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Peronismo bonaerense: ¿y dónde está el piloto?

Las tribus buscan quién conduzca el barco maltrecho de Todos. El portazo de CFK, el antirrosca Kicillof, Kirchner en las sombras e intendentes al acecho.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Pese a la variedad de dirigentes y cargos diversos que ejercen, incluyendo el más importante, el de gobernador, el peronismo aún no tiene conducción definida en Buenos Aires detrás de la cual encolumnarse para ir a la batalla de 2023. El sacudón que pegó la vicepresidenta Cristina Fernández con su renunciamiento/proscripción y posterior pedido a la dirigencia para que tome el bastón de mariscal despabiló a algunos dirigentes, sí, pero a meses del cierre de listas para una elección que se vislumbra compleja para el Frente de Todos, la coalición parece sufrir la acefalía.

Por primera vez, La Jefa, que empuña la lapicera del peronismo y ordena hace más de una década en el principal distrito electoral del país, no estará en la boleta. Todos saben que su hueco no podrá llenarse debidamente, pero el peronismo sabe que debe tener de todos modos alguien que ocupe ese lugar en la tira.

El gobernador Axel Kicillof nunca ocupó, no quiso, ocupar ese lugar dentro de la estructura de poder del Frente de Todos y pese a lo que podría haberse sospechado en algún momento, tampoco Máximo Kirchner lo hizo desde la presidencia del Partido Justicialista (PJ) bonaerense. No tiene la voluntad de ocupar ese rol, dicen en el ecosistema del peronismo. El diputado es un mariscal en las sombras.

Así lo ve el grupo de jefes territoriales del conurbano que, pese a las diferencias, junto a Kirchner y Kicillof buscan alambrar Buenos Aires para ponerla a salvo de ola amarilla que amenaza con llevarse todo puesto en la próxima elección.

Un intendente que frecuenta las mesas de rosca bonaerense explicó a Letra P que, junto con otros jefes territoriales, ven con preocupación la “vacancia de conducción” dentro del FdT, tanto a nivel nacional como provincial. Dice hablar en representación de varios colegas y entiende que “Cristina quiere ir corriéndose del centro de la escena” irremediablemente.

Este espacio vacío que genera el corrimiento de CFK agudiza la orfandad en Buenos Aires y desvela a un peronismo acostumbrado a la verticalidad. “Kicillof nunca quiso ni quiere ocupar el lugar de conductor”, repiten en el conurbano. Señalan como ejemplo su negativa a armar una estructura de poder a su alrededor y eligió permanecer bajo el mando de la vicepresidenta sin autonomía. “No es verdad que con la gestión alcance; hace falta más”, repiten. Le señalan negativamente su condición de antirrosca, una virtud, según el entorno del mandatario.

Para La Liga de intendentes, Kirchner tampoco tiene vocación para asumir ese rol, pese a que –dicen– para eso lo llevaron a la presidencia del PJ. Tiene esa convicción pero “sólo para dirigir a su propia agrupación política”, La Cámpora.

En ese escenario es que asoma la figura del Jefe de Gabinete y mandamás de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, quien subterráneamente viene construyendo poder de fuego. “Martín sí tiene voluntad”, asegura otro intendente que forma parte de La Liga y suma al ministro de Obras Públicas Gabriel Katopodis a la corta lista de dirigentes con esa aspiración. El problema es que a ese centro de poder no le cuadra la reelección de Kicillof, el mejor posicionado, con respaldo de CFK y, como contó Letra P, ya lanzado formalmente a la carrera para quedarse cuatro años más en La Plata. Lo dicen en calle 6: harán lo que diga La Jefa. Hasta el momento, no parece posible que le ordene correrse.

La situación también preocupa en segundas y terceras líneas de La Cámpora. Quedaron desorientadas después del discurso y de las señales de la vice. Si bien no hay dudas de que la conductora es ella, se cuestionan cómo seguir después de la orden de “no pedir permiso”, cuando forman parte de una orga en la que nada se hace sin la venia de la superestructura. Se preguntan si el mensaje también fue para ellos.

En sintonía se mueven otros actores de menor peso. Es el caso del Movimiento Evita, que, ante un Presidente debilitado y sin peso propio en Buenos Aires, al que apoyó desde que arrancó el mandato, tiende puentes que le permitan sentarse a alguna mesa de decisión bonaerense. En esa línea fue que retomó las conversaciones con Kirchner y asistió a un asado organizado por Insaurralde.

El deadline para el peronismo es ambiguo. Algunos lo ponen en el mes de marzo, otros se estiran y piensan en mayo, pero lo cierto es que el momento de definiciones está a la vuelta de la esquina y alguien tendrá que atajar el bastón de mariscal que les revolea CFK. Algo de eso hizo Kicillof, algo de eso hicieron los intendentes. Pero parece no alcanzar. Lo que necesita el peronismo en Buenos Aires es un piloto a quien confiarle la conducción.

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