11|9|2022

Un nuevo guía, el mismo laberinto

Massa llega para ordenar las variables económicas, con la reducción de la inflación como prioridad. Pero lo urgente no debe ocultar lo importante.

Desde el resultado de las PASO 2021, el Frente de Todos vive meses, días, horas de incertidumbre. El dispositivo que se conformó con éxito para derrotar a Juntos por el Cambio no mostró la misma eficacia a la hora de administrar y gestionar -económica y políticamente- el país. 

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La unidad sin un para qué ni un hacia dónde todavía claros, la anomalía de dejar por fuera de las decisiones estratégicas al sector que más votos le había aportado al Frente, el ajuste que realizó Martín Guzmán durante el año electoral y un sin fin de errores no forzados, llevaron a la coalición oficialista al borde de la ruptura y el abismo de gobernanza.

 

Sergio Massa cocinó a fuego lento su llegada al gabinete y tuvo tanta paciencia como astucia para hacerlo en las condiciones perfectas para tomar el control del Gobierno de Alberto Fernández, al poner bajo su mando las áreas estratégicas. La primacía habitual de la esfera económica, -acentuada en la coyuntura actual- le otorga hoy la mayor concentración de poder político al interior del Frente de Todos. 

 

Sin dudas, esa concentración no será un atributo permanente, sino una construcción cotidiana que dependerá del equilibrio y los consensos internos que logre estabilizar, ya que las tensiones permanecen latentes, al igual que la desproporción en términos de volumen electoral entre los actores. Los tiempos de la política hacen de la llegada de Massa la última oportunidad para resolver algunos de los déficits de funcionamiento del Gobierno, de cara a la posibilidad de recomponer el contrato establecido con sus votantes y generar un escenario competitivo para el 2023.

 

Los déficits de los que hablamos pueden resumirse en descoordinación, desconexión y moderación. En el último año sobran los ejemplos de ministros y ministras contradiciéndose entre sí, o peor aún, al propio Presidente, así como la disposición de medidas a contramano unas de otras, o anuncios que no fueron. La unificación de las áreas y la centralización de las decisiones en un actor político que tiene la cualidad de ejercer el poder de una forma contundente, parece una condición necesaria para marcar el rumbo a seguir y resolver los problemas de descoordinación.  

 

Por otra parte, la interna permanente y a cielo abierto de la coalición distanciaba a los principales dirigentes de la conversación, las preocupaciones y las demandas sociales. Durante el último año la agenda de la política y la de la ciudadana fueron por autopistas distintas (y esto cabe tanto para el oficialismo como para la oposición). La tregua interna y  la centralidad de la economía en esta nueva etapa, puede permitir recuperar el contacto con la sociedad. 

 

Por último, la moderación como formato de ejercicio del Poder Ejecutivo demostró su falta de eficacia, al punto de ser percibida por los propios votantes del Frente de Todos como falta de actitud y fuerte debilidad.

 

La gestualidad de Massa en los últimos días, su forma de conducir la Cámara de Diputados y el mito que logró construir en torno a su figura pública, hablan de un dirigente dotado de firmeza. Sin embargo, la no moderación no es esencialmente una cuestión de formas, sino sobre todo de contenido, e implica definir cuáles son los intereses que se van a afectar para reordenar el funcionamiento de la economía de cara a construir una sociedad que funcione bajo los principios de la justicia y la igualdad.

 

Como expresó Massa en Twitter, no se presenta como un salvador sino como la cabeza de un equipo que va a trabajar y estará dispuesto a hablar con todos los sectores de nuestra sociedad para contribuir al “orden, la certidumbre y el crecimiento”. 

 

Si bien el presente requiere ordenar las variables económicas y la prioridad es reducir la inflación, esperemos que lo urgente no oculte lo importante. El debate ausente en la primera expresión pública del flamante superministro es el de la distribución. 

 

Desde el punto de vista de la gente que vive en el mundo real y cuya expresión intentamos registrar en los estudios de opinión pública, la inflación como drama va ligada y es inseparable de la cuestión de los ingresos, ultra-devualuados desde el Gobierno de Mauricio Macri a esta parte.  

 

Nos aproximamos a un año electoral cargado de tensiones y pocas novedades. Las figuras de Macri y Cristina Fernández de Kirchner continúan magnetizando la mayor cantidad de electores, mientras la ilusión de la existencia del centro se desvanece poco a poco como sucede al promediar cada año par. Entonces, el interrogante que se develará en los próximos meses, es cómo se posicionará Massa en un contexto político polarizado, en el que la moderación o los giros hacia el centro no garantizan competitividad electoral y con una distribución de los ingresos que condicionará la performance del oficialismo.