29|11|2021

El #WandaGate eclipsó la campaña electoral en los medios

19 de octubre de 2021

19 de octubre de 2021

El escándalo de Wanda Nara, China Suárez y Mauro Icardi alteró el clima proselitista. La pasión por el chimento en una sociedad polarizada.

La agenda política argentina quedó suspendida por la novela transmedia protagonizada por Wanda Nara , Eugenia "la China" Suárez y Mauro Icardi.  El Whatsapp explota.  Memes, capturas de pantalla, programas de chimentos en radio y tv con rating anabolizado, acusaciones y rumores suturan lo que la política profesional agrietó: la nueva cohesión social se embandera orgullosa en la trama apasionante del reality show del momento.

 

El público está subyugado por la catarata de revelaciones y chismes de una historia coral, con famosos personajes principales y secundarios, que cuenta con los ingredientes melodramáticos de los mejores casos faranduleros. La multiplicación de comentaristas se explica también por la necesidad de ordenar el enredo circense de vínculos cruzados, pasados ​​y presentes, sobre todo para quienes no pueden estar en el minuto a minuto de la trepidente historia.

 

En plena campaña electoral, monótona en el flujo constante de acusaciones por la responsabilidad del presente con un libreto archiconocido (la culpa es del otro, siempre; las virtudes propias , siempre), el escándalo detonado tras el mensaje de Wanda Nara contra la China Suárez es, paradójicamente, un remanso. Gracias al Wandagate mucha gente se anima a tender puentes de complicidades y bromas con quienes hasta ayer estaba enojada. El chisme (como también el presente exitoso de la selección de fútbol dirigida por Lionel Scaloni ) cumple la función de lubricante social de muchas relaciones acartonadas y encallecidas por posicionamientos en veredas diferentes e incluso en la misma vereda, pero en baldosas diferentes.

 

El riesgo y su representación son el combustible de esta historia que en cuestión de horas desplazó de un plumazo los temas serios de la agenda pública en la Argentina. Wanda Nara, la China Suárez y Mauro Icardi son embajadores de una trama que los precede y los excede: la traición y la culpa, la furia, la vendetta y las negociaciones de quien implora el perdón. Y, como si fuera poco, la incertidumbre del final abierto.

 

Hay varios elementos que funcionan como polos de atracción del caso. Se trata de drama que no es dramático; es, más bien, una representación. Los actores del drama son jugadores y jugadoras que arriesgan, se enfurecen y transgreden límites morales conservadores. Pero, a la vez, son apostadores avezados con billeteras que suavizan las caídas. A pesar de su juventud (sólo Benjamín Vicuña, ex de la China y con un rol secundario en este folletín, supera los 35 años) ya tuvieron muchas parejas, varios hijos, amores y desencuentros, lunas de miel e infidelidades resonantes. Conocen las reglas del comercio de pasiones y de materialidades diversas improvisando un guión que, visto desde la calle, resulta peligroso, trepidente y que da vértigo. Ponerse en la piel de la China, de Wanda, de Mauro: la piel del deseo.

 

El fisgoneo sobre la vida de los famosos es algo atávico y tiene lógica, porque  acerca a las estrellas del  jet set (criollo, en este caso) a las pasiones comunes. Este es el ABC del género chimentero desde hace siglos, con distintos formatos y ansiedades. Los ricos y famosos viajan de París a Milán, hacen compras millonarias y habitan en casas lujosas,sí, pero también ellos, que viven existencias tan exóticas, tienen problemas bien carnales y básicos de "gente como uno".

 

El caso muestra también que la dicotomía entre redes sociales físicas, analógicas y plataformas de redes digitales, o entre estas y los medios de comunicación tradicionales, es falsa. Cuando hay temas de interés, el ecosistema de comunicaciones se vuelca con sus distintos soportes, medios y dispositivos a intentar satisfacerlo. La usina de la tv es amplificada, corregida y potenciada por la intervención de las actrices y los actores de este show con estrategias que, en el caso de Wanda Nara, ya les gustaría tener a los cautelosos planificadores de la propaganda electoral.

 

Descomprimir una realidad muy densa en general (crisis económica, pandemia, pobreza e inflación) a la que mucha gente no encuentra  salida posible, con un tema que no es grietero, apasiona y moviliza tanto emociones como conversaciones. Tal vez haya, de parte de Wanda, de la China y de Mauro una moraleja para el libreto de las campañas políticas.