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El regreso a la Cancillería de un menemista que negó la extradición de Astiz

Fue un hombre clave durante los diez años de Guido Di Tella. Cuando Carlos Ruckauf fue canciller tuvo que echarlo como su vice por renovarle el pasaporte diplomático a Ramón Hernández, su ex socio.
Por 29/05/2017 20:15

Por segunda vez desde la recuperación democrática, un diplomático de carrera llega a la conducción del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. La primera fue la embajadora Susana Ruiz Cerruti, sobre el final de la presidencia de Raúl Alfonsín, y el segundo resultó anunciado este lunes, como reemplazante de la renunciante Susana Malcorra. Se trata del hasta ahora embajador en Francia, Jorge Marcelo Faurie, uno de los primeros diplomáticos que, recuerdan dentro de la Casa Rosada, conoció a Mauricio Macri cuando asumió el 10 de diciembre de 2015. Aunque la máxima especialidad del sucesor de Malcorra es el ceremonial, en la función política dentro del Palacio San Martín llegó a ser el vicecanciller de Carlos Federico Ruckauf durante el interinato de Eduardo Duhalde en 2002, aunque tuvo que ser enviado a Portugal por una denuncia en su contra de la Oficina Anticorrupción. Durante el semestre que tuvo el cargo de viceministro, Faurie fue el encargado de negar la extradición del marino Alfredo Astiz, requerido por la justicia francesa por el secuestro, asesinato y desaparición de Dagmar Hagelin y las monjas Leonie Duquet y Alice Domón. Astiz cayó preso durante diciembre de 2001 y cuando Duhalde concluyó la saga de cinco presidentes en una semana, escuchó los consejos de Ruckauf y Faurie para continuar con la política del menemismo,  mantenida por Fernando De la Rúa, de negar la extradición de genocidas.

No fue la única mácula del especialista en Ceremonial bajo el interinato de Duhalde. En julio de 2002, la Oficina Anticorrupción, entonces a cargo de José Massoni, lo denunció por “omisión maliciosa” por ocultar su sociedad con Ramón Hernández, ex secretario personal de Menem. Faurie participó del directorio de Costes S.R.L., un emprendimiento pensado para abrir un restaurante mexicano en el salón Tattersall del Hipódromo de Palermo. Según acusó Massoni, cuando Faurie tuvo el cargo de ceremonial por segunda vez en su carrera, le renovó el pasaporte diplomático a Hernández. Lo hizo en noviembre de 1999 por cinco años, aunque el funcionario beneficiado tenía que devolverlo cuando concluyera sus funciones como secretario del entonces presidente. “Ramoncito” nunca restituyó el pasaporte y la denuncia que hizo Massoni obligó a la remoción de Faurie.

Fue el fugaz regreso a una influencia que supo detentar durante casi todo el menemismo, bajo la jefatura del entonces canciller Guido Di Tella, que estuvo al frente del Palacio San Martín entre febrero de 1989 y diciembre de 1999. Durante esos diez años, Faurie protagonizó una ambiciosa carrera. Fue consejero en la embajada argentina en Santiago de Chile, luego secretario General del ministerio, después ocupó el cargo de director nacional de Ceremonial para pasar a la Jefatura de Gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores y recalar nuevamente en el cargo de Ceremonial. Tras la crisis de 2001, se transformó en la mano derecha de Ruckauf, un vínculo que también amasó en La Plata, como “adscripto” de la gobernación bonaerense.

Durante los años en los que mayor poder concentró (tanto en la gestión de Di Tella como con Ruckauf), Faurie se codeó con el entonces subsecretario de Relaciones Institucionales, Fulvio Pompeo, que también tuvo en sus manos una dirección nacional en la materia. Pompeo es actualmente el secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia y uno de los principales asesores de Macri en materia de política exterior. Aunque depende directamente del jefe de Gabinete, Marcos Peña, dentro del Palacio San Martin le adjudican un poderoso rol como control de gestión de Malcorra, una influencia que siempre fue resistida por la renunciante canciller, que este lunes dimitió por “razones personales”.

Criado al calor de las “relaciones carnales” con Estados Unidos que comandaron Menem y Di Tella en los 90, Faurie volverá al Palacio San Martin el 12 de Junio, esta vez como canciller, para comandar una nueva etapa de las relaciones con la Casa Blanca, actualmente habitada por Donald Trump.

Con el desembarco del nuevo ministro en el piso 13 de la Cancillería, crece la influencia de Pompeo en esa cartera, aunque el designado jefe del Palacio San Martín cuenta con una relación directa con Macri. Cuentan en la Rosada que ese vínculo no es tan viejo como el que lo une con Pompeo, sino que data de la fugaz presidencia del senador Federico Pinedo. En esas doce horas, durante la accidentada transición entre Cristina Fernández de Kirchner y Macri, Faurie habría jugado un papel que se ganó los elogios del jefe del Estado y de la primera dama, Juliana Awada. Esa tarea le prodigó el envío a la embajada en París, donde trabajó para los encuentros de Macri con el ex presidente francés François Hollande. Mientras tejía diálogos con el flamante mandatario Emanuel Macrón, Faurie recibió la convocatoria para ocupar un cargo que ambiciona desde hace dos décadas.

