X
El ministro busca que los acuerdos salariales no incluyan aumentos automáticos atados a la inflación e imponer la "revisión", que el año pasado dejó pérdidas de poder adquisitivo del 12% al 13%.
Por 10/01/2019 18:56

La herramienta de la que el Gobierno se sirvió en sus primeros dos años de gobierno para compensar automáticamente, aunque no sin conflicto, el desfasaje entre los aumentos de salarios y los índices de inflación, está cerca de llegar a su fin. En el Ministerio de Producción y Trabajo ya tienen tomada la decisión tomada de eliminar la claúsula gatillo de las futuras negociaciones salariales y reemplazarlo por acuerdos de revisión, que ya se empezaron a utilizar durante el año pasado.

La medida es un guiño a las cámaras patronales, que siempre se opusieron a una mecánica que gatillaba aumentos y que reclaman que, en todo caso, deberán estar atados a la productividad antes que a la evolución de la inflación. El cambio está en línea con la política que impulsa el secretario de Trabajo, Lucas Fernández Aparicio, que este año intentará acotar las negociaciones salariales y de condiciones de trabajo a la evolución productiva de cada sector.

La implementación de cláusulas de actualización inmediata se estableció durante los primeros dos años del gobierno de Cambiemos -sobre todo en 2017- como forma de flexibilizar los acuerdos salariales frente a la desconfianza generalizada del mundo gremial ante los pronósticos oficiales de inflación. La historia le dio la razón a los pruritos gremiales pero, al mismo tiempo, la brutal pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores muestra la efectividad oficial para reducir los costos salariales.

Los datos del Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC) publicados en diciembre muestran un derrumbe significativo en los salarios frente a una inflación que este año cerrará por encima del 47%. Los últimos datos publicados por el organismo muestran que de octubre de 2017 al mismo mes de 2018, los salarios de los trabajadores estatales perdieron un 13,2%, mientras que los privados un 12,4%. Si se los compara con octubre de 2015, el retroceso es del 18,5% y del 14,9%, respectivamente.

 

 

Estos resultados fueron posibles porque prácticamente ninguno de los acuerdos paritarios cerrados durante este año terminó por encima del número final de inflación, que superó ampliamente todos los pronósticos públicos o privados. Bancarios, petroleros y aceiteros estuvieron en el podio de los mejores acuerdos, aunque todos ellos quedaron por debajo del 47%.

La excepción fueron los ferroviarios, que en los primeros días de enero remataron el acuerdo de 2018 con un aumento de 46,7%. La Unión Ferroviaria de Sergio Sasia y La Fraternidad, de Omar Maturano, encabezaron una negociación con la empresa del Estado Trenes Argentinos Operaciones que van a intentar replicar con el resto de las empresas del sector. 

Quienes también tienen chances de romper la tendencia a la baja son los trabajadores de Aerolíneas Argentinas que, justamente, reclaman un pago del 6,5% correspondiente a septiembre que, aseguran, la empresa debe abonar por la claúsula gatillo. Ese desembolso pondría los salarios por encima del 40% interanual (septiembre-septiembre) y habilitaría la apertura de la mesa que negocie la recomposición para este año.

Desde la cartera de Producción esperaban que la pauta salarial para el año que viene orillara el 23%, algo que ahora está en duda. Pese a que ya cerraron dos acuerdos salariales en esa cifra, el porcentaje quedó prácticamente descartado por los anuncios oficiales de aumentos  en los servicios públicos y el transporte, que irán del 25% a 55%, algo que convirtió en una misión imposible cualquier tipo de negociación salarial con ese techo.

Enterrar para siempre la cláusula gatillo, el plan Sica para las paritarias 2019

El ministro busca que los acuerdos salariales no incluyan aumentos automáticos atados a la inflación e imponer la "revisión", que el año pasado dejó pérdidas de poder adquisitivo del 12% al 13%.

La herramienta de la que el Gobierno se sirvió en sus primeros dos años de gobierno para compensar automáticamente, aunque no sin conflicto, el desfasaje entre los aumentos de salarios y los índices de inflación, está cerca de llegar a su fin. En el Ministerio de Producción y Trabajo ya tienen tomada la decisión tomada de eliminar la claúsula gatillo de las futuras negociaciones salariales y reemplazarlo por acuerdos de revisión, que ya se empezaron a utilizar durante el año pasado.

La medida es un guiño a las cámaras patronales, que siempre se opusieron a una mecánica que gatillaba aumentos y que reclaman que, en todo caso, deberán estar atados a la productividad antes que a la evolución de la inflación. El cambio está en línea con la política que impulsa el secretario de Trabajo, Lucas Fernández Aparicio, que este año intentará acotar las negociaciones salariales y de condiciones de trabajo a la evolución productiva de cada sector.

La implementación de cláusulas de actualización inmediata se estableció durante los primeros dos años del gobierno de Cambiemos -sobre todo en 2017- como forma de flexibilizar los acuerdos salariales frente a la desconfianza generalizada del mundo gremial ante los pronósticos oficiales de inflación. La historia le dio la razón a los pruritos gremiales pero, al mismo tiempo, la brutal pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores muestra la efectividad oficial para reducir los costos salariales.

Los datos del Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC) publicados en diciembre muestran un derrumbe significativo en los salarios frente a una inflación que este año cerrará por encima del 47%. Los últimos datos publicados por el organismo muestran que de octubre de 2017 al mismo mes de 2018, los salarios de los trabajadores estatales perdieron un 13,2%, mientras que los privados un 12,4%. Si se los compara con octubre de 2015, el retroceso es del 18,5% y del 14,9%, respectivamente.

 

 

Estos resultados fueron posibles porque prácticamente ninguno de los acuerdos paritarios cerrados durante este año terminó por encima del número final de inflación, que superó ampliamente todos los pronósticos públicos o privados. Bancarios, petroleros y aceiteros estuvieron en el podio de los mejores acuerdos, aunque todos ellos quedaron por debajo del 47%.

La excepción fueron los ferroviarios, que en los primeros días de enero remataron el acuerdo de 2018 con un aumento de 46,7%. La Unión Ferroviaria de Sergio Sasia y La Fraternidad, de Omar Maturano, encabezaron una negociación con la empresa del Estado Trenes Argentinos Operaciones que van a intentar replicar con el resto de las empresas del sector. 

Quienes también tienen chances de romper la tendencia a la baja son los trabajadores de Aerolíneas Argentinas que, justamente, reclaman un pago del 6,5% correspondiente a septiembre que, aseguran, la empresa debe abonar por la claúsula gatillo. Ese desembolso pondría los salarios por encima del 40% interanual (septiembre-septiembre) y habilitaría la apertura de la mesa que negocie la recomposición para este año.

Desde la cartera de Producción esperaban que la pauta salarial para el año que viene orillara el 23%, algo que ahora está en duda. Pese a que ya cerraron dos acuerdos salariales en esa cifra, el porcentaje quedó prácticamente descartado por los anuncios oficiales de aumentos  en los servicios públicos y el transporte, que irán del 25% a 55%, algo que convirtió en una misión imposible cualquier tipo de negociación salarial con ese techo.