06|8|2022

Se juegan la paridad y la representación feminista en el Congreso

Las demandas de las mujeres no se traducen en las candidaturas. Un escenario difícil.

Además de definir cómo quedará la correlación de fuerzas, este domingo se pone en juego la posibilidad de consolidar la paridad en el Poder Legislativo nacional y de ganar volumen político feminista en el Congreso. En un campaña electoral en la que la agenda de género no estuvo ni siquiera en un segundo plano para ninguna de las fuerzas mayoritarias, estos desafíos no son una tarea fácil: como vienen señalando Letra P y Ojo Paritario, el fortalecimiento de la representación de mujeres y disidencias no solo depende de que se cumpla el 50%-50% en las listas sino, también, de qué lugar ocupan esas personas en las nóminas.

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Según datos de un relevamiento realizado por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y la Asociación de Defensores y Defensoras del Pueblo de la República Argentina (ADPRA), solo un tercio de las listas de aspirantes al Congreso están encabezadas por mujeres. Entre las 134 boletas para la Cámara de Diputados, sólo 48 son encabezadas por mujeres, lo que equivale al 36,09% de las boletas. En tanto, de 47 listas en carrera para lograr un lugar en el Senado, el porcentaje es aún más magro: 16 (34,4%) llevan a una mujer en primer término. Así, la posibilidad de alcanzar la paridad efectiva en el Congreso parece estar cada vez más lejos.

 

Más allá de los números y la burocracia legislativa, el desafío de consolidar la democracia paritaria y sumar representación feminista en el Congreso llega en un momento fuertemente marcado por la crisis económica y social que la pandemia de COVID-19 puso en evidencia y profundizó de manera completamente desigual; una crisis en la que, en el mundo y en la Argentina, las mujeres resultan las más afectadas. De acuerdo con el Informe Global sobre la brecha de género de 2021 que publicó el Foro Económico Mundial en abril de este año, con la pandemia de COVID-19, el tiempo que se tardará en eliminar la brecha de género global aumentó en una generación: de 99,5 a 135,6 años.

 

Crisis con cuerpo de mujer

 

Según datos de la Mesa Federal de Políticas Económicas con Perspectiva de Género, antes de la pandemia, cinco de cada diez mujeres argentinas participaban en el mercado de trabajo. La cifra descendió a cuatro de cada diez en el segundo trimestre de 2020, pico de la emergencia sanitaria, y la actividad de las mujeres llegó a su nivel más bajo desde 2002. En el peor momento de la crisis, las argentinas perdieron 1.7 millón de puestos de trabajo y, a pesar de los signos de recuperación que comienzan a verse en el horizonte, la recuperación entre mujeres, lesbianas, personas trans y no binarias es más lenta que la de los varones: el informe señala que el empleo masculino está en los mismos niveles que antes de la pandemia (63,6 vs. 63,8), mientras que el de las mujeres aún no logra alcanzar las cifras anteriores a 2020 (44,7 vs. 43).

La crisis no es sólo económica sino, también, de cuidados. La pandemia multiplicó los trabajos domésticos no remunerados que históricamente recaen sobre las mujeres: las cifras oficiales indican que, antes de la pandemia, estas tareas domésticas no remuneradas representaban casi el 15,9% del PBI. Entre el cuarto trimestre de 2019 y el segundo de 2020, la proporción pasó a ser del 21,8%. Esta sobrecarga profundizó las dificultades de las mujeres para acceder y permanecer en el mercado de trabajo: una de cada diez mujeres a cargo de niños y niñas menores de seis años salió del mercado laboral.

 

Frente a este escenario, fortalecer la representación y la participación de feministas en el Congreso es fundamental para garantizar que la recuperación sea con perspectiva de género y construir una democracia más plural, justa y equitativa.

 

* Esta nota fue realizada en el marco de la cobertura conjunta entre Letra P y Ojo Paritario, con el apoyo de Fundación Friedrich Ebert (FES).