El Papa, María Eugenia Vidal y la Provincia

Vidal y Bergoglio han tejido una suerte de amistad y alianza política donde miradas comunes, sobre problemas de pobreza, narcotráfico y trabajo, se combinan con adversarios y enemigos comunes.

Arturo Pérez-Reverte coloca en el protagonista de su novela “Falcó” el siguiente pensamiento: “Sabía que muchas veces los azares imprevistos conducían a problemas serios. Se iban de las manos”.

 

María Eugenia Vidal y Jorge Mario Bergoglio han tejido en muy poco tiempo, sobre la base de una empatía preexistente, una suerte de amistad personal y alianza política donde miradas comunes de los problemas de pobreza, narcotráfico y trabajo en la provincia se combinan con adversarios y enemigos comunes.

 

El Papa nunca dijo que en la Provincia había que votar a Vidal, pero sí la inconveniencia y el peligro de hacerlo por Aníbal Fernández.

 

Es difícil saber el efecto electoral de tal llamado, pero el hecho fáctico es que el peronismo perdió allí la elección a la Gobernación y se configuró el comienzo de su derrumbe electoral, convirtiendo esa recomendación en una leyenda política, similar a la misma recomendación hecha en 1945  por parte de la Iglesia Católica a favor de Perón, ante la presencia del PC en la Unión Democrática.

 

Poco importa hoy su verdadera incidencia, hasta inclusive la veracidad del hecho en cuestión, ya es un valor político la influencia de Bergoglio en el siempre difícil Conurbano.

 

El resultado de una audiencia privada de Florencio Randazzo en Santa Marta pareció disparar, casi en cuestión de horas, una imprevista reunión de carácter “particular” entre los dos grandes protagonistas, al menos en la opinión pública, "del milagro electoral”.

 

¿Estamos frente a un armador que reside en el Vaticano?

 

Veamos. Supongamos, y solo eso, que Francisco no quiere el triunfo de Sergio Massa (enemigo) en la Provincia y tampoco que resucite CristinaFernández  (adversaria) con los muchachos K.

 

Para ello, Randazzo le asegura que se enfrentará a ella en la interna del PJ (restándole a su vez público de origen peronista que podría ser eventual votante de Massa) e independientemente del resultado. Si luego Cristina resultara derrotada por el oficialismo, Randazzo podría encabezar “la verdadera renovación” muy al gusto del Santo Padre.

 

María Eugenia quiere confrontar. Siguiendo, solo en este caso, la estrategia electoral de Duran Barba, con Cristina (enemiga) y dejar fuera de carrera a Massa (adversario).

 

En toda esta ficcionaria ecuación política hay un solo factor común: el Papa.

 

El conflicto docente en la provincia es una verdadera “primaria” para Vidal y su oponente Roberto Baradel reune las condiciones personales y de imagen deseadas desde la Casa de Gobierno de La Plata.

 

El apoyo de Francisco en este enfrentamiento puede ser decisivo. Pensar solo en la importancia que tiene en la provincia la enseñanza de origen católica.

 

El paro docente le da la oportunidad y también el riesgo a la Gobernadora de disputar el prestigio político frente a los sindicatos del sector en el terreno, definitorio para el posterior ejercicio electoral, de la opinión pública.

 

Si este  análisis de proyección se cumpliera camino a  octubre, es posible también que a la alianza Massa/Stolbizer solo les quede la posibilidad de ser “espectadores” de privilegio, pronto a saltar al escenario para protagonizar si alguna de las variables mencionadas toman el camino “de los azares imprevistos”.  

 

 

 

 

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