La sindicalización es un derecho de todos los trabajadores

Por Omar Plaini (*)

Es lamentable, que nos planteemos este debate luego de las tremendas situaciones que vivimos durante las últimas semanas, es doblemente lamentable si tenemos en cuenta que este tipo de conflicto no es nuevo en nuestro país. El año pasado se produjo una situación parecida con las fuerzas de seguridad nacionales. En ese momento, y atentos a la problemática que vivía el sector, los representantes de la Confederación General del Trabajo en la Cámara de Diputados de la Nación elaboramos un proyecto de ley que lleva el número 7177-D-2012. Del cual no me extenderé mucho a sabiendas que el lector lo puede buscar en internet si es de su interés.

 

Sí me interesa dejar planteadas aquí algunas consideraciones con respecto a las situaciones que se vivieron en los últimos días las cuales esperamos no se vuelvan a repetir.

 

El mes de diciembre pareciera ser particularmente conflictivo en nuestro país. Un entramado histórico que nos remonta al conflicto social del 2001 funciona en una suerte de repetición sísmica de aquellos tristes días. Desde las ciencias sociales podríamos aventurar que los argentinos en diciembre entramos en una suerte de fatiga violenta del lastre de todo el año. Como si diciembre fuese el mes de balance donde nos damos cuenta si, individual o colectivamente, avanzamos o retrocedimos. Podríamos acordar, en un primer análisis, que la situación histórica reciente, funciona en una suerte de marco general donde poder analizar el conflicto con las fuerzas de seguridad.

 

Con la situación histórica como marco, otro hecho profundizó el levantamiento de las policías provinciales; se trata de una injusticia que durante años estuvo allí latente. ¿Cómo justificar sueldos de 5000 pesos cuando el costo de vida se carcome los salarios? era una de las preguntas que nos hacíamos en el documento que la CGT elaboró esta semana.

 

Entonces rápidamente caemos en básculas vacías de frases hechas. “Compartimos el reclamo, pero no la modalidad de protestas”, una suerte de petición de principios algo anecdótica si fuera proclamada por el vecino común o el ciudadano de a pie, pero que de nada vale cuando el autor de la frase tiene responsabilidades institucionales sobre lo sucedido. Como sociedad cabe rápidamente la repregunta; ¿Qué hizo usted Presidente/a, Gobernador/a, Ministro/a, para evitar esto? La respuesta es nada, o casi nada.

 

Luego de lo sucedido en Córdoba cualquier dirigente más o menos avispado entendía que el conflicto se viralizaría rápidamente. En este punto lamento tener que informale a la Señora Presidenta que lo único que se contagia no son las paperas, las conductas sociales sobre todo en el siglo de las redes sociales también. No saberlo o negarlo nos pone en una situación difícil. Aún más.

 

Frente a esa negación, es entendible (no justificable) que el Gobierno Nacional y algunos gobiernos provinciales rápidamente echen mano a la opción del complot, donde existiría una suerte de supra organización de agentes del CAOS que buscan la interrupción del mandato histórico del Modelo Nacional y Popular que está liberando la Patria.

 

Facebook y Twitter pasan a ser, siempre según esa teoría, las herramientas conspirativas que estos agentes del CAOS utilizan para desestabilizar al Gobierno, el año pasado (es bueno recordarlo), habíamos sido los trabajadores organizados en la CGT que conduce Hugo Moyano. Siempre la culpa es del otro.

 

Esto no significa desconocer que existen sectores que estarían muy satisfechos en contribuir al desorden. Ahora bien, esos sectores existieron siempre en mayor o menor medida. Los funcionarios de alta jerarquía deberían saberlo a la perfección o no aceptar el mote de estadistas como les gusta ser llamados.

 

 Tercer factor en análisis. Corrimiento de precios.

 

Hasta aquí tenemos dos variables en análisis; diciembre como mes de fatiga social histórica y salarios bajos para las fuerzas, el tercer factor que a nuestro criterio terminó de generar un cóctel explosivo fue el aumento indiscriminado en los precios de los alimentos básicos. Algo que desde el Observatorio de Precios al Consumidor de la CGT venimos informando hace un año sin más respuesta que algún epíteto descalificador de los comisarios del modelo, me refiero a los que suman problemas y nunca votos.

 

Pasemos ahora al tema central de la nota. La sindicalización de las fuerzas.

