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Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia dispuesto a un cambio radical, desde lo económico a lo político. Tendrá mayoría en el Congreso, pero por ahora niega una reforma para la reelección.
Por 02/12/2018 11:01

Más como antisistema, que no lo es, que como izquierdista, que tampoco lo es del todo, Andrés Manuel López Obrador asumió este domingo como nuevo presidente de México y prometió darle a su mandato una impronta histórica. “No inicia un cambio de gobierno, es un cambio de régimen político. Una transformación política y ordenada, pero al mismo tiempo pacífica y radical”, dijo AMLO.

No es baja la vara que se pone el flamante mandatario. México es un país tan atrapado en las redes violentas del narcotráfico que la palabra “mexicanización” se usa como calificativo para países que están envueltos en el mismo problema. La mano narco se puede visualizar, por ejemplo, en el asesinato de más de cien dirigentes políticos durante la pasada campaña electoral y en el emblemático –pero no único– caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa.

Para enfrentarlo, AMLO ha prometido la conformación de un nuevo cuerpo armado, la Guardia Nacional, y ha defendido al ejército mexicano que, a diferencia de sus pares latinoamericanos, no ha participado de ninguna sublevación de 1938 para acá. “El ejército nunca ha dado un golpe de Estado a una autoridad civil. Se ha nutrido del pueblo raso, es pueblo uniformado…En México no se sabe de militares que formen parte de la oligarquía y tienen el respaldo de la opinión pública”, afirmó.

 

 

La corrupción es otro de los puntos que deberá atender AMLO, consciente del hastío de gran parte de la sociedad mexicana con la muestra de dinero mal habido que caracteriza a la dirigencia política mexicana y que llevó a la cárcel o a la fuga a al menos 16 ex  gobernadores. “¡No tengo derecho a fallarle al pueblo de México! Nada material me interesa y no me atrae la parafernalia del poder. Estoy consciente de la gran expectativa que tienen los mexicanos”, afirmó en uno de los pasajes más fuertes de su discurso de asunción.

AMLO está en política desde que se acuerda, pero se ha caracterizado siempre por un perfil austero que lleva a que muchos mexicanos puedan contar que se lo han cruzado en puestos de comida callejera o verlo en su auto particular de media gama sentado al lado del chofer. En esa línea, antes de asumir ya se comprometió a bajar el salario presidencial a la mitad, al igual que el de los funcionarios que lo acompañarán en la gestión y que no vivirá en la residencia presidencial de Los Pinos, sino que continuará habitando su vivienda.

La pobreza es el tercero, aunque no menos importante ítem que enfrentará la gestión del líder del Morena. Según sus propias estadísticas, México tiene a poco menos de la mitad de sus 120 millones de habitantes sumidos por debajo de esa línea. El paisaje de desigualdad clásico de Latinoamérica se percibe claramente en un país que, por el volumen de su economía, es la segunda de la región y la 13° del mundo, con fuertes contrastes entre su clase alta –el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, es mexicano- y los sectores populares: el 1% de su población posee el 43% de la riqueza.

 

 

AMLO culpó al neoliberalismo por la situación económica del país, aunque siempre lo asoció con la corrupción y el mercado mexicano no espera políticas hostiles.

La mirada está puesta en el funcionamiento del nuevo acuerdo de comercio firmado con Estados Unidos y Canadá en remplazo del NAFTA. Los especialistas consideran que, aunque cedió a Donald Trump en el rubro de la industria automotriz, AMLO –que participó de la negociación a través de un representante junto al mandatario saliente, Enrique Peña Nieto– logró consolidar la soberanía energética del país y así lo destacó en su discurso: desde el 1 de enero entrará en vigor la zona libre a lo largo de la frontera con territorio norteamericano. “Será la zona libre más grande del mundo y allí se cobrará lo mismo de impuesto y los energéticos costarán los mismo que en los estados fronterizos de Estados Unidos. Esta será una cortina de bienestar para nuestros compatriotas”, aseguró.

El desafío es mayúsculo y la polarización también está presente en México, donde la mitad que no lo votó teme por una posible deriva autoritaria y el abuso de una mayoría pocas veces vista en el Congreso. “Que quede muy claro, no voy a buscar la reelección”, señaló. La opción está vetada en la Constitución pero, si su gobierno resulta exitoso, la tentación de la reforma estará presente.

