24|7|2022

“El desafío es que la paridad no se transforme en un nuevo techo”

12 de noviembre de 2021

12 de noviembre de 2021

La especialista en derechos políticos y electorales habla de las estrategias para superar el 50 y 50 en la representación. Cómo incluir al colectivo LGTTBQI+.

Claudia Catalin es abogada y especialista en gestión pública y en Derechos Políticos y Electorales. Fue secretaria electoral de Santa Fe (2011-2016) e integra el partido Igualdad y Participación (cuyo referente es Rubén Giustiniani) en el Frente Amplio Progresista, la Mesa Ni una Menos, Ojo Paritario y Mujeres por la Paridad. En la víspera de las elecciones de medio término, habló con Letra P sobre los desafíos y las trampas de la paridad electoral.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

-En estas elecciones de medio término prácticamente no se detectan incumplimientos a la Ley de Paridad nacional, pero sí un obstáculo para la paridad efectiva en la falta de mujeres encabezando las boletas. ¿Coincide con este diagnóstico?

 

-Al momento de ir sancionándose las leyes de paridad, tanto a nivel nacional como provincial, sabíamos que con la paridad tal como está establecida -de un modo vertical- no iba a alcanzar para llegar a lo que pretendemos, que es la igualdad real protegida por el artículo 37 de la Constitución Nacional. Y esto porque, además, en otros países donde ya han avanzado con la paridad y se ha estudiado la necesidad de seguir mejorando, se han encontrado alternativas, que es lo que se llama paridad horizontal, para tener una paridad de resultados, que es la que realmente nos interesa. En general, la normativa que se viene aplicando, tanto a nivel nacional como en los niveles provinciales, tiene esta falencia: se cumple la alternancia y la secuencialidad, incluso con variantes, pero en general con la alternancia sola no alcanza, porque, luego de pasadas las generales, cuando se aplican las normas vigentes de distribución de cargos, vamos perdiendo las mujeres, que no encabezan listas.

 

-¿Y cómo se sortean estos obstáculos?

 

-En otros países ha habido variantes de cómo llegar a esta paridad horizontal, por ejemplo, sorteando en qué lugares se eligen varones y mujeres y alternando. Esta podría ser una estrategia, por ejemplo, para el Senado, donde siempre es dos y uno. Entonces, siempre vamos a tener, probablemente, los que encabezan las listas de senadores son varones, vamos a seguir con un tercio representando a las mujeres por las provincias. Ahí podría alternarse: si esta vez entran dos varones y una mujer, la próxima vez debería ser al revés.

 

-Un proyecto de Cristina Álvarez Rodríguez proponía que, ante la necesidad de reemplazo, fuesen siempre mujeres hasta alcanzar la paridad. ¿Sería una estrategia posible?

 

-Esa es otra solución al momento de ya estar integradas las cámaras, porque la ley salió con este reemplazo por género, que nos parecía un avance -y de hecho lo fue-, pero, cuando empezaron a producirse las situaciones de reemplazo, los varones pidieron que una ley de acciones afirmativas a favor del género subrepresentado, o sea claramente las mujeres, se usara también a favor de ellos. Toda la legislación siempre puede mejorarse, porque a partir de la aplicación se van encontrando las falencias. Entonces, entiendo que es correcta esa propuesta de mejorar la Ley nacional de Paridad para que primero lleguemos a la integración paritaria real o la paridad sustantiva y luego empecemos a aplicar esas normas de reemplazo donde ya ingrese el que sigue en el orden de prelación. Si no, los varones piden que les apliquemos el género por género y las mujeres seguimos quedando a la cola. Además, en general, los varones tienen mejores propuestas para irse a los poderes ejecutivos en cargos más importantes. Entonces, los que salen de las cámaras del Congreso son los varones e ingresan otros varones y seguimos en disparidad.

 

-También depende de la voluntad de los partidos políticos. A veces se sigue el orden de prelación y otras se judicializa.

