Yendo de la sala al living: actores de cine en la pantalla chica

Qué hay detrás de la migración de varias estrellas de Hollywood a la TV. Producciones de calidad, salarios competitivos, emprendimientos detrás de cámara y la búsqueda del amor de las audiencias.

Desde hace tres décadas la industria de la televisión enfrenta cambios estructurales en la forma de distribuir y producir contenidos. Con la evolución de internet y el surgimiento de servicios de TV bajo demanda como Netflix, Hulu o Amazon, se dinamizaron los circuitos productivos y la creación de ficciones registra un incremento sostenido en la última década.

 

En esa estadística, las estrellas son las series, que desde la aparición de las señales premium en los noventa se convirtieron en el formato más explotado de la TV. La principal referencia es la industria estadounidense, de donde provienen las cadenas que lideran el mercado global. En 2017, como sucede cada año desde hace una década, se produjeron más ficciones que nunca con un total de 487 series, según un reporte de FX Networks Research. Esa cifra representa un incremento del 69% respecto al último lustro y las proyecciones estiman que seguirá en ascenso.

 

 

 

En medio de este escenario de sobreproducción, hay varios fenómenos que definen esta nueva Edad de Oro de la televisión. Uno de los más llamativos, por no registrar precedentes, es la participación de actores consagrados en el circuito del cine hollywoodense en series televisivas.

 

Los ganadores del Oscar Matthew McConaughey, Nicole Kidman, Reese Witherspoon, Anthony Hopkins y Kevin Spacey, y otros como Robin Wright, Woody Harrelson, Mandy Moore, Kevin Bacon y Dwayne The Rock Johnson son algunas de las caras más visibles de esta tendencia en los últimos años. La lista continúa con casi 50 actores que se suman a un salto entre pantallas que antes estaba mal visto en la industria, porque se consideraba que las producciones televisivas distaban de las cualidades técnicas e interpretativas del séptimo arte. Sin embargo, cada vez son más las figuras que se apartan del prejuicio y aceptan roles protagónicos en proyectos de HBO, Netflix, FOX, Hulu y Amazon, cadenas que empujan este fenómeno.

 

Detrás de los saltos entre pantallas

 

El surgimiento de las señales premium significó principalmente una nueva veta comercial para los programadores. Pero en la búsqueda de rasgos preferenciales también se convirtió en una posibilidad para los guionistas de explorar historias de mayor densidad, con personajes y temas más realistas. Ese sería el embrión de las grandes producciones del cable que, desde Los Sopranos y TheWire hasta BreakingBady Game of Thrones resignificarían el estándar cualitativo de la TV.

 

Pese a que fue TheShield (FX) la primera en fichar a dos actores destacados del cine (Glenn Close y Forest Whitaker) a comienzos de los 2000, House of Cards (Netflix) y True Detective (HBO) fueron las series que se convirtieron en referentes de este fenómeno. La primera, que contó con Spacey y Wright en un doble rol de protagonistas y productores y con David Fincher como director, fue el proyecto que impulsó a Netflix como productor de contenidos a nivel global. Mientras que True Detective, protagonizada por McConaughey y Harrelson, se destacó por su montaje y puesta en escena cinematográficos y la marcada influencia de sus guionistas y directores en el desarrollo de los personajes.

 

 

 

Ambas tuvieron buenos resultados en la crítica y en niveles de audiencia, e incluso protagonizaron los Emmys y los Globo de Oro en tiempos de Mad Men y Breaking Bad. La clave, además de los buenos actores y personajes, se debe a la gran calidad de estas series. Según McConaughey, lo que lo motivó a trabajar en la pantalla chica fue “la calidad de la TV actual. La TV está elevando la barra de calidad de la serie dramática basada en personajes. ¿Dónde más consigues introducir un personaje tan pacientemente en la pantalla?”, dijo en una entrevista. En esa misma línea, Cuba Gooding Jr., que interpretó a O.J. Simpson en American CrimeStory (FX), señaló en el evento Serie Mania de 2016 que mientras que “en una película tienes que sacrificar la historia de fondo y el desarrollo del personaje, en la TV realmente puedes dejar que el público siga el viaje contigo”.

 

Pero no solo la calidad ha servido como atractivo para las estrellas del cine. Un dato destacable es el aumento en los salarios de la TV en los últimos años. De acuerdo con Variety y TV Guide, se registró un incremento en el promedio de ingreso de los diez actores mejor pagos en series de TV (Estados Unidos) de 237.000 dólares en 2007 a 715.000 por dólares episodio en 2017. Otra veta que han encontrado algunas figuras es la posibilidad de aventurarse en proyectos detrás de cámara. En esta lista, además de Spacey, ahora desvinculado de Netflix por una serie de denuncias por acoso sexual y Wright, se cuentan a Reese Witherspoon y Nicole Kidman (Big Little Lies, HBO), Dwayne The Rock Johnson (Ballers, HBO), Ashton Kutcher (TheRanch, Netflix) y Woody Allen (Crisis in SixScenes, Amazon), entre otros.

 

En paralelo, más allá de los atributos favorables para los actores en este proceso, lo cierto es que la volatilidad de las audiencias también contribuye a desdibujar las barreras entre pantallas. Como señala la crítica Mary McNamara del LA Times, “los actores, escritores y directores, como la mayoría de la población, siguen el amor. Y ahora mismo, el público está enamorado de la televisión. Verdaderamente, locamente, profundamente y de maneras difíciles de sostener en el cine o el teatro”. Así, desde el punto de vista de los realizadores, esta representa una estrategia significativa para generar tracción de audiencias mudando algunas figuras de renombre de la sala del cine al living o a la multiplicidad de espacios donde se consume la TV.

 

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