Un nuevo estilo de comunicación presidencial

Llegó el gran día. El día en que el presidente Alberto Fernández dio su mensaje presidencial prescripto por el artículo 99, inciso 8, de la Constitución Nacional y, por ello, resulta la actividad más importante, en términos políticos, comunicacionales, jurídicos e institucionales, que en general tienen los presidentes en la Argentina.

 

A lo largo del tiempo, hemos visto y oído discursos presidenciales que han ganado en variedad, que han incorporado temas económicos y que tienen obviamente, ejes políticos e ideológicos.

 

Fernández comenzó a delinear una narrativa propia de comunicación gubernamental, cuando recurrió a ubicarse “del lado del pueblo”. Es importante esta mención, debido a que, en su discurso de asunción, realizó una apelación a la solidaridad como metáfora, versus la meritocracia macrista. Por eso son relevantes las menciones a combatir los privilegios, eligiendo con claridad como rivales a los especuladores y a los que se favorecen con el estado actual de la justicia, sobre todo la federal.

 

La enumeración de los problemas y el esbozo de detener la caída como país tuvo momentos elevados cuando recurrió al concepto de abrazar a la verdad, diciendo no a la revancha. Jerarquizó así uno de los impactos más importantes de los discursos presidenciales: el de actualizar las fidelidades, generando nuevas, definiendo también nuevas agendas de discusión, trasladando a la opinión publica una carga de información que redefinirán, de ahora en más, la manera en la que van a evaluar a este gobierno, que lleva tan solo unos 80 días de gestión.

 

 

 

Siempre sostenemos que la búsqueda y creación de consensos son fundamentales en el devenir de nuestras democracias. Tanto es así, que no entendemos que podamos separar o escindir a la política de la comunicación. ¿Que sería entonces si solo dejamos que las políticas impacten y hablen por sí solas? O bien como hemos visto en gobiernos recientes, que la política haya sido la variable escasa en esa ecuación.

 

El presidente Fernández ha construido un relato conceptual, dirigido al sistema democrático argentino. Tuvo indicios muy fuertes a favor de la legalización del aborto, políticas de género y de generar políticas de inclusión social.

 

 En palabras de Murray Edelman (La construcción del espectáculo político, Ed. Manantial 2002), “el elemento critico en la maniobra política para sacar ventaja es la creación de significado: la construcción de creencias sobre los acontecimientos, las políticas, los líderes, los problemas y las crisis. Siempre la maniobra va a tratar de inmovilizar a la opinión de sectores opositores y de multiplicar la de sectores afines a la política del gobierno”.

 

 

 

Fernández ha redefinido los conflictos que la sociedad argentina va a discutir en los próximos días y meses. Precisamente esa resignificación le permitió presentar, quizás, la reforma más ambiciosa de este discurso: la reforma a la Justicia federal y a los servicios de inteligencia.

 

Resulta imposible no mencionar el contraste con los discursos de su antecesor. A diferencia de Mauricio Macri, Fernández ha elegido un tono sencillo y pedagógico que hasta se vincula con su vocación docente, un tono despojado de espectacularidad y sin grandes estridencias junto con un contenido que ha prescindido casi por completo del uso de metáforas y analogías que tanto gustaban al macrismo. Se trató, en síntesis, de un discurso claro y concreto pero muy decisivo.

 

Si uno analiza este discurso y el discurso durante su asunción se ven muy claramente las primeras señales de un estilo de comunicación presidencial y de un marco político que hasta ahora parecen tener efectos muy positivos en la imagen presidencial. Todos los estudios coinciden en que Alberto mantiene un nivel más que aceptable de consenso social.

 

Sin embargo, ningún acto de comunicación puede escindirse de los actos mismos de gobierno. El mayor desafío del Presidente en los próximos meses será avanzar en una construcción de la realidad social que esté a la par de lo que ofrece discursivamente. El éxito de esta primera etapa de su gobierno seguramente será definido por lograr que ambas dimensiones coincidan lo más que se pueda.

 

La comitiva oficial en el vuelo que los regresó a la Argentina. 
Pedro Puerta y el mate, el símbolo de su partido, Activar Misiones. 

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