Los tres grandes desafíos de AMLO: pobreza, corrupción y narcotráfico

Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia dispuesto a un cambio radical, desde lo económico a lo político. Tendrá mayoría en el Congreso, pero por ahora niega una reforma para la reelección.

Más como antisistema, que no lo es, que como izquierdista, que tampoco lo es del todo, Andrés Manuel López Obrador asumió este domingo como nuevo presidente de México y prometió darle a su mandato una impronta histórica. “No inicia un cambio de gobierno, es un cambio de régimen político. Una transformación política y ordenada, pero al mismo tiempo pacífica y radical”, dijo AMLO.

No es baja la vara que se pone el flamante mandatario. México es un país tan atrapado en las redes violentas del narcotráfico que la palabra “mexicanización” se usa como calificativo para países que están envueltos en el mismo problema. La mano narco se puede visualizar, por ejemplo, en el asesinato de más de cien dirigentes políticos durante la pasada campaña electoral y en el emblemático –pero no único– caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa.

Para enfrentarlo, AMLO ha prometido la conformación de un nuevo cuerpo armado, la Guardia Nacional, y ha defendido al ejército mexicano que, a diferencia de sus pares latinoamericanos, no ha participado de ninguna sublevación de 1938 para acá. “El ejército nunca ha dado un golpe de Estado a una autoridad civil. Se ha nutrido del pueblo raso, es pueblo uniformado…En México no se sabe de militares que formen parte de la oligarquía y tienen el respaldo de la opinión pública”, afirmó.

 

 

La corrupción es otro de los puntos que deberá atender AMLO, consciente del hastío de gran parte de la sociedad mexicana con la muestra de dinero mal habido que caracteriza a la dirigencia política mexicana y que llevó a la cárcel o a la fuga a al menos 16 ex  gobernadores. “¡No tengo derecho a fallarle al pueblo de México! Nada material me interesa y no me atrae la parafernalia del poder. Estoy consciente de la gran expectativa que tienen los mexicanos”, afirmó en uno de los pasajes más fuertes de su discurso de asunción.

AMLO está en política desde que se acuerda, pero se ha caracterizado siempre por un perfil austero que lleva a que muchos mexicanos puedan contar que se lo han cruzado en puestos de comida callejera o verlo en su auto particular de media gama sentado al lado del chofer. En esa línea, antes de asumir ya se comprometió a bajar el salario presidencial a la mitad, al igual que el de los funcionarios que lo acompañarán en la gestión y que no vivirá en la residencia presidencial de Los Pinos, sino que continuará habitando su vivienda.

La pobreza es el tercero, aunque no menos importante ítem que enfrentará la gestión del líder del Morena. Según sus propias estadísticas, México tiene a poco menos de la mitad de sus 120 millones de habitantes sumidos por debajo de esa línea. El paisaje de desigualdad clásico de Latinoamérica se percibe claramente en un país que, por el volumen de su economía, es la segunda de la región y la 13° del mundo, con fuertes contrastes entre su clase alta –el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, es mexicano- y los sectores populares: el 1% de su población posee el 43% de la riqueza.

 

 

AMLO culpó al neoliberalismo por la situación económica del país, aunque siempre lo asoció con la corrupción y el mercado mexicano no espera políticas hostiles.

La mirada está puesta en el funcionamiento del nuevo acuerdo de comercio firmado con Estados Unidos y Canadá en remplazo del NAFTA. Los especialistas consideran que, aunque cedió a Donald Trump en el rubro de la industria automotriz, AMLO –que participó de la negociación a través de un representante junto al mandatario saliente, Enrique Peña Nieto– logró consolidar la soberanía energética del país y así lo destacó en su discurso: desde el 1 de enero entrará en vigor la zona libre a lo largo de la frontera con territorio norteamericano. “Será la zona libre más grande del mundo y allí se cobrará lo mismo de impuesto y los energéticos costarán los mismo que en los estados fronterizos de Estados Unidos. Esta será una cortina de bienestar para nuestros compatriotas”, aseguró.

El desafío es mayúsculo y la polarización también está presente en México, donde la mitad que no lo votó teme por una posible deriva autoritaria y el abuso de una mayoría pocas veces vista en el Congreso. “Que quede muy claro, no voy a buscar la reelección”, señaló. La opción está vetada en la Constitución pero, si su gobierno resulta exitoso, la tentación de la reforma estará presente.