El peronismo buscando a Dory

El peronismo de la provincia de Buenos Aires se encuentra en estado de asamblea permanente. Todos hablan con todos, brotan almuerzos, cenas y brebajes para tejer estrategias de cara al futuro. Un objetivo común y posible asoma en la dirigencia: vencer al Frente Cambiemos el año que viene en el distrito mas grande de la Argentina, poner a la fuerza en carrera para intentar recuperar la gobernación y ser la locomotora de la pelea por la presidencia en 2019. 

 

Para lograr este objetivo, los dirigentes empezaron a inocularse el síndrome de Dory. La pescadita de la película de Walt Disney que sufre pérdida de memoria de corto plazo o amnesia anterógrada. Es decir, olvidarse de las divisiones recientes de la dirigencia para poder ofrecerle al electorado una unidad electoral que defienda la base política del peronismo, las clases populares y la clase media. En criollo, dejarse de pasar facturas del pasado reciente.

 

El macrismo (y algún gobernador peronista) bombardea ésta estrategia desde sus ingenierías políticas y judiciales, pero gestiona tan improvisadamente que a la dirigencia peronista le sobra espacio para evitar caer en la trampa. Para explicarlo burdamente, si fuera por Cambiemos, en 2019 habría una oferta electoral del peronismo de intendentes y una de kirchneristas puros; más una opción representada por Sergio Massa y otra por el oficialismo. En ese escenario, calculan en la Casa Rosada que con un 34%  de los votos ganarían la elección de medio término.

 

El número no es arbitrario, en las elecciones generales del año pasado el Frente Cambiemos obtuvo 34% de los votos. Necesita que el peronismo unido no alcance nuevamente  algo más del 37%.

 

El peronismo cuenta con un grupo de intendentes que están trabajando en éste objetivo. Con Martín Insaurralde y Gabriel Katopodis a la cabeza, convocan a todos los sectores y los invitan a sumarse a un proyecto con identidad peronista que incluya a todas las vertientes. Daniel Scioli, que ganara las tres elecciones en las que compitió en las urnas el año pasado contra Mauricio Macri en el distrito, ya avisó informalmente que será un militante más de ésta idea y que se sentará a la mesa sin la pechera de candidato. 

 

La tarea no es fácil, deberán confluir dirigentes que se han dicho barbaridades o maltratado. Si Florencio Randazzo, Daniel Scioli, el Movimiento Evita, La Cámpora, Julián Dominguez, Fernando Espinoza y los intendentes de la provincia arman una alternativa, la recuperación del peronismo estará a la vuelta de la esquina. Ninguna discusión separa más a la dirigencia entre sí, que las medidas antipopulares que lleva adelante el gobierno nacional, es decir, ningún dirigente peronista se siente más lejos del otro que de Macri. Para todo lo demás existe el síndrome de Dory, la pescadita.

 

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