Elecciones 2017

Vidal se despega de Massa y busca frenar la unidad PJ en la nueva Legislatura

Cambiemos analiza cómo dividir un virtual bloque de Unidad Ciudadana e imagina un acuerdo con un sector de intendentes y legisladores desmarcados de CFK. El fin de la doble firma en Diputados.

El oficialismo bonaerense ya piensa en los próximos dos años de gobierno y convivencia política con la oposición. La estrategia es evitar, otra vez, que el peronismo/kirchnerismo fusione sus bancadas y, a partir de ahí, tender puentes solo con un sector de este espacio: puntualmente, con intendentes y legisladores que no ven a Cristina Fernández de Kirchner como conductora.

 

Desde 2015, la gobernadora María Eugenia Vidal eligió al diputado nacional y líder del Frente Renovador, Sergio Massa, como aliado en la Legislatura. Condicionada por ser la primera minoría y no alcanzar el quórum propio, la mandataria optó por un espacio que no le iba a traer mayores problemas, siempre y cuando le garantizara distintos cotos de poder. Cambiemos cumplió, cedió terreno ante la fuerza del ex intendente de Tigre –en un acuerdo que también incluyó a los cuatro diputados del GEN de Margarita Stolbizer- y el Frente Renovador le votó todas las leyes. Ahora, con una Legislatura que tendrá mayor presencia vidalista, el acuerdo caducará y la alianza oficialista ya piensa cómo seguir. Por su parte, el GEN perderá representación legislativa. 

 

El fin del acuerdo (Massa-Vidal) implica, también, dar por terminado el sistema de doble firma en la conducción de la Cámara de Diputados bonaerense

El fin del acuerdo implica, también, dar por terminado el sistema de doble firma en la conducción de la Cámara de Diputados bonaerense. Más allá de esta decisión, el mecanismo del doble comando no es algo que preocupe a Cambiemos. Si los resultados electorales se asemejan a lo que pasó en las elecciones primarias del 13 de agosto, el bloque que responde a Vidal llegaría a 44 integrantes, quedando a dos votos del quórum propio. Y la elección de las autoridades se realiza mediante mayoría simple, es decir, la mitad más uno. Entonces, con algunas bancadas aliadas todo será mucho más fácil.
Sin embargo, el escenario ideal que el oficialismo empieza a dibujar es otro. Vidal quiere que Cambiemos acuerde con un grupo de intendentes que hoy juegan para Unidad Ciudadana, pero que en definitiva son peronistas, y que eso arrastre a los legisladores. 

 

Actualmente, en la Cámara de Diputados el peronismo está dividido en tres bloques, al igual que en el Senado. Del tridente de bancadas, a la que menos le impactará el recambio legislativo es a la de La Cámpora/Unidad Ciudadana, que podría tener más escaños para negociar lugares, a diferencia de lo que pasó en los primeros dos años del gobierno de Vidal, cuando se convirtió en una férrea oposición e intentó negociar el nombre del Defensor Pueblo para ubicar a la diputada nacional Fernanda Raverta y chocó contra el ex ministro del Interior Florencio Randazzo y los intendentes -que por ese entonces eran un tándem-, que lograron posicionar en esa oficina al ex diputado sciolista Guido Lorenzino

 

 

Por su parte, las dos fuerzas restantes – los bloques Frente para la Victoria-PJ y  Peronismo para la Victoria- podrían llegar a ser actores clave. En estas elecciones legislativas, una jugó con Randazzo (Peronismo para la Victoria) y la otra, con Unidad Ciudadana. Si Cambiemos prescinde de Massa, tiene en esas bancadas a los socios que necesita. Con este escenario, el titular del PJ bonaerense, Fernando Espinoza, insinuó el domingo pasado que, a partir de octubre, las bancadas estarán todas juntas. Fue, más que nada, una expresión de deseo. Hay diputados que no quieren saber nada con volver a compartir bancada con el kirchnerismo más puro. “Veremos qué hacen, pero yo en ese bloque con La Cámpora no voy a estar”, le dijo a Letra P un legislador al que le quedan todavía dos años de mandato e ingresó en 2015 con la boleta del FpV. 

