LETRA P EN BRASIL. entrevista

"Los grupos identitarios no organizados privilegian el discurso anticorrupción"

Para el politólogo Javier Amadeo, hay un corrimiento a la derecha de la sociedad brasileña que privilegia el discurso anticorrupción y punitivo por encima de las cuestiones sociales.

SAN PABLO (Enviado) "Creemos que entendemos todo hasta que la realidad viene a golpearnos la puerta", dice Javier Amadeo, licenciado y doctor en Ciencias Políticas, sentado en el café de la Librería Cultural en esta ciudad.

 

Amadeo hizo su carrera de grado en la Argentina y hace 20 años vino a San Pablo a hacer un posgrado, se enamoró de una brasilera y se quedó aquí, donde además es profesor en Teoría Política en la Universidad Federal de San Pablo.

 

Después de comentar los golazos que hizo Benedetto para Boca en el partido de ida contra Palmeiras -hay pasiones que el tiempo no borra-, expone su mirada, desde la ciencia política, sobre la particular elección presidencial del domingo.

 

 

- ¿Como analiza el escenario político actual?

 

- Es un escenario muy complejo, porque hasta hace poco tiempo nadie imaginaba esta situación. Venimos de cuatro elecciones donde la polarización fundamental ha sido entre el Partido de los Trabajadores y el Partido Social Demócrata brasilero, con dos proyectos alternativos, uno más liberal, como el del PSDB, y otro más orientado a la inclusión social, como el del PT. En 2013 empezó a vislumbrarse en la sociedad un proceso de insatisfacción bastante grande que se inició con el aumento de las tarifas de transporte y después, en 2014, con sectores de las clases media y media alta en contra del gobierno de Dilma Rouseff y a favor de su destitución, que finalmente se da en 2016. A partir de ese momento, hay un proceso de polarización muy fuerte y un avance muy marcado de una ola conservadora desde el punto de vista político y de las propuestas sociales que ahora, en los últimos meses, se ha consolidado en torno a la figura de Jair Bolsonaro. 

 

- ¿Hay una explicación desde la ciencia política a aquellos que simpatizaban con Lula y, ante su ausencia en la elección, optaron por Bolsonaro?

 

- Es difícil de explicar. Está demasiado cercano el fenómeno para poder entenderlo con claridad. Se percibe un corrimiento conservador de la sociedad, una intolerancia con determinadas cuestiones. Eso estuvo muy instigado por los grandes medios de comunicación durante más de dos años, con una campaña muy fuerte contra el PT con el tema de la corrupción que supuestamente encarna este partido. Entonces hay sectores que naturalmente votarían al PT o votarían una alternativa que no fuera de derecha que pueden llegar a confluir en un voto anticorrupción, un voto antisistema, antipolítica que lo representa Bolsonaro a pesar de que hace treinta años que es diputado federal. 

 

Con la destitución de Dilma Rouseff “se inicia un proceso de polarización muy fuerte y un avance muy marcado de una ola conservadora.”

-La adhesión que recoge Bolsonaro es heterogénea.

 

-Aparece la cristalización del voto ideológico contra el PT de quienes creen que las políticas de distribución de renta del gobierno de Lula fueron lo que llevó a la actual crisis y, por otro lado, otro perfil que se cristaliza en los respaldos a Bolsonaro es un voto conservador, fundamentalmente de los adherentes a las iglesias evangélicas, donde aparece esta cuestión de la familia tradicional, de los valores tradicionales, de las minorías de identidad sexual, etcétera. 

 

- Y en ese marco, ¿cómo se explica el voto de las minorías y las mujeres a Bolsonaro?

 

- Dentro de los sectores identitarios más organizados claramente hay un rechazo. Campañas de mujeres contra Bolsonaro, campañas de las minorías sexuales, afrodescendientes… Pero hay otros casos donde aparece el predominio de la lógica anticorrupción contra la lógica de una represión a un movimiento gay, afrodescendiente, etcétera. Por ese lado, puede explicarse por la primacía del voto antipolítico en sectores de esos grupos identitarios que están menos organizados, que no tienen vínculos orgánicos con los grupos que defienden esos derechos y esos valores. El voto anticorrupción traspasa sin hacer diferenciación entre los gays que son anticorrupción y los que no lo son. En los sectores menos politizados puede pegar más fuerte ese discurso frente a las declaraciones racistas o misóginas de Bolsonaro. 

 

- ¿Empieza a vislumbrarse una grieta entre una elite politizada y sectores populares despolitizados?

 

- Efectivamente, los sectores más politizados quieren llamar la atención sobre los importantes riesgos que enfrenta la democracia con el eventual triunfo de Bolsonaro. Cuando uno pregunta a las personas más despolitizadas que manifiestan su voluntad de votar a Bolsonaro cuál es la propuesta, cuál es el proyecto económico, cuál es la política educativa que ese candidato va a llevar adelante, aparece una cosa extremadamente difusa, a punto tal que el programa electoral del candidato es vago, genérico, sin ningún tipo de definición en las áreas más importantes de la política nacional. Aparece ahí un discurso antisistema: “Eso no es tan importante, después se verá; lo importante es sacar al PT, que se termine el robo generalizado y lo demás aparece en segundo plano". 

 

 

 

- ¿Cuánto influye la inseguridad en el respaldo a Bolsonaro?

 

- Hay un claro voto, más que por la inseguridad, por una manera de abordar ese problema, que es a través de políticas más duras, como bajar la edad de imputabilidad o aumentar la represión en las calles. Es una política que está siendo llevada adelante hace muchos años en Brasil, que ha mostrado un fracaso estrepitoso en varios estudios específicos sobre la violencia, criminalidad… y también aquí aparece un discurso extremadamente vago. 

 

“Probablemente estemos asistiendo al fin de un ciclo político, pero una de las consecuencias del crecimiento de Bolsonaro ha sido el reagrupamiento de fuerzas populares.”

 ¿Es inevitable el agotamiento con ciertos procesos políticos o determinados líderes?

 

- En cierto sentido hay un agotamiento. Todos los procesos políticos y sociales tienen momentos de agotamiento, pero también de renovación. Probablemente estemos asistiendo al fin de un ciclo político, pero eso no implica que vayamos a tener que afrontar los próximos diez años una ofensiva de derecha y de retroceso de derechos adquirido. Una de las consecuencias del crecimiento de Bolsonaro ha sido el reagrupamiento de fuerzas populares, progresistas, un aumento de la militancia, un llamado de atención sobre la fragilidad de las instituciones democráticas en el sentido de que nunca se puede estar tranquilo en esa lucha. - Los gobiernos populistas del siglo XXI avanzaron mucho en el aumento del consumo de los sectores populares, pero no en el aspecto de las reformas estructurales. ¿Eso explica también este fin de ciclo?

 

- Si. Se produjo una incorporación muy importante de sectores sociales, pero se dio fundamentalmente a través del mercado, no a través de una incorporación vía ciudadanía, sino vía consumo, de aumento de renta, pero no como un derecho a la salud, a la educación… Fue una incorporación bastante pasiva, con el objetivo de incorporar a amplios sectores al consumo de productos que antes eran exclusivo de sectores medios y altos. Eso no llevó a una organización mayor de los sectores populares. Es una de las causas que explican el éxito del golpe contra Dilma Rouseff, con movilizaciones bastante bajas en su defensa. Es una crítica que hay que hacer respecto de los procesos vividos en América Latina en la última década. 

 

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