28|2|2021

Enojo de Kicillof con la Nación

08 de enero de 2021

08 de enero de 2021

La Provincia cuestiona “el decreto que no decreta”, la falta de certezas y los problemas de comunicación de la Rosada. Por ahora, todo sigue igual en la costa.

En el gobierno bonaerense creen que, de una u otra manera, pagarán los costos por las restricciones horarias que el Gobierno nacional recomendó implementar a través de un anunciado y demorado decreto. “Es el decreto que no decreta”, se quejó un funcionario bonaerense ante la consulta de Letra P. Sucede que el texto que delega en los gobernadores la potestad de tomar las decisiones para limitar la circulación nocturno ante el crecimiento de contagios de coronavirus puso en aprietos al gobernador Axel Kicillof, que hace equilibrio entre el sector turístico y los intendentes de los distritos costeros, que pretenden mantener la apertura, y la situación epidemiológica, que demanda restricciones ante el avance del virus. El gobernador, junto al ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, encabezó una reunión de urgencia con jefes comunales de la costa y, juntos, definieron que, por ahora, todo siga igual. El gobernador hará rondas de consultas con el resto de los jefes comunales y, como adelantó este medio, continuará apoyado en el esquema de fases para habilitar o prohibir actividades en caso de considerarlo necesario.

 

“Estamos evaluando las medidas, hoy no vamos a tomar definiciones. Vamos a seguir charlando con los intendentes. No hay ningún tipo de certezas de si se va a aplicar una medida en ese sentido (restricción horaria en la circulación y actividades nocturnas)”, se sinceró Costa durante una improvisada rueda de prensa en el museo MAR en Mar del Plata, luego de la reunión con los jefes comunales. 

 

Lo cierto es que, por estas horas, la administración bonaerense no tiene certezas sobre qué rumbo tomar. El crecimiento exponencial de casos en las últimas semanas, con la temporada de verano a pleno, la decisión de Alberto Fernández dejó más dudas que respuestas a la mesa de decisiones bonaerense, que ahora incluye a los intendentes costeros como consejeros con voz aunque sin voto. 

 

“Es una decisión que va a tomar el gobierno provincial. Las decisiones están para acatarlas”, respondió con algo de desazón el intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro. El jefe comunal es uno de los que lleva adelante la voz cantante de los intendentes ante Kicillof. Junto con su par de La Costa, Cristian Cardozo, empujan para que las decisiones a tomar no afecten la actividad económica en plena temporada estival. Así se lo hicieron saber al inicio de esta semana a Kicillof y parte de su gabinete. Ese es el camino que el bloque costero sigue transitando; por ahora, van ganando. 

 

Kicillof tenía en agenda una nueva reunión este martes con los intendentes de la costa. El encuentro se iba a realizar en Santa Clara del Mar. Pero la urgencia y el traslado de facultades que selló la Nación en el decreto publicado este viernes adelantaron los tiempos. Por ello, en el correr del fin de semana, el gobernador volvería a mantener reuniones con todos los jefes y jefas comunales vía zoom para definir cómo seguir. 

 

Días atrás, en la gobernación bonaerense (que se mudó a la zona costera) admitían que no querían “subirse” a una ola de restricciones, en la que se contaba la circulación. Luego, el anuncio que dio el Jefe de Gabinete de la Nación, Santiago Cafiero, durante una conferencia de prensa este jueves, alteró los planes. Durante toda la jornada de ese día hubo hermetismo, expectativa y –reconocen- problemas en la comunicación presidencial. Sobre todo por mantener el “suspenso” durante más de 24 horas. Este viernes, con el texto del decreto conocido, se alumbró un camino incómodo para Kicillof: el costo político de las decisiones correrá enteramente por su cuenta. Si decide cerrar, abre un frente de conflicto con los intendentes; si continúa con las aperturas, además de correr el riesgo de un estallido sanitario “habrá cedido” a la presión de los jefes comunales. Es el primer cortocircuito fuerte entre ambas administraciones, nacido -afirman en La Plata- en la decisión de la administración central de sacarle el cuerpo y pasarles la pelota a los gobernadores.