 

Ahí es donde apuntará la mira Cambiemos. No para sumarlos a sus bloques, sí para romperlos y evitar una gran bancada de corte peronista opositora. “El fin del acuerdo con el Frente Renovador no implica que no haya otros acuerdos. ¿Por qué no podemos tender puentes con los intendentes?”, explicó ante este medio un diputado oficialista que recibe llamados desde la Casa de Gobierno.  

 

FIRMA Y ACLARACIÓN. La doble firma fue el artilugio al que recurrió el gobierno peronista para no perder el control administrativo de la Cámara. Funciona desde antes del recambio legislativo de 1997, cuando el PJ, con Eduardo Duhalde en la gobernación, perdió las elecciones parlamentarias. Fue, además, una medida preventiva para no ceder el poder ante la llegada de la Alianza a la Cámara de Diputados. 

 

La fuerza que le ganó al PJ, que no perdía una elección desde 1985, se convertía en la mayoría y su llegada al poder alertaba a varios caudillos peronistas. Entonces, antes del desembarco, creó la doble firma. 

 

En una primera etapa, la doble firma le permitió al peronismo no perder el control administrativo de la Cámara. Francisco Ferro por la Alianza era presidente, mientras que Osvaldo Mércuri –peronista- el Vice. Después el mecanismo le vino bien  al PJ para descomprimir las tensiones de poder interna. 

En una primera etapa, la doble firma le permitió al peronismo no perder el control administrativo de la Cámara. Francisco Ferro, por la Alianza, era presidente, mientras que Osvaldo Mércuri –peronista-, el vice. Después, el mecanismo le vino bien al PJ para descomprimir las tensiones de poder internas. 

 

Desde 2003, la vicepresidencia legislativa con poder de decisión siempre fue para el sector peronista que no conseguía la conducción. Por ejemplo, cuando Horacio González presidió la Cámara en el período 2007-2009, el vicepresidente del cuerpo era Julián Domínguez. Así, se compensaba al peronismo del interior con Domínguez como número dos. 

 

Luego, todavía con González en la presidencia, la vice fue para La Cámpora y el por entonces camporista José Ottavis. La agrupación K controlaba los gastos de Diputados y bajaba con fuerza al territorio. A Ottavis le sirvió para reconstruir la JP-La Cámpora. También cercaba al entonces gobernador, Daniel Scioli. Con la salida del peronismo de la conducción, Cambiemos optó por darle la conducción de la Cámara al Frente Renovador en una presidencia rotativa

 

Era el primer año de gobierno y la autoridad número uno fue para el ex ministro de Economía bonaerense de los gobiernos de Duhalde primero y Carlos Ruckauf después Jorge Sarghini. Se eligió un diputado de extrema confianza de Massa y dialoguista que daba con el perfil exacto para el cargo. La vicepresidencia fue para el vidalista Manuel Mosca, que desde fines del año pasado conduce la Cámara y, por cómo asoma el escenario, seguiría en ese lugar. Esa decisión igualmente será de Vidal.

 

DICIEMBRE Y DESPUÉS. En el medio de todo este berenjenal está la discusión del Presupuesto bonaerense 2018. Si la ley de leyes no se sanciona antes del recambio legislativo -10 de diciembre-, Cambiemos entrará en un terreno incierto.  El costo para el oficialismo sería más bajo si se aprobara con la actual composición de las cámaras. El massismo, en este esquema, tendría mayores pretenciones.

 

 

 

Un diputado vidalista fue tajante cuando Letra P lo consultó por el fin del acuerdo con Massa. “Quieren hacer todos los esfuerzos para votar el presupuesto antes de diciembre; después de esa fecha saben que no tienen mucho para ofrecer”, contestó sobre sus pares del massismo. 

 

Salomónico, Mosca le dijo a Letra P en una entrevista que no creía que “el hecho de tener una mayor cantidad de legisladores” modificase la visión de Cambiemos “acerca de lo importante que es escuchar a la oposición, dialogar y tener consensos”. Lo consensos existirán, pero con otros protagonistas. 

 

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