¡Hola!
Roggio, interesado en el Belgrano Cargas, compite con Walter Román y Filiberti, con pies en Edenor y Metrogas. La pelea por u$s 2500 millones.
¡Hola!
Con 10,7 millones de usuarios y un universo posible de 14,3 millones, AySA es la cuarta empresa de servicios públicos más grande de la región, solo superada por tres brasileñas. Sin deudas ni subsidios y con una indexación tarifaria garantizada, dos consorcios liderados por grupos locales, Roggio y Rowing, de Walter Román, se disputan la privatización.
La venta de una de las últimas joyas de la corona sigue la tónica de todas las concesiones que avanzaron en los últimos dos años y medio, a ritmo cansino pero continuado, y del aprovechamientos de los beneficios fiscales y cambiarios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Los empresarios locales se lanzan a la caza de las oportunidades que da el Estado en proceso de liquidación con garantía regulatoria para sus negocios. Los grupos internacionales entran en un rol subsidiario o esperan.
De un lado, Grupo Roggio se asoció con el empresario Pablo Chamas, presidente de Aguas de Corrientes. Del otro, uno de los herederos del zar de la logística Alfredo Román se asoció con Mauricio Filiberti, el dueño de Transclor. Con grupos internacionales en posiciones minoritarios, uno de estos consorcios se quedará con AySA luego de que se conozcan las ofertas económicas, en torno a la segunda quincena de octubre. Aldo Roggio y Filiberti fueron la imagen de portada del primer correo de Los perfiles del poder, en noviembre.
La operación supone un desembolso de unos u$s 2500 millones. El Gobierno espera un pago cercano a los u$s 500 millones por el 90% de la compañía y exige inversiones por u$s 1940 millones hasta 2031 para mejorar la infraestructura. La tasación de la empresa corrió a cargo del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), aunque no se hizo pública y Economía no piensa hacerlo. Servirá como una referencia, dijeron fuentes oficiales.
Hay mucha tela para cortar sobre esto. Antonio Rossi, un especialista en recorrer los recovecos de los pliegos, siguió todo el detalle en Letra E, el portal económico de Letra P (de paso, te invito a visitarlo). En estas líneas, voy a contarte quién es quién en esta competencia por AySA y por qué el Círculo Rojo se tira de cabeza a todas las promociones del Estado en venta.
Antes de seguir, como siempre, te pido que compartas este correo con quien creas que pueda estar interesado. Si alguien te lo hizo llegar, podés suscribirte, gratis, acá.
Quince grupos empresarios compraron los pliegos para saber las condiciones de venta de AySA. De ellos, nueve conformaron los dos consorcios que, finalmente, arrimaron ofertas. Quedaron en el camino dos pesos pesado del exterior. Sabesp, la empresa de aguas y saneamiento del estado de San Pablo, Brasil, y la francesa Veolia, que opera Aguas Andinas en Chile.
El Gobierno estaba particularmente interesado en que estas empresas internacionales arrimaran ofertas, porque quiere sobreactuar una confianza de inversores de juego global. Con más de dos años y medio de gestión sobre el lomo, las simpatías de grandes empresarios del mundo con Javier Milei no pasa de las selfies, más allá del genuino interés de petroleras de talla media y grandes mineras que ya tenían planes en la Cordillera y los aceleraron gracias al RIGI.
Alejo Maxit, el presidente de AySA, hizo los deberes para que la empresa sea atractiva para el sector privado. Encaró un plan de retiros voluntarios. Quitó el 100% de los subsidios a las tarifas y, como contracara, los usuarios sufrieron un aumento del 538% en la gestión Milei, según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y el Conicet. Las subas continuarán: el compromiso del contrato es mantener la tarifa actual, en términos reales, hasta 2031.
Maxit encaró la conformación de los pliegos licitatorios con la Corporación Financiera Internacional (IFC, sus siglas en inglés) el brazo privado (o privatizador) del Banco Mundial. La IFC fue, también, el “agente inmobiliario” que mostró la compañía a los interesados.
Pero los grandes interesados internacionales se bajaron a último momento. Sabesp, suponen fuentes que siguieron de cerca el proceso, empezó a distanciarse a medida que el ruido político entre Milei y Lula da Silva escalaba y priorizó licitaciones venideras en Brasil. Veolia avisó de entrada que no tenía financiamiento para aportar, por lo que su participación en los consorcios que se fueron armando perdía atractivo.
En el frío de la noche, entonces, quedaron algunos de los mismos de siempre. Roggio y Filiberti se mostraron interesados desde los inicios. El grupo de origen cordobés sumó al Grupo Chamas, que gestiona Aguas de Corrientes, como socio, y a la israelí Mekorot y la japonesa Marubeni como roles de asesoría y asistencia técnica. Los extranjeros aportan experiencia en gestiones de agua y saneamiento. Filiberti secundó a Román e incorporaron a Arcos, con experiencia en el servicio en Brasil, como operador técnico, y a PHX como vehículo inversor.
Roggio opera, desde 2019, bajo el mando de los descendientes de Aldo y Graciela, hijos de Benito. En 2020, se formalizó el traspaso de las acciones a Rodolfo, Martín y Luicía, hijos de Aldo y a Fernando, Florencia y María Lejarza, hijos de Graciela. La empresa fundada en 1908 se “reseteó” en el fragor de la causa Cuadernos.
Roggio opera Cliba en la Ciudad de Buenos Aires y Aguas Cordobesas desde 2006, cuando adquirió el paquete accionario al grupo Suez. Desde entonces, dicen, operan sin subsidios y con una fórmula de actualización tarifaria con rasgos similares a la polinómica que propuso el Ministerio de Economía para AySA.
