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Trump volvió a poner sobre la mesa la solución militar para Venezuela. Sus aliados en la región optaron por ir a la Justicia Internacional. Maduro apuesta al vínculo con China y su pacto con las FFAA
Por 30/09/2018 12:19

¿Es posible una invasión de Estados Unidos a Venezuela, como sugirió el presidente Donald Trump? Nada puede descartarse en esta etapa del mundo que el primer mandatario uruguayo, Tabaré Vázquez, caracterizó en la Asamblea anual de la ONU como “un manicomio atendido por sus pacientes”, aunque observando el escenario regional y los antecedentes del propio republicano, no sería esa la opción más probable.

Por el contrario, aunque acompañando la postura antichavista de Estados Unidos, los países del llamado Grupo de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Paraguay y Perú) denunciaron al Estado venezolano por “crímenes de lesa humanidad” ante la Corte Penal Internacional con sede en La Haya, organismo cuestionado por Trump en la ONU, en el marco de su crítica general al “globalismo” y la defensa de las políticas nacionalistas.

Es que, como lo han reiterado en otras oportunidades frente a sugerencias similares, los presidentes de la región, aún cuando se muestran fuertemente hostiles a Caracas, rechazan una intervención militar extranjera que, suponen, traería más violencia e inestabilidad al subcontinente, más allá de su “éxito” o no en destronar a Nicolás Maduro.

 

 

En el fondo, hay una fuerte contradicción entre los mandatarios del Grupo Lima y Trump. Todos ellos son adalides del libre mercado y de la globalización y tienen fuertes lazos políticos con Estados Unidos, pero ese país, paradójicamente, desde la asunción de Trump dejó de lado esos valores y promueve en cambio el proteccionismo y el nacionalismo y, en materia de relaciones exteriores, se desmarca de la diplomacia tradicional y apuesta al vínculo personal, que puede mutar de amigo a enemigo en cuestión de segundos.

Como con todo, nos vamos acostumbrando, pero en otro contexto resultaría difícil de analizar cómo una reunión Trump-Maduro fue una posibilidad cierta en el marco de la Asamblea de la ONU en Nueva York pero sobre todo en el marco de que el mandatario norteamericano aumentaba las sanciones contra Venezuela (presuntas cuentas bancarias de la cúpula gobernante incluidas) y sugería la invasión como “una opción más”, mientras que el bolivariano respondía con la tradicional retórica antiyanqui y menciones a la doctrina Monroe.

Nada comparado con los intercambios que cruzaron vía redes sociales Trump y el coreano Kim Jong-un, quien pasó rápidamente de ser el “hombre cohete” a “mi amigo” y “un hombre encantador” para desesperación de las burocracias diplomáticas y del periodismo político. Por cierto, las dos Coreas están avanzando, patrocinadas por este aval de EE.UU., en acercamiento inédito que podría llevar a la desnuclearización de la península

Hasta ahora, pese a la retórica belicista, Trump ha disparado menos bombas que su antecesor, el Nobel de la Paz Barack Obama, y su fórmula parece ser más parecida a la lógica vandorista del sindicalismo argentino: “pegar para negociar”. Por caso, quienes conocen profundamente la relación chino-estadounidense desde la visita de Richard Nixon en 1972, descartan de plano que la guerra comercial pueda derivar en un conflicto militar, al menos en el corto plazo. Afirman que dentro del sistema del cual los dos son parte, son muchos los terrenos en los que EE.UU. y China cooperan como para permitirse romper el sistema.

En consecuencia, los antecedentes de Trump en la materia y la posición contraria de los países de la región hacen difícil imaginar un desembarco de marines en las costas venezolanas. La alternativa más cercana podría ser, en cambio, un incentivo a una rebelión de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que hasta ahora –gran participación en el Gobierno y en los negocios estatales mediante– ha sido clave para el sostenimiento de Maduro, con una posición casi uniforme de respaldo al chavismo gobernante.

 

 

Por caso, fue público que Trump se reunió semanas atrás con ex militares venezolanos para analizar la posibilidad de una insurrección para derrocar a Maduro. Hay que tener en cuenta, además, que en la vecina Colombia –con la lucha contra el narcotráfico como justificativo– hay bases y tropas estadounidenses que, aunque no entren en combate directo, podrían servir de apoyo logístico y que hay un debate internacional sobre si la situación venezolana califica o no como “crisis humanitaria”, algo que Caracas resiste porque podría habilitar el ingreso de organismos internacionales al país incluso sin el beneplácito de su gobierno.

En esa línea, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU –presidido por la ex presidenta chilena Michelle Bachelet- adoptó el jueves último una resolución sobre Venezuela en la que pide al gobierno de Maduro “aceptar la ayuda humanitaria” para solucionar los problemas de “escasez de alimentos, medicamentos y suministros médicos”.

La votación en el organismo fue de 23 votos a favor de la resolución con solo 7 en contra y 17 abstenciones, pero entre los pocos votos en contra, hubo uno clave que en el Palacio de Miraflores creen es garantía contra cualquier intromisión militar norteamericana: China. Ese país, jugosos contratos petroleros mediante, se está convirtiendo en el gran protector del régimen chavista e incluso, según palabras del propio Maduro, podría servir de modelo a la Revolución Bolivariana en cuanto a su sistema político.