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Se impone una modificación de las PASO en la Provincia

Se impone una modificación de las PASO en la Provincia

14/11/2020 11:13

Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias fueron concebidas en 2009 como una herramienta para jerarquizar y fortalecer a los partidos políticos a través de la participación ciudadana y se trata de un sistema que dio, en algunos casos, muy buenos resultados. Permitió consolidar coaliciones electorales y dotar de vigor y legitimidad a determinadas candidaturas, evitando las definiciones “a dedo”. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que así como en determinadas situaciones son un valioso mecanismo para dirimir postulaciones, en otras se convierten en un ejercicio ocioso, que sólo funciona como una gran encuesta y que implica para el Estado, y sobre todo para los ciudadanos, enormes costos económicos y también riesgos institucionales.

Sin ir más lejos, basta ver el mapa electoral de 2019. En el ámbito nacional, ningún partido político presentó en las PASO más de un precandidato presidencial. Lo mismo ocurrió en la jurisdicción bonaerense: de las nueve fuerzas que participaron de las PASO, ninguna dirimía en esa instancia su candidatura a gobernador, ya que todas llevaban un solo precandidato. Los bonaerenses tuvieron que ir a votar pero sin posibilidad de elegir. Aunque parezca un juego de palabras, fueron elecciones sin elección. En cualquier de las fuerzas políticas en cuya interna decidiera participar el ciudadano, no había más que una sola alternativa.

En los cargos locales, también hubo PASO con precandidatos a intendente únicos en 48 municipios, es decir, más de un tercio de los 135 distritos bonaerenses. Se trató deuna elección en la que no se elegía nada. De los 87 municipios restantes, 48 sólo tuvieron interna en una sola fuerza política, 26 en dos agrupaciones, y sólo en 13 distritos hubo una competencia entre precandidatos en tres o más espacios políticos. Esto significa que las PASO sirvieron efectivamente para dirimir candidaturas en unos pocos casos.

Al evaluar esa radiografía del último proceso electoral, se impone con naturalidad preguntarnos por qué no se realizan las primarias sólo en aquellos casos en los que exista una real competencia entre precandidatos. De esa manera, se preservaría el espíritu de esa institución electoral, pero sólo se aplicaría en las situaciones en las que tenga verdadero sentido. En esta dirección apunta un proyecto que hemos presentado en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires para la definición de candidaturas provinciales y locales. Sin intentar ir más lejos de lo que nos corresponde, quizá pueda ser un modelo que también valga la pena debatir en el orden nacional.
 


Los sistemas electorales no pueden encorsetarse en estructuras rígidas e inamovibles. Por el contrario, deben ser analizados y readecuados a la luz de la experiencia y de las realidades históricas. En ese sentido, nuestro país exhibe un dinamismo de su sistema electoral que, analizado en perspectiva, ha resultado vanguardista. Permitió incorporar tempranamente el  sufragio secreto y obligatorio (en 1912), el voto de la mujer (en 1947) y, últimamente, el sufragiopara jóvenes de entre 16 y 18 años (en 2012). En otro plano, la reforma constitucional del 94 incorporó cambios en la arquitectura institucional, entre ellos la figura del ballotage. En esa línea de dinamismo e innovación se incorporaron las PASO en 2009. Pero su aplicación en las últimas cinco elecciones (desde 2011 hasta 2019 inclusive) justifican una reapertura del debate para mejorar el sistema.

El fortalecimiento de los partidos exige, a esta altura, que el mecanismo de elecciones internas no quede desvirtuado y que no se desnaturalice el objetivo con el que fueron concebidas las primarias. No se debería ignorar, por otra parte, que en el último proceso electoral el resultado nacional de las PASO tuvo un efecto colateral no previsto: provocó una turbulencia institucional que derivó en un clima de inestabilidad política y económica a poco más de dos meses de que se celebraran las elecciones generales. Fue una elección abstracta que, sin embargo, produjo un terremoto de incertidumbre que tensionó los equilibrios político-institucionales.

No se trata, en definitiva, de descartar el sistema de las PASO sino de reformularlo a partir de la experiencia. Esa adecuación incluiría, entonces, la proclamación automática de candidatos cuando se dé el caso de que todos los partidos presenten listas únicas. Entre otras modificaciones, proponemos además que la provincia de Buenos Aires tenga la facultad de desdoblar sus primarias de la nacional. Eso permitiría que los bonaerenses puedan elegir a sus candidatos locales sin el “arrastre” de postulaciones nacionales y concentrándose en el debate de los asuntos provinciales y municipales.

También creemos que la obligatoriedad de las PASO (en caso de haber más de un precandidato) debería mantenerse para los partidos, no para los ciudadanos. Los electores deberían decidir libremente si participan o no en la interna de una determinada fuerza política. Y proponemos una reforma adicional: eliminar el piso electoral del 1,5% de los votos emitidos en las PASO que se les exige a los partidos para participar de la general. Alcanza con el requisito de avales y adhesiones para presentar candidaturas.

Es evidente que el sistema merece revisiones y adecuaciones que eviten su desnaturalización y contribuyan, a la vez, a la estabilidad institucional y a la cuidadosa utilización de fondos públicos. Sería tan erróneo tirar las PASO por la borda como mantenerlas como están.