Además del subte porteño (Emova) y el ferrocarril de pasajeros Urquiza (Metrovías), tienen participación en obras de infraestructura y servicios públicos a nivel regional. Con esa experiencia y la de Pablo Chamas, presidente de Aguas de Corrientes, buscan garantizar la operación técnica sin participación de gestores externos. Mekorot y Marubeni sumarían experiencia internacional, pero con roles de asesoría. El capital será argentino y la mayoría accionaria será de Roggio.
Cerca de la compañía indicaron que tienen una estructura financiera pensada para garantizar los casi u$s 2000 millones en inversiones que el nuevo concesionario debe ejecutar hasta 2031.
Roggio es uno de los grandes grupos locales que está a la búsqueda de negocios con la gestión libertaria. Se presentó a la licitación de varios tramos de corredores viales, pero no ganó ninguno. Y es uno de los interesados en hacerse con la privatización del Belgrano Cargas. Ahí competirá con el Grupo México, el único gran operador internacional que mostró interés en la otra joya de la corona que queda por venderse y que el Gobierno espera entregar antes de fin de año.
El interés de Filiberti en AySA se manifestó desde el primer día. La gestión libertaria le tenía resquemor: leía las notas sobre el “Señor Cloro”, proveedor monopólico de la empresa que gestionaba Malena Galmarini y socio de Daniel Vila y José Luis Manzano en Edenor y, ahora Metrogas, y lo quería lejos.
Perfil bajo y siempre cercano al poder -Mauricio Macri paseó alguna vez por las costas europeas a bordo de su lujoso yate Attila- Filiberti venció esa desconfianza. Secundará a Rowing, de Walter Román, en el consorcio que propone como operador técnico al brasileño Arcos, del grupo Equipav, que administra agua y cloacas en 15 estados y más de 890 municipios de Brasil. El operador técnico tendrá el 15% de la participación accionaria requerido por el pliego. El 75% restante se dividirá entre el resto de los socios.
Rowing será el accionista mayoritario. Empresa de infraestructura de tres décadas de vigencia, la empresa nació cuando los descendientes de Alfredo Román dividieron los negocios del imperio logístico que había creado el patriarca.
Walter, el menor de los hijos potenció la empresa de infraestructura y diversificó negocios hacia la salud (Nexup), la logística (Urbano), el desarrollo inmobiliario (Equo) y la consultoría (Direct Group) y el marketing (Lógico). Direct Group y Lógico aportaron $20 millones cada una a La Libertad Avanza en la última campaña electoral, según registros públicos.
De ganar la concesión, será la primera vez que tenga a su cargo la gestión directa de un servicio público, aunque ya conoce el paño como prestador de infraestructura. “Rowing brinda servicio a la mayoría de las empresas de servicios públicos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano”, me dijeron en el sector.
El consorcio planea atender los u$s 1940 millones de dólares de inversiones requeridas mediante una combinación de capital propio y financiamiento de mercado.
Su hermano Ricardo y su sobrino Leonardo, dueños de Servimagnus, ganaron recientemente la operación de la hidrovía, en sociedad con Jan De Nul.
El proceso de privatización tuvo el protagonismo absoluto de los grupos locales. Edenor mejoró sus beneficios gracias a los aumentos de tarifas permanentes. El Grupo Neuss se convirtió en un jugador de peso de la energía; en asociación con los accionistas de Newsan, Rubén Cherñajovsky y Luis Galli en Edison o junto con Genneia, de Jorge Brito, en Transener.
Grandes y medianas constructoras se quedan con la mayoría de las concesiones viales, aunque con ingresos parciales de empresas de otros rubros. El RIGI petrolero es una fiesta para el empresariado local, que acelera inversiones que tenía previstas para aprovechar el régimen cambiario y la estabilidad fiscal.
Alguien que siguió el proceso privatizador de AySA me dijo que los empresarios extranjeros siguen mirando a Argentina como una inversión de riesgo y que los grupos focalizados en la concesión de servicios no están dispuestos a pagar el costo de tener más exposición en el país. Los locales, en cambio aprovechan.
Y se dan situaciones como las que ocurrieron con Transener. El 30 de abril, dos días después de que se conocieran las ofertas para hacerse con el 25% de la transportista eléctrica que retenía Enarsa, el directorio aprobó un reparto de dividendos, con los votos del Estado. Esos fondos se distribuyeron el 27 de agosto, ya con Neuss y Brito dentro de la compañía. Ellos embolsaron unos 45 millones de dólares, el 12,6% de los u$s 356 millones que pusieron por el paquete accionario.
O como lo que ocurrió con Central Puerto. En 2024, la generadora eléctrica que controlan Guillermo Reca, la familia Miguens-Bemberg y Eduardo Escassany compró el 10% de la minera canadiense AbraSilver por u$s 25,5 millones. En mayo de este año, la minera obtuvo el RIGI para extraer oro y plata de Catamarca, con el proyecto Diablillos. La semana pasada, Central Puerto vendió el 10% de la minera que había comprado por u$s 25,5 millones en u$s 163,1 millones y votó una distribución extraordinaria de dividendos.
Cuando Milei y Toto Caputo decían que había que apurarse para invertir y maximizar la tasa de ganancia, estaban en lo cierto.
No soy tu solución, pero sí un mejor disfraz, canta La Renga en Somos los mismos de siempre. Gasté el CD en vivo Bailando en una pata en los 90.
Lo que hace Gustavo Cerati con la guitarra en Prófugos es una cosa de locos. De la gira Me verás volver, porque todo tiene que ver con todo.
Que tengas una gran semana.
¡Hasta la próxima!