25|11|2021

18 de junio de 2021

18 de junio de 2021

Las desigualdades geográficas dividen el acceso a la conectividad a Internet en las provincias: indicador de conexiones por hogar y velocidades de descarga.

El acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), declaradas esenciales por ser imprescindibles para el trabajo, la producción, el cuidado y atención de la salud, las actividades educativas, informativas y culturales, la realización de trámites administrativos y el contacto con afectos, es dispar en la Argentina. Esta nota se enfoca en la variable geográfica de acceso a las TIC –en particular, a las conexiones fijas a Internet- en un país que se declama federal desde su texto constitucional.

 

Las brechas que estructuran ese acceso son numerosas y multidimensionales. No sólo tienen una dimensión material, sino también cultural, de habilidades, competencias y oportunidades significativas de uso (en este sentido, no fue inocua la creación del Programa Conectar Igualdad en 2009 ni su posterior desmantelamiento en 2016, porque condicionó las posibilidades de apropiación tecnológica de millones de alumnos y de sus familias).

 

Los accesos materiales a conexiones fijas a Internet registran brechas de tipo geográfico, socioeconómico, etario y de género, entre otras variables dignas de análisis.

 

 

Como la Argentina tiene una estructuración centralista con el Área Metropolitana de Buenos Aires como eje, la asimetría entre el centro y el resto del territorio es manifiesta. Esta situación es un producto histórico que atraviesa casi todas las actividades económicas y la organización de procesos políticos y culturales. La distribución demográfica del país es el resultado lógico de ello. El siguiente gráfico muestra el acceso a Internet fija cada 100 hogares en 2020 por provincia, lo que representa visualmente las grandes disparidades en que se materializa la brecha geográfica de acceso a TIC en el país.

 

Al finalizar 2020, en nueve provincias argentinas más de la mitad de los hogares carecía de acceso a Internet fija y el porcentaje de hogares con conexión fija variaba muchísimo de provincia en provincia, profundizando desigualdades entre jurisdiciones. Los números son elocuentes: el porcentaje de conectividad cada 100 hogares por provincia tiene a las siguientes debajo del 50%:

 

  • Formosa 32,4%
  • San Juan 36,32%
  • Santa Cruz 37%
  • Mendoza 38,63%
  • Corrientes 42,43%
  • Misiones 42,64%
  • Chaco 43,03%
  • Santiago del Estero 43,75%
  • Catamarca 49,41%

 

A estas provincias se agregan otras seis provincias que se hallaban por debajo del promedio nacional, que a fines de 2020 era de 67% de hogares conectados. Esas seis provincias eran

 

  • La Rioja 50,11%
  • Jujuy 53,46%
  • Salta 54,04%
  • Tucumán 54,78%
  • Entre Ríos 59,47%
  • Río Negro 61,09%

 

Por lo tanto, de las 24 jurisdicciones, sólo nueve se hallaban sobre el promedio nacional de accesos domiciliarios a Internet fija y sólo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires superaba el 85%. El federalismo es un ideal que no se ve representado en la estructuración de la conectividad de banda ancha.

 

Así, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires estadísticamente todos los hogares cuentan con conexión, lo que, obviamente, indica que hay domicilios con más de una conexión y que otros no tienen, y que probablemente el registro de hogares incluya a organizaciones pymes que no figuran como tales en la declaración ante proveedores del servicio; en Formosa sólo tres  de cada diez hogares posee conectividad fija.

 

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Argentina era el segundo país sudamericano con mayor proporción de acceso a banda ancha por habitante, después de Uruguay. No obstante, las diferencias de acceso entre zonas urbanas y rurales al interior de un país con la extensión territorial de la Argentina, junto a las disparidades entre provincias, constituyen problemas de la estructuración de la conectividad en el país.

 

El mapa de distritos más aventajados y más rezagados en el acceso a Internet fija es relativamente estable, aunque presenta cambios en algunas provincias, como San Luis, Jujuy, La Rioja o Mendoza. Un lustro atrás, las diez jurisdicciones con mejores indicadores eran, de mayor a menor, la Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego, La Pampa, la provincia de Buenos Aires, Neuquén, Córdoba, Santa Fe, Río Negro, Entre Ríos y Tucumán, y las diez más postergadas eran, de menor a mayor, San Luis, Santiago del Estero, La Rioja, Formosa, Jujuy, Catamarca, San Juan, Santa Cruz, Chaco, Misiones y Corrientes.

 

Pero es necesario profundizar la consideración de las brechas geográficas desde otra dimensión, que está representada en el siguiente gráfico: la calidad de las conexiones promedio en las provincias y la Ciudad y las grandes diferencias entre ellas, tomando como indicador la velocidad de descarga (Mbps). La heterogeneidad de planes y velocidades de acceso determinan el tipo de prestaciones y usos que un hogar puede realizar con la conectividad (por ejemplo, si la conexión soporta varios dispositivos conectados en simultáneo a un wifi, además de servicios de streaming de video).

 

En este caso, se observan algunos cambios notables en la organización de las provincias con mayores velocidades promedio de bajada respecto del gráfico previo que indicaba la cantidad de hogares conectados, lo que permite apreciar el carácter multifacético de la brecha de acceso, que no sólo refiere a la posesión de abono de conexión, sino, también, a la calidad de los servicios, toda vez que con velocidades reducidas de conectividad hay servicios, aplicaciones y prestaciones que no pueden ser utilizadas por la ciudadanía.

 

 

Las diez provincias más rezagadas en las velocidades de descarga promedio de las conexiones hogareñas fijas son San Juan, Santa Cruz, Chubut, Tierra del Fuego, La Pampa, Santiago del Estero, Mendoza, La Rioja, Formosa y San Luis. Algunas de ellas, como La Pampa, San Luis, Tierra del Fuego y Chubut, se sitúan, sin embargo, entre las que cuentan con mayor penetración relativa de conexiones.

 

El siguiente gráfico expresa esta doble dimensión de la brecha geográfica, considerando el acceso a Internet fija a partir del porcentaje de hogares y las velocidades de descarga. Se constata, así, que algunos distritos de la zona central del país –los más densamente poblados y con economías de mayor escala- lideran el ránking de indicadores tanto de acceso de hogares a conexiones a Internet fija como la velocidad de descarga, mientras que otros –mayormente del noreste y noroeste- se sitúan entre los más rezagados tomando ambos criterios de comparación.

 

 

Por su parte, a diferencia de la brecha relativamente consistente entre jurisdicciones ricas y pobres en materia de conectividad, las provincias patagónicas y de Cuyo, en cambio, muestran una gran alteración entre una capilaridad de la conectividad fija en hogares superior al promedio y una calidad de las conexiones que es inferior al resto.

 

Estos datos, que complementan la evolución de TIC en las últimas dos décadas en el país, cristalizan un panorama de “pobres y ricos” en conectividad que precisa tanto de políticas públicas como de articulación con el sector privado, el cooperativo y el comunitario para superar las brechas geográficas que, junto a las socioeconómicas, hoy postergan la garantía de condiciones de vida digna de millones de argentinas y argentinos.