14|6|2022

La comida impagable: "Tenemos que llenarnos con arroz y polenta"

02 de mayo de 2022

02 de mayo de 2022

El hambre y la pobreza elevan la tensión social en los barrios más postergados. Un adelanto de la investigación que Letra P publicará el mes que viene. 

“Desde enero la cosa está imposible. Antes, con mil pesos que juntábamos entre todos íbamos a la carnicería y nos traíamos un montón de kilos de alita de pollo. Hoy te dan una bolsita que no alcanza para nada. Nada alcanza. La verdura y la carne ni la vemos”. 

 

El que habla es Jorge Aquino, 45 años, responsable de un merendero de barrio en El Zaizal, Monte Grande, una de las regiones más pobres del conurbano bonaerense, en la triple frontera entre Esteban Echeverría, Ezeiza y La Matanza.

 

Cada día, abre las puertas de su casa, donde desde temprano su esposa y su comadre se las ingenian para preparar el menú con el que comen unas cien mujeres, hombres y chicos de la zona.

 

En Monte Grande, un comedor alimenta a cien personas (Fotos: Martín Nievas para AG La Plata)

En una investigación que publicará completa en el próximo capítulo de sus Especiales, Letra P fue testigo de la situación de extrema tensión social que recalienta el conurbano y recogió testimonios coincidentes: el problema es lo que cuesta la comida.

 

Como Jorge, quienes están en la primera trinchera de la pelea contra el hambre en el Gran Buenos Aires dan, todos, el mismo diagnóstico. La demanda de asistencia se disparó en el verano pasado, cuando en Argentina se produjo el fenómeno de inflación más pronunciado de las últimas dos décadas. 

 

“No es que haya menos trabajo o menos plata en el bolsillo. Es que nada te alcanza. Por eso ahora vienen al comedor vecinos que antes no tenían necesidad, que comían en sus casas”, relata Aquino.

 

Los comedores de las organizaciones sociales contienen el hambre en el conurbano.

Su merendero, que forma parte de la red del movimiento Barrios de Pie, muestra el mismo panorama que el resto de los comedores populares del conurbano. El menú se empobreció, porque lo que llega mensualmente del Ministerio de Desarrollo Social de Nación o de la municipalidad son alimentos secos como lentejas, polenta, harina y fideos. Los frescos, la carne y hasta la verdura son casi inaccesibles. 

 

“Nosotros conseguíamos algunos cortes de carne, menudos de pollos y huesitos de cerdo por colectas que hacíamos o pidiendo en las carnicerías del barrio. Algo conseguíamos, pero desde hace tres meses ya no nos dan nada. La plata de la tarjeta Alimentar alcanza para pocas cosas. Tenemos que llenarnos con arroz y polenta. Puro fideo, arroz, polenta…”, se lamenta.