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Por 09/03/2020 18:42
Ahora que sí nos ven

“Nosotras movemos el mundo” es una consigna feminista, es el título de las jornadas convocadas por los ministerios de las Mujeres, Géneros y Diversidad y de Cultura y es, también, un dato de la realidad. La convocatoria al cuarto Paro Internacional de Mujeres como medida de visibilización de la desigualdad estructural responde, también, a este concepto.

Para entender las razones profundas de esta medida de fuerza, es necesario hablar del cuidado, un tema clave en la economía feminista que el movimiento de mujeres empuja en la agenda de políticas públicas hace algún tiempo y sobre el que este gobierno parece haber recogido el guante, aún sin medidas concretas.

Hay remeras, pines, carteles en las marchas que citan a la antropóloga feminista italiana Silvia Federici y su frase “Eso que llaman amor es trabajo no pago”. Es que esa frase resume el cuidado, el trabajo doméstico no remunerado, esa labor invisible que realizan las personas que organizan y llevan adelante los hogares (desde las tareas domésticas hasta la atención de niñas, niños y/o personas mayores o dependientes). Son las mujeres quienes dedican, en promedio, tres horas diarias más al trabajo no remunerado que sus pares varones, aún cuando participen activamente en el mercado laboral, detalla el informe Uso del tiempo y economía del cuidado realizado en base a datos de la “Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo” que hizo el INDEC, en 2013. Y no sólo eso: el 90% de las mujeres realiza este tipo de tareas. Estas actividades no se incluyen en el cálculo del Producto Bruto Interno (PBI) de un país.

La única estimación oficial a nivel global sobre la contribución que las tareas de cuidado hacen a la economía la realizó la OIT, sobre la base de encuestas de uso del tiempo en 64 países: por día se dedican 16.400 millones de horas al trabajo no pago. Si estos servicios se calcularan teniendo en cuenta un salario mínimo, representarían el 9% del PBI.

 

 

De acuerdo con un estudio realizado por McKinsey a nivel global, se estima que el trabajo no remunerado de las mujeres representaba a fines de 2015 cerca del 13% del PBI mundial. Ese mismo estudio indica que el 75% del trabajo no remunerado global es realizado por mujeres

La OIT resume que no hay distribución igualitaria entre las horas que varones y mujeres dedican a las tareas de cuidado en ningún país del mundo. Según sus cálculos, cerrar esta brecha llevaría unos 210 años. De hecho, entre 1997 y 2012 disminuyó sólo siete minutos. 

De acuerdo con un estudio realizado por McKinsey a nivel global, se estima que el trabajo no remunerado de las mujeres representaba a fines de 2015 cerca del 13% del PBI mundial.

El reclamo por el reconocimiento de este trabajo invisible, al menos en la Argentina, empieza a tomar forma, aunque no está entre las prioridades del Congreso: a pesar de que hay alrededor de 60 proyectos para revisar el régimen de licencias por maternidad y paternidad, todavía no se votó en ninguna de las dos cámaras. 

En la presentación oficial de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, que depende del Ministerio de Economía, su titular, Mercedes D’Alessandro, adelantó algunos de los datos que publicará su área y que corresponden al cruce de relevamientos ya disponibles: confirma que las mujeres dedican tres veces más tiempo a las tareas domésticas y de cuidado y que eso impacta directamente en sus posibilidades de inserción en el mercado laboral. La cuenta es muy sencilla: si se considera la suma de los trabajos remunerados y no remunerados, las mujeres trabajan más que los varones y ganan menos. Hoy se estima que la brecha es de alrededor del 27%.

En el informe “Empleo y trabajo no remunerado”, elaborado en junio de 2019 por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA en base a los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de 2017 se analizó el “malestar psicológico”, un indicador medido a través de un test sobre síntomas de depresión y ansiedad, y los relacionó con las actividades económicas que realizan las personas en el conurbano bonaerense. Allí, entre las mujeres cuya única actividad es el trabajo doméstico, el 27,8% presenta síntomas de ansiedad o depresión, mientras que entre aquellas que hacen doble jornada, el indicador desciende al 24,4%. El más bajo es para aquellas que sólo se dedican a un empleo remunerado: 10,6%.

Techos de cristal, pisos y paredes pegajosas, todo atrapa a las mujeres y las coloca en situación de desigualdad frente a un mercado laboral que, en una situación de crisis, las incluye más que a los varones, pero sólo porque están más precarizadas y más volcadas al empleo no formal. 

 

 

Desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, ya se anunció un diagnóstico (un “Mapa de Cuidados”) a cargo de la economista Lucía Cirmi Obón, directora de Políticas y Cuidado de esa cartera, que se llevará a cabo con apoyo de la CEPAL. También la articulación de los distintos ministerios y organismos públicos (Desarrollo Social, Economía, Mujeres, Trabajo, Educación, Anses, Pami, AFIP, Agencia Nacional de Discapacidad) en una mesa que trabajará sobre el tema, habla de la necesidad de establecer una agenda de trabajo conjunta para atender estas demandas. Y, desde el Ministerio de Economía, la dirección a cargo de D’Alessandro tiene, entre sus tareas, lograr que el próximo presupuesto tenga perspectiva de género. En la presentación, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, contó que mientras hacían los preparativos para que Guzmán se hiciera cargo de la cartera económica, el futuro ministro pidió específicamente la creación de esta dirección, “antes que la unidad de la deuda”. 

La violencia machista (en estos días se habla de una mujer asesinada cada 23 horas por su condición de género) también se relaciona con la desigualdad económica: la falta de autonomía de quienes realizan el trabajo doméstico no remunerado muchas veces obedece al encierro provocado por una pareja violenta, que abusa y agrede entre las paredes del hogar. Esas mujeres víctimas de violencia no encuentran caminos para salir de ese círculo sin independizarse económicamente. “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, decía la convocatoria al Paro Internacional de Mujeres de 2018. La consigna cobra, cada vez, más vigencia.