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Sin lugar para los héroes: medios y escándalo en las filtraciones del Lava Jato

Desde que se conocieron las conversaciones entre los fiscales y el ex juez y actual ministro Moro, la cobertura en Brasil giró entre la cautela y la defensa del gobierno. Se esperan nuevas escuchas.

Sin lugar para los héroes: medios y escándalo en las filtraciones del Lava Jato

04/07/2019 10:01

Un relevamiento realizado por Manchetômetro, proyecto de la Universidad de Río de Janeiro (UERJ), encontró que los tres principales diarios de tirada nacional, (Folha, Estadão y O Globo) publicaron 449 notas sobre el tema hasta el 30 de junio. De ese total, el 27% fueron artículos críticos con el medio que realizó las filtraciones, The Intercept, 32% críticos con el ex juez Sergio Moro o el proceso Lava Jato y el 41% neutras o ambivalentes. La mayor parte de las notas con tono crítico hacia The Intercept se publicaron en O Globo.

 

 

En Jornal Nacional (Globo), el informativo televisivo más influyente del país que se emite en horario central, el énfasis de la cobertura recae en la defensa que realiza el ministro sobre la imparcialidad del proceso Lava Jato, y las acusaciones hacia The Intercept, cuestionado por publicar información fruto del accionar de hackers y organizaciones criminales.

Aunque en términos generales Globo no mantiene relaciones cordiales con el gobierno de Jair Bolsonaro –de hecho, a partir de este año dejó de ser la principal destinataria de la publicidad oficial, que el gobierno aumentó en un 63%, y quedó segunda detrás de la nueva favorita, Record–, en este caso la televisora cerró filas con el gobierno y se aisló en una defensa férrea de Moro y todo lo actuado en el Lava Jato. Ante esto, algunos analistas consultados piensan que Globo, temerosa de próximas filtraciones que puedan comprometer a sus ejecutivos y periodistas, defiende a Moro como una forma de autodefensa.

Rede Record, otra cadena nacional de televisión abierta, conocida por haber introducido telenovelas de temática bíblica en decenas de países del mundo, incluido el nuestro, está vinculada a una rama de la Iglesia Evangélica y funciona como sustento y escudero mediático incondicional del presidente Bolsorano. En el caso de las filtraciones, Record cuestionó la forma en que fue obtenido el material y no ahorró descalificaciones personales contra Glenn Greenwald, el periodista norteamericano fundador del portal, y su familia.  

Culpar al mensajero para encubrir el mensaje requirió criminalizar a The Intercept, descalificar su investigación, intentando conducir a la opinión pública hacia la idea de que hubo un crimen en la forma de conseguir los diálogos revelados. Así, analiza Renata Mielli, coordinadora del Foro Nacional por la Democratización de las Comunicaciones, más que llevar claridad, las relevaciones instalaron una “disputa de narrativas” con escaso impacto en la opinión pública. Algunos actores del mundo judicial y de la política ahora cuentan con elementos para cuestionar un proceso cuya parcialidad ya se sospechaba. Pero la alta complejidad del tema siembra confusión y descreimiento entre la población.   

 

 

Rápidos de reflejos, a dos días del escándalo, los diarios Estadão y Folha, ambos defensores desde la primera hora de proceso Lava Jato –inclusive de muchas de sus irregularidades–, se despegaron de Moro. Estadão publicó una editorial donde pide su renuncia hasta que la situación se aclare, mientras que Folha calificó como “promiscuas” las relaciones entre el magistrado y la fiscalía. 

La popular revista Veja (de línea habitualmente conservadora y antipetista) afirmó desde su portada que “diálogos comprometedores con el Ministerio Público, con claras transgresiones a la ley, deconstruyen la imagen de Sergio Moro, el gran héroe del Lava Jato”.

La primera publicación del portal de internet The Intercept se realizó el domingo 9 de junio y tomó a todos por sorpresa. Recién al día siguiente los principales medios tradicionales pudieron dar cuenta, de forma cautelosa al comienzo, sobre lo que se pensó sería una bomba política, que sin embargo no termina de explotar.

Se trató de una de las pocas veces en que “los medios hegemónicos no eran protagonistas de la agenda nacional. Fueron sorprendidos por una agenda sobre la que no tenían control”, analiza el profesor de la Universidad de São Paulo Laurindo Leal Filho.

El Lava Jato, un proceso judicial que desde 2014 investigaba el esquema de corrupción entre empresarios y actores del mundo de la política, había aportado la novedad de enviar a prisión a pesos pesados de ambos lados del mostrador. En algún sentido, como señala Renata Mielli, “se instaló como parte del sentido común de la lucha contra la corrupción”.

El problema con el escándalo de las filtraciones es que ponen en duda la imparcialidad en las actuaciones del ex juez Moro. Para Paulo Victor Melo, doctor en Comunicación y docente de la Universidad Federal de Alagoas, las revelaciones hechas por The Intercept “dejan en evidencia que el Lava Jato es, en esencia, una operación política con fines ideológicos y de proyectos de gobierno, trasvestida de investigación por supuestos crímenes”. A partir de algunos focos de corrupción descubiertos, la estrategia consistió en focalizar en el Partido de los Trabajadores (PT) con el objetivo de “barrer el espacio progresista de la política brasileña”, afirma el investigador.

“El Lava Jato no tenía posibilidades de éxito sin el apoyo de los medios de comunicación privado-comerciales”, sostiene Melo. Resta ver el rol que asumirán en esta nueva etapa de orfandad, donde la sombra de la duda se extiende como una mancha sobre el poder Judicial, el empresariado, los políticos (oficialismo y oposición) y probablemente los propios medios, demasiado cuestionados para ser el relevo de Moro en el Olimpo de los héroes.