18|1|2022

Muy a pesar de los que sostienen el fin de la TV abierta y hablan de su crisis debido a la “revolución de las plataformas digitales”, esta pantalla sigue siendo el medio de mayor consumo en el país.

“Prácticamente todos los argentinos miran televisión y lo hacen a través del televisor como soporte principal”. Esta conclusión pertenece a la Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2017, una iniciativa del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), aplicada por la consultora Ibarómetro en el primer semestre de 2017, sobre un total de 2.800 casos en varios centros neurálgicos del país. Si bien lo publicado constituye un adelanto, ya que falta el desglose de los datos más detallados por sector, se pueden apreciar resultados sobre los consumos culturales de radio, música grabada y en vivo; diarios; libros; revistas; películas y series; cine; teatro; prácticas digitales; cultura comunitaria; videojuegos, como también patrimonio.

 

En lo que a televisión se refiere, indica que el 95,3% de los hogares argentinos la ven. Lo hacen en su mayoría (54%), a través de pantallas digitales Smart TV. A su vez, el promedio diario de consumo de TV es de tres horas y cuarto. Datos que parecieran contradecir aquello que comúnmente leemos o escuchamos y que nos hablan cuando no de “la crisis de la TV”, directamente de su muerte.

 

Es cierto que la “pantalla chica” de hoy no es la misma de aquella que en blanco y negro, allá por 1951, inauguró las primeras transmisiones de la televisión de aire (hertziana/analógica). Hubo una profunda transformación que fue incorporando todas las plataformas con las que el mundo accede a la televisión: en 1963, comienzan en el interior cordobés los primeros desarrollos de la TV por cable y en la década de los noventa de la TV satelital. La TV de pago introduce la segmentación de la audiencia televisiva; la televisión digital terrestre, si bien conoce sus primeras experiencias en 1997, tiene su apertura oficial y  diversos niveles de desarrollo desde 2009, en lo que se conoce (poco) como Televisión Digital Abierta (TDA). La televisión por internet (IPTV o Web TV), tuvo que esperar a mediados de la primera década de este siglo para comenzar, favoreciendo por un lado la movilidad, es decir la posibilidad de ver la TV en otras pantallas, así como la tendencia a la desprogramación (la “televisión a la carta”).

 

En cada una de estas plataformas la televisión ha tenido un desarrollo desigual, es decir, hubo transformación y evolución en algunos sectores, pero también crisis y estancamiento en otros, como es en el caso de la televisión abierta, generalista y programada; en cambio la TV de pago, en particular la TV por cable, tuvo un crecimiento notable e imprimió su sello al  conjunto del sistema.

 

El mercado de la TV paga crece en América Latina, pero moderadamente. Los tres principales países son México, Brasil y Argentina, el primero lo es en volumen de suscriptores, y el nuestro a nivel de penetración: el 83% de usuarios ven TV a través el cable, desigualmente por región, ya que en el centro y sur del país, existen zonas con un 90% de penetración, en cambio en el noroeste y nordeste, hay provincias que alcanzan la mitad de esos guarismos. Brasil se encuentra estancado desde finales de 2014 (LAMAC). Argentina está entre los países con mayor penetración de televisión paga del mundo, y a esto contribuyó el hecho de que a gran parte de la población no le llegan los canales de aire por lo que si no contratan un cable no pueden siquiera ver la TV.

 

A fines de 2016 se confirmó la operación de compra del canal Telefé a Telefónica por parte del grupo Viacom, por la no despreciable suma de  US$ 345 millones (cash). Tal como señaló en su momento Martín Becerra (LetraP 13/10/16), esta operación no fue la que abrió la prometida “lluvia de inversiones” anunciada por el gobierno de Cambiemos, tampoco detuvo el proceso de pérdida de influencia de la TV en relación a otros medios, en particular sobre los siguientes aspectos: la ruptura del contrato de programación vertical hacia una audiencia relativamente pasiva; la migración de una parte significativa de la audiencia hacia otras plataformas, sobre todo la población más joven; la irrupción de una competencia que opera a escala global; la retracción del volumen de ingresos publicitarios, que declina menos que el encendido pero lo hace de modo constante en los últimos quince años; una pérdida de centralidad, influencia y prestigio de la TV en los estratos dirigentes -en particular, la dirigencia política-, que ya no se sienten obligados a rendirle pleitesía para la construcción de su imagen pública.

 

Estos factores favorecen la imagen de una televisión abierta que parece vetusta y reiterativa, como en un estado de “hibernación” del que el rating es testigo lapidario, muy pocos programas logran dos dígitos y se apuesta cada vez más a los formatos enlatados. Hay también una baja del encendido, el 2017, con un acumulado de 23,1 entre los cinco canales, fue el año de encendido más bajo de los últimos 13 para los canales de aire (Marcelo Stiletano, La Nación 29/04/18).

 

Esta situación se explica por las características del mercado en el que se desarrolló la TV argentina, de alta concentración, conglomeral en general y cuasi monopólica en la industria del cable, tendencia que se acentuará si finalmente la CNDC termina aprobando la fusión CableVisiónTelecom. La casi anomia histórica en políticas públicas de comunicación, o como desde 2015, iniciativas políticas que favorecen el proceso de concentración de medios por parte de actores internacionales o locales como el Grupo Clarín, terminan de completar el panorama.

 

La TDA, anunciada en 2009 por el gobierno de Cristina Fernández como una posible solución a la alta penetración (y precio) de la TV por cable y las pocas opciones que brinda la TV generalista, prácticamente se paralizó con la asunción al gobierno de Mauricio Macri. Hay menos canales en su plataforma y se despidió casi 200 trabajadores que estaban en su mayoría abocados a la producción de contenidos.

 

La televisión por internet, sea en su versión IPTV o Web TV posee un desarrollo limitado, entre otras razones, por el relativo atraso que existe en infraestructura, en particular a nivel de banda ancha. Esto es también avalado por la encuesta de referencia: La gran mayoría de los argentinos mira programas televisivos en el momento y por el canal desde el cual son emitidos… Sólo una minoría (8%) los mira en otro momento, en páginas de Internet...”  Este dato se desprende de un último aspecto a considerar como es el desigual reparto de la riqueza en el país, ya que el uso de las nuevas plataformas, como You Tube o Netflix, está muy condicionado por el nivel socioeconómico, su uso es del 53% en el NSE alto, y del 5% en el NSE bajo.

 

En síntesis, la TV no ha muerto, pero tampoco podemos gritar ¡Viva la TV!.