 

Podemos empezar aclarando algo, la sindicalización de las fuerzas no es un tema nuevo en el mundo, no somos en ese sentido fundacionales de nada. En Uruguay (por poner un ejemplo de acá cerca), están sindicalizados hace varios años. En los fundamentos de nuestro proyecto (que duerme el sueño de los justos en la Cámara de Diputados) encontrarán por lo menos 30 países donde las fuerzas tienen su organización sindical.

 

El tema es complejo pero debe ser abordado. Sin embargo durante estos días de conflicto cientos de personas me preguntaron sobre una preocupación que aflora rápidamente cuando hablamos de sindicalizar las fuerzas. ¿Qué pasa si los policías hacen huelgas? Entiendo la preocupación pero déjenme que antes de contestar esta pregunta abarquemos el tema con alguna otra información.

 

En primer lugar las medidas de acción directa son, en todos los casos, la última acción que una organización sindical toma cuando no existe de parte del sector empleador (Privado o Estado) una respuesta a los pedidos que se realizan. Es decir, no está en el ADN de una organización sindical vivir de huelga en huelga. Entiendo que muchos ciudadanos solo presten atención al reclamo de una organización sindical cuando la misma esta de paro o manifestándose en la calle. Es bueno aclarar también que el nivel de conflicto social durante los últimos años de parte de las organizaciones sindicales fue uno de los más bajo de la historia de la Argentina. Quiero decir que más allá de algún enojo, amague de paro, algún bombo en la puerta de la fábrica, las organizaciones sindicales y los empleadores terminaron logrando un acuerdo en la mesa de negociación.

 

Esa mesura es producto de la experiencia de las organizaciones sindicales, de la práctica natural que cada sindicato va sumando a lo largo de los años, pero también de la priorización de los pedidos y el uso estratégico del tiempo del conflicto. O se administra la demanda o se sucumbe ante el caos, la segunda opción es la que terminó sucediendo en los hechos de los últimos días.

 

Quiero hacer un párrafo aparte sobre los representantes legítimos de los trabajadores. Es natural que las fuerzas de seguridad no tengan elegidos a sus representantes, entonces todo se vuelve más caótico, todo se intenta resolver con la urgencia del estallido social como fondo.

 

Decíamos que la experiencia de las organizaciones sindicales permite la planificación y organización de las demandas de los trabajadores. Quiero acá pedirle al lector un esfuerzo conjunto de memoria para que podamos sintetizar los reclamos que las fuerzas de seguridad realizaron durante los últimos días, descartemos, por ahora, el tema salarial. Recuerdo rápidamente el tema uniformes, horas cores, condiciones de los patrulleros, condiciones del lugar de trabajo, etc. La pregunta que rápidamente nos podemos hacer es la siguiente. ¿Cómo dejaron que se junten tantas demandas sin dar respuesta a ninguna? La respuesta: la falta de una mesa de negociación de las condiciones laborales, es decir, la falta de una organización sindical.

 

Por supuesto que la sindicalización de las fuerzas debe ser muy clara en cuanto al derecho a huelga. Mi opinión es que ese derecho inalienable de los trabajadores debe estar circunscripto dentro del concepto de servidor público. En palabras más fáciles, pueden realizar protestas y pedidos pero nunca dejar de brindar el servicio esencial de seguridad.

 

Existe otra preocupación sobre el tema de la sindicalización de las fuerzas, la pregunta me la realizó una periodista hace algunos días. Me consultaba si se podía sindicalizar esta policía o primero había que realizar una purga. Sin entrar en la cadena de razonamiento y prejuicios que veo en esa pregunta, me parece de todas maneras razonables responderla.

 

Estoy absolutamente convencido que la organización sindical permitirá una depuración más rápida de aquellos uniformados que deshonran a las fuerzas. En esto tenemos que utilizar todo el sentido común que podamos. ¿Qué posibilidad tiene un agente raso de denunciar a un superior que está cometiendo hechos delictivos o no cumpliendo con los deberes de funcionario público si sabe que nadie lo va a proteger? Si bien no sería función de la organización sindical la depuración de la fuerza, creo que también podría generar condiciones para lograrlo.

 

Finalmente espero que este duro y triste trance que estamos viviendo nos brinde la madurez suficiente para poder abordar el tema sin prejuicios, sin mezquindades partidarias o políticas y con la grandeza de entender que cada muerte absurda que se produce en nuestro país nos empequeñece como personas y nos deshora como dirigentes políticos.

 

(*) Omar Plaini es Diputado Nacional y  Secretario General del Sindicato de Canillitas de Capital Federal

 

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