 

-Es así y en ese tema también deberíamos afinar la legislación. Hay que buscarle la vuelta a la redacción de la ley para que sea claramente una acción afirmativa a favor del género y no utilizada según las conveniencias políticas o según el juez que toca en suerte.

 

-¿La paridad puede ser un techo en lugar de un piso?

 

-Me pregunto si no nos estamos construyendo un nuevo techo de cristal o de cemento. El cupo fue un gran paso, la paridad es otro gran paso; la paridad sustantiva o real o de resultados también debe ser un objetivo medio en lo inmediato o a mediano plazo. No obstante, a partir de que la logremos, el desafío es que esto no se transforme en un nuevo techo. Cuando leemos las recomendaciones de los organismos internacionales en materia de paridad, dicen que es una legislación transitoria para lograr la igualdad real. Entonces, una vez que alcancemos esa igualdad real, seguramente los varones van a cuestionar si hay una mujer más o una mujer menos o un varón menos. Esto es algo a trabajar desde ahora, porque ya sabemos que puede suceder. Tenemos que prever que, si hay más mujeres, no se judicialice desde el otro lado pidiendo una aplicación lisa y llana de una ley que, en realidad, pretende poner en igualdad de condiciones, pero, una vez que eso se logra, ya no hacen falta esos mecanismos, sino que realmente hay que tender a una representación paritaria, democrática, con participación de las minorías, que es algo que no podemos olvidar.

 

Las minorías

-¿Qué pasa con la representación de las personas del colectivo LGTTBQI+?

 

-Es un desafío de una democracia verdaderamente representativa incluir a las minorías. Las mujeres estuvimos muy enfocadas en la lucha por nuestra representación, que es la de casi el 51 por ciento de la población, pero esto no quita que hay un paso necesario en favor de integrar a esas minorías del colectivo LGTTBQI+ y hay que ver cómo se da. Debemos estudiar cómo les damos el lugar que corresponde.

 

-De todas las leyes de paridad que hay en las provincias argentinas, ¿cuál es la mejor?

 

-Han ido evolucionando. Las últimas provincias han tenido algunas mejoras respecto de las primeras. La de San Luis, por ejemplo, propone una reparación histórica, porque establece un 50% de participación de mujeres en las listas para cargos legislativos y la disposición transitoria de que para 2021 y 2023 las boletas para la Cámara baja provincial deberán ser encabezadas por mujeres.

 

-¿Qué deberíamos mirar con lupa después del domingo?

 

-Debemos que estar muy atentas en esa integración final y es sustancial promover los liderazgos femeninos. Hay que buscar normativa que no apunte solo a esta legislación electoral de paridad, sino en los otros ámbitos, como se ha trabajado, por ejemplo, en medios de comunicación. En mi provincia, tenemos para los tres poderes del Estado y para los gabinetes y se han presentado proyectos para hacerlo extensivo a los clubes deportivos, a las asociaciones civiles… es necesario seguir ampliando. El desafío es generar estrategias legislativas que tengan incentivos. En lo electoral, por ejemplo, podría ser que en los spots publicitarios de las campañas aparecieran obligatoriamente las dos primeras personas de la lista para darles la posibilidad a las mujeres de visibilizarse o darles más minutos de campaña a las listas encabezadas por mujeres. Es decir, no solamente regular desde lo obligatorio, sino buscar estrategias que nos permitan dar incentivos que hagan atractivo, que le busquemos la vuelta, que las mujeres empiecen a aparecer, a tener estos roles que están en condiciones de tomar, pero que sabemos que las mesas chicas de los espacios de poder son a veces un impedimento para lograrlo.

 

-El acceso a la rosca no se puede legislar.

 

-Cuando las mujeres empiezan a aparecer, a tomar roles y a ser parte del paisaje necesariamente, también empiezan a abrirse esas mesas chicas. Hay algunas que siguen más cerradas que otras, pero en los partidos políticos ya da cierta vergüenza mostrar conducciones sin mujeres. Las mesas chicas son estratégicas y tenemos que lograr que las que estén en las mesas sean verdaderamente representativas de lo que el colectivo de mujeres pretende, que no sean las funcionales.