El candidato demócrata a presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, se acercaba al número mágico de 270 para llegar a la Casa Blanca tras ganar estados claves frente a Donald Trump, pero el republicano denunció fraude e inició varios procesos judiciales sobre el recuento de votos.
Georgia es el otro estado que prevé tener el cierre del escrutinio hoy y, si bien ahí la ventaja es para el republicano, ese cabeza a cabeza es cada vez más estrecho.
Trump, de 74 años, dejó claro que no aceptará la derrota sin cuestionarla tanto en lo discursivo como en lo judicial. "Ganamos esta elección", dijo desde la Casa Blanca el miércoles, cuando denunció que había habido "fraude".
La campaña de reelección del mandatario republicano interpuso demandas en Michigan, Pensilvania y Georgia y pidió un recuento en Wisconsin.
Sin declararse vencedor, Biden dijo el miércoles que confiaba en ganar la presidencia y subrayó que "cada voto debe contarse", en una breve declaración en su feudo de Wilmington, Delaware.
El recuento de votos siempre sigue después del día de las elecciones en Estados Unidos, y la mayoría de los estados tiene sus propias reglas sobre cuándo debe terminar.
Para el caso de las presidenciales, esto debe ser siempre antes de la fecha de diciembre en que se reúne el Colegio Electoral, que se fija por ley federal.
Varios estados aceptan votos por correo después del día de las elecciones, incluyendo Pensilvania, donde esos sufragios se reciben hasta tres días después de los comicios.
Los demócratas históricamente superan a los republicanos en la votación por correo, mientras que los republicanos suelen recuperar terreno el día de la votación.
Algunos estados cuentan primero los votos presenciales y luego los emitidos por correo, como Michigan y Wisconsin, lo que explicaría por qué Biden pasó al frente ayer en ambos luego de que Trump sacara allí una gran ventaja inicial anoche al comienzo del escrutinio.
El presidente republicano se impuso en Florida, el más grande de los estados decisivos, pero Biden dio vuelta Arizona, un estado que no votaba por el candidato presidencial demócrata desde hace un cuarto de siglo, según proyectaron los principales medios.
Las elecciones, al igual que la campaña, estuvieron marcadas por la histórica pandemia de coronavirus que ya dejó cerca de 233.000 muertos y devoró millones de empleos en Estados Unidos.