El regreso a la Cancillería de un menemista que negó la extradición de Astiz

Fue un hombre clave durante los diez años de Guido Di Tella. Cuando Carlos Ruckauf fue canciller tuvo que echarlo como su vice por renovarle el pasaporte diplomático a Ramón Hernández, su ex socio.

Por segunda vez desde la recuperación democrática, un diplomático de carrera llega a la conducción del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. La primera fue la embajadora Susana Ruiz Cerruti, sobre el final de la presidencia de Raúl Alfonsín, y el segundo resultó anunciado este lunes, como reemplazante de la renunciante Susana Malcorra. Se trata del hasta ahora embajador en Francia, Jorge Marcelo Faurie, uno de los primeros diplomáticos que, recuerdan dentro de la Casa Rosada, conoció a Mauricio Macri cuando asumió el 10 de diciembre de 2015. Aunque la máxima especialidad del sucesor de Malcorra es el ceremonial, en la función política dentro del Palacio San Martín llegó a ser el vicecanciller de Carlos Federico Ruckauf durante el interinato de Eduardo Duhalde en 2002, aunque tuvo que ser enviado a Portugal por una denuncia en su contra de la Oficina Anticorrupción. Durante el semestre que tuvo el cargo de viceministro, Faurie fue el encargado de negar la extradición del marino Alfredo Astiz, requerido por la justicia francesa por el secuestro, asesinato y desaparición de Dagmar Hagelin y las monjas Leonie Duquet y Alice Domón. Astiz cayó preso durante diciembre de 2001 y cuando Duhalde concluyó la saga de cinco presidentes en una semana, escuchó los consejos de Ruckauf y Faurie para continuar con la política del menemismo,  mantenida por Fernando De la Rúa, de negar la extradición de genocidas.

No fue la única mácula del especialista en Ceremonial bajo el interinato de Duhalde. En julio de 2002, la Oficina Anticorrupción, entonces a cargo de José Massoni, lo denunció por “omisión maliciosa” por ocultar su sociedad con Ramón Hernández, ex secretario personal de Menem. Faurie participó del directorio de Costes S.R.L., un emprendimiento pensado para abrir un restaurante mexicano en el salón Tattersall del Hipódromo de Palermo. Según acusó Massoni, cuando Faurie tuvo el cargo de ceremonial por segunda vez en su carrera, le renovó el pasaporte diplomático a Hernández. Lo hizo en noviembre de 1999 por cinco años, aunque el funcionario beneficiado tenía que devolverlo cuando concluyera sus funciones como secretario del entonces presidente. “Ramoncito” nunca restituyó el pasaporte y la denuncia que hizo Massoni obligó a la remoción de Faurie.

Fue el fugaz regreso a una influencia que supo detentar durante casi todo el menemismo, bajo la jefatura del entonces canciller Guido Di Tella, que estuvo al frente del Palacio San Martín entre febrero de 1989 y diciembre de 1999. Durante esos diez años, Faurie protagonizó una ambiciosa carrera. Fue consejero en la embajada argentina en Santiago de Chile, luego secretario General del ministerio, después ocupó el cargo de director nacional de Ceremonial para pasar a la Jefatura de Gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores y recalar nuevamente en el cargo de Ceremonial. Tras la crisis de 2001, se transformó en la mano derecha de Ruckauf, un vínculo que también amasó en La Plata, como “adscripto” de la gobernación bonaerense.

Durante los años en los que mayor poder concentró (tanto en la gestión de Di Tella como con Ruckauf), Faurie se codeó con el entonces subsecretario de Relaciones Institucionales, Fulvio Pompeo, que también tuvo en sus manos una dirección nacional en la materia. Pompeo es actualmente el secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia y uno de los principales asesores de Macri en materia de política exterior. Aunque depende directamente del jefe de Gabinete, Marcos Peña, dentro del Palacio San Martin le adjudican un poderoso rol como control de gestión de Malcorra, una influencia que siempre fue resistida por la renunciante canciller, que este lunes dimitió por “razones personales”.

Criado al calor de las “relaciones carnales” con Estados Unidos que comandaron Menem y Di Tella en los 90, Faurie volverá al Palacio San Martin el 12 de Junio, esta vez como canciller, para comandar una nueva etapa de las relaciones con la Casa Blanca, actualmente habitada por Donald Trump.

Con el desembarco del nuevo ministro en el piso 13 de la Cancillería, crece la influencia de Pompeo en esa cartera, aunque el designado jefe del Palacio San Martín cuenta con una relación directa con Macri. Cuentan en la Rosada que ese vínculo no es tan viejo como el que lo une con Pompeo, sino que data de la fugaz presidencia del senador Federico Pinedo. En esas doce horas, durante la accidentada transición entre Cristina Fernández de Kirchner y Macri, Faurie habría jugado un papel que se ganó los elogios del jefe del Estado y de la primera dama, Juliana Awada. Esa tarea le prodigó el envío a la embajada en París, donde trabajó para los encuentros de Macri con el ex presidente francés François Hollande. Mientras tejía diálogos con el flamante mandatario Emanuel Macrón, Faurie recibió la convocatoria para ocupar un cargo que ambiciona desde hace dos décadas.