luego, dirigentes del Frente Renovador de Sergio Massa.

 

Pese a los esfuerzos por mostrar un gabinete compacto, las tensiones son indisimulables. En su entorno destacan “la mano” de Kicillof para “conducir ese proceso” y festejan su “fortalecimiento”, plasmado en el respaldo unánime de todas las tribus frentetodistas a su candidatura para la reelección en 2023. “Hubo algunas pretensiones que tensionaron, pero ya no están”, afirman.

 

En el entorno de Kicillof eligen destacar “la capacidad de conducción” del mandatario. Está demostrado que puede hacerlo, dice un hombre del gabinete, al tiempo que destaca “el rol federal” que tiene en el marco de la Liga de las provincias, trabajando para “aglutinar al peronismo” y mantener fuerte la unidad. “Decían que era un empleado de Cristina, que estaba solo para ejecutar órdenes, pero ha logrado transformarse en un muy buen gobernador, aunque no tenga el formato tradicional”, afirman.

 

Al hacer un balance de los casi tres años de gobierno, en La Plata destacan el punto de partida, el gobierno de Vidal que dejó “tierra arrasada”, y rápidamente mencionan la pandemia como bisagra de una gestión atípica por necesidad y urgencia. “No se puede comparar un gobierno que pasó una pandemia con uno que no la paso, pero, si lo hiciéramos, igual nuestro gobierno es mejor que el de Vidal; todos los indicadores lo dan, en escuelas, patrulleros, hospitales, índices de empleo, macroeconómicamente. En todos los ítems se superó lo que hizo Vidal aun faltándonos un año y medio de mandato”, afirman.

 

Kicillof tiene entre sus principales desafíos mantener la obra pública, complicada por los altos niveles de inflación y el ajuste que lleva adelante el ministro de Economía, Sergio Massa, y mantener competitivos los salarios de los trabajadores.

 

El gobernador Maximiliano Pullaro junto al ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini (izq.), el secretario de Desarrollo Industrial, Guillermo Beccani en la reunión con mineras. 
Arabela Carreras espera el tiempo para un posible retorno.  Hoy se dedica a la docencia en San Carlos de Bariloche.

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