El sobreviviente

Barañao recibió la oferta de continuar en su cargo seis meses antes de las elecciones

Es el único ministro K que se quedó con Macri. La negociación por su gabinete empezó hace más de un año. Pende de un hilo el matrimonio que controla parte de la caja más importante de la cartera.

“Nosotros queremos que te quedes. Pero sólo vos. Los demás que están con vos, no. Esos se van apenas lleguemos al gobierno”, escuchó José Lino Salvador Barañao durante el otoño de 2015, cuando la campaña presidencial todavía no entraba en su etapa definitoria. Por entonces faltaban, al menos, seis meses para el desenlace de los comicios que concluyeron con la victoria de Cambiemos y la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada. La historia oficial del único ministro que pasó de un gabinete al otro dice otra cosa: que "Lino" quedó azorado cuando el candidato del peronismo. Daniel Scioli, eligió a Daniel Filmus para que fuera su ministro del área en caso de ganar la contienda nacional. Cuando pasó lo contrario y el gobernador bonaerense fue derrotado por su amigo y adversario Mauricio, Barañao anunció su continuidad en la siguiente gestión luego de obtener el permiso de CFK.

 

El 26 de noviembre, en los últimos días de su segundo mandato, la entonces mandataria inauguró en Berisso los laboratorios de Y-TEC, el área tecnológica de YPF, y oficializó su acuerdo. "Por supuesto que Lino lo consultó conmigo, porque, si no, no hubiera aceptado. La ciencia y la tecnología es una estrategia de Estado".  La escena ocurrió hace seis meses, pero parece formar parte de un lejano recuerdo. Sin embargo, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva nombrado por Cristina Fernández de Kirchner en 2007 ya sabía, de boca del PRO, que su cabeza de lista estaba dispuesto a mantenerlo en el cargo mucho antes de esos días crepusculares para el kirchnerismo al frente del Gobierno nacional.

 

Cuando el veredicto de las urnas se definió en segunda vuelta, el ministro se preparó para transformarse en la virtual personificación de una posible política de Estado que iba a sobrevivir a los cambios que el macrismo tenía en carpeta. "Pero solo", sin los funcionarios que ya estaban preparando las valijas. La parte más determinante de ese pelotón que estaba en retirada finalmente se quedó a partir de una discreta negociación que, según confían algunos funcionarios dentro de esa cartera, tuvo al actual vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, como el hombre que insistió y convenció a Barañao y a parte del flamante elenco nacional de mantener a los encargados de administrar los fondos, el presupuesto y el personal de la cartera científica. Para otros consultados, esa gestión no estuvo en manos del "Colo", sino de hombres más cercanos al Presidente, como el jefe de Gabinete, Marcos Peña, que tiene a su cargo, junto al ministro de Modernización, Andrés Ibarra, el control del achicamiento de la plantilla de personal público y el control de las áreas y los cargos más sensibles de la estructura de gestión.

 

Bajo las alitas de Barañao hay varias reparticiones que revisten esa importancia. Una de ellas es la Subsecretaría de Coordinación Administrativa, a cargo de Rodolfo Blasco desde 2007, que fue ratificado en el cargo junto a su esposa, Aimee García, directora del Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR). Blasco, a su vez, también tiene el control del Fondo para el Desarrolló Argentino (FONDEAR), como "miembro titular del Comité Ejecutivo" desde 2014, aunque dentro del mismo ministerio lo señalan como uno de los pocos funcionarios que pudo mantener "dos cargos al mismo tiempo".

 

El flujo de los fondos para la innovación técnica también pasa por el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, a cargo desde 2015 de Tomás Almeigeiras, un abogado que fue desde 2004 el coordinador del Área de Control de Gestión de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y que, desde 2010, tuvo en sus manos las actividades del bicentenario correspondientes a su ministerio y la coordinación de Tecnópolis. La cuarta pieza en el entramado es la Dirección de Recursos Humanos, a cargo de Alejandro Matta, que reporta directamente a Blasco.

 

Sobre el final del primer semestre, el cuarteto de funcionarios es materia de observación para los mismos interlocutores del PRO que le confirmaron a Barañao la garantía de su continuidad mucho antes de que le pidiera permiso a la ex presidenta. Uno de los temas de mayor controversia gira en torno al papel de Blasco y su esposa García, dos personas que, hasta que Barañao cambió de opinión, tenían boleto de partida a partir del 10 de diciembre pasado. Lo cierto es que Blasco fue ratificado y su consorte se quedó con uno de los fondos más importantes de la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología, el FONTAR, muy parecido al FONDEAR, que también es controlado por Blasco.

 

“Me duele que mis ex colaboradores le digan a la (ex) presidenta que no estoy cumpliendo con lo que prometí y que se está perdiendo el proyecto", contestó Barañao al diario Tiempo Argentino en un reportaje publicado el 24 de abril pasado. Barañao es uno de los científicos más respetados de la ciencia argentina y la decisión de mantenerlo en el cargo no tiene discusión, dicen en la Casa Rosada. Pero algo distinto estaría sucediendo con los funcionarios que le cuidan la firma. Y la caja.

 

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