Ni tanto ni tan poco.
Javier Milei, Ulises y las sirenas
Decimales aparte, lo concreto es que el IPC –intervenido y todo– no deja de oscilar en torno a una meseta del orden del 2% mensual. Ya bajará, pero por ahora eso explica, en buena medida, el nerviosismo que denota la narrativa oficial.
La inflación es mucho más baja que la fraguada al calor de la campaña de 2023, cuando convergían los desmanejos del gobierno del Frente de Todos con el crecimiento de un candidato intrépido que se decía dispuesto a dolarizar sin dólares.
Sin embargo, su prolongado estancamiento expone a Milei y a Caputo como pifiadores seriales, subraya la decepción de que este mes –sí, llegó el momento– seguramente no va "empezar con cero" y ratifica la inutilidad del dogma monetarista del Presidente, que ha hecho del peso algo tan escaso que propicia el retorno del trueque. Los caminos de la modernidad son insondables.
El mandatario ya ni se atreve a seguir revisando sus proyecciones –siempre fallidas– respecto de la victoria final en base al hallazgo de nueva bibliografía que estira en el tiempo el "rezago de la política monetaria".
Allá por abril, Javier Milei posteó una imagen realizada con inteligencia artificial que lo mostraba como Ulises atado al mástil de la ortodoxia monetaria para resistir los cantos de sirena del gasto público. El sacrificio por ahora no le alcanza para terminar con la inflación.
Es más, aunque no deja de repetir que "la inflación es en todo tiempo y lugar un fenómeno estrictamente monetario", en los hechos se comporta como el economista más heterodoxo del mundo.
Esto es así porque en la práctica reconoce el carácter multicausal del problema al abordarlo interviniendo todos los precios clave de la economía, desde el dólar hasta los salarios –esto, al costo de destrozar el consumo y la actividad doméstica– y, cuando se produce el shock externo de la guerra en el golfo Pérsico, congelando las naftas.
La inflación y el fetichismo del decimal
El Gobierno no debería alterarse por el anuncio de la inflación porteña previo al fin de semana. El índice tiene una ponderación mucho mayor de los servicios, que en el caso de julio saltaron bruscamente por el impacto de las vacaciones de invierno. Si el índice general dio 2,9%, los rubros Recreación y Cultura, y Hoteles y restaurantes saltaron, respectivamente, 5,8 y 5,3%.
El miedo no es zonzo: no por nada Milei le ordenó a Caputo congelar el nuevo índice del INDEC –más parecido al de la Ciudad, sensible, por caso, a las tarifas– aun al costo de precipitar la salida de Lavagna y de que se pusiera en entredicho una vez más la credibilidad del sistema estadístico. Es el fetichismo de los decimales.
Como sea, sigue rigiendo la nueva intervención y, con eso, el IPC nacional debería arrojar un poco menos o un poco más de 2%, coinciden las proyecciones privadas. Para Equilibra, sería 1,8%; para LCG, 2,4%.
Basta de fetichismos: aun si todo saliera bien, la desinflación llevará tiempo y, por ahora, Milei puede ofrecer solamente un éxito relativo en esa materia, por lo demás mucho menor que el que él mismo había prometido a esta altura.
En esto último radica su problema.
Inflación y reelección: la vida es una moneda
Es imposible minimizar la importancia de la evolución de la inflación en términos políticos y, ojo, electorales. La pobreza, otro caballito de batalla del que Milei se cayó en el primer trimestre, viene atada a ella.
Las últimas encuestas difundidas indican que el deterioro de la imagen del jefe de Estado y de la ponderación de su gestión no se detuvo tras la forzada salida de Manuel Adorni, lo que habilita interpretaciones alternativas.
Para AtlasIntel, la aprobación personal de Milei cayó a 37,1% –con toda probabilidad, un piso electoral que lo mantiene competitivo–, cerca de sus mínimos de marzo y abril. Como reverso, el rechazo se empinó al 62,4%.
En tanto, Management & Fit arroja un escenario similar: 53,5% y 30,6%, respectivamente. La diferencia: la opción de la calificación de "regular", por la que se decantó el 15% de las personas consultadas.
En esos datos anida una curiosidad. Si se observa la curva de desaprobación a lo largo de los últimos meses, se encuentra un paralelismo muy notable con el comportamiento de la inflación.
En el caso de AtlasIntel, el rechazo era del 44% en junio del año pasado, desde cuando comenzó a subir como un barrilete cósmico.
Mientras, fue entre mayo y ese mes de 2025 que el INDEC fue divulgando, mes a mes, una imparable escalerita ascendente.
La corrupción sigue ranqueando alto en todos los sondeos, pero se sabe que esa endemia argentina irrita la piel cuando otras cosas van mal. De hecho, esto es lo que está ocurriendo.
Siempre según AtlasIntel, la evaluación de diferentes dimensiones –personal, familiar y de mercado laboral– de la situación material registra ya niveles de desesperación.
M&F desagrega el malestar y muestra que sus diferentes facetas dominan la parte superior de las preocupaciones de los argentinos. La primera de ellas: los precios que le ganan la carrera a los ingresos.
En ese marco, esta consultora arroja un dato que la oposición política por ahora ni se molesta en recoger: el muy fuerte predominio de una voluntad social de proceder a un cambio total de rumbo.
Ciego, sordo y mudo, el peronismo se ensimisma en la pregunta por el "quién" y olvida completamente las que corresponden al "qué" y al "cómo".
El peronismo, ante el mandato del cambio
Con la política ausente, la comunidad desorganizada a veces logra colar sus sentimientos gracias al respaldo que recibe de quienes cuentan con antenas sensibles para captar estados de opinión: los referentes de la cultura y también, bandera de Malvinas mediante, del deporte.
Esto se vio en el rechazo a la extranjerización de tierras, "defendida" por funcionarios como Pablo Quirno –el canciller que acompaña papelones como el de Milei en Brasil– como válida incluso en los casos en los que suponga la enajenación de provincias enteras.
Esa resistencia social, que sólo el tiempo dirá si deviene en algo más, no evita que la extrema derecha avance con proyectos como el de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que entre otras cosas habilita el desalojo exprés de familias que se atrasen diez días en el pago de un alquiler.
Con todo, por ahora evita los extremos más irreversibles de las excentricidades oficiales. Probablemente lo consiga hasta octubre del año que viene, pero para entonces necesitará un poco más de ayuda.
El caldo parece espesarse y no es seguro que el Gobierno consiga frenarle el hervor a punta de represión, al estilo de la vista el último jueves en torno al Congreso.
El murmullo está plenamente instalado. Falta que la política lo convierta en palabras y discursos sonoros.