En la Argentina de Javier Milei, los sectores de la economía en crisis financian un futuro que los excluye. Mientras el RIGI y el súper-RIGI garantizan amplios beneficios impositivos y cambiarios para proyectos estratégicos vinculados a la energía y la minería, el comercio y la industria aportan, en conjunto, casi 60% de la declinante recaudación.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) tuvo anuncios que ya suman u$s 124.000 millones, sobre todo vinculados a la energía y la minería, con poco impacto en el empleo. De esa suma, solo se desembolsaron, hasta el momento, u$s 762 millones. El RIGI solo exige ingresar u$s 80 millones en los primeros dos años del proyecto, equivalentes al 40% de la inversión mínima, de u$s 200 millones. El resto puede esperar.
Esa paciencia contrasta con la caída de la inversión bruta, del 11,2% interanual en el primer trimestre, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). La inversión en maquinaria retrocedió 18,1%. Si lo nuevo se queda en anuncios, lo viejo se achica.
El súper-RIGI va más allá. El proyecto que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados promete beneficios adicionales, como una alícuota máxima del 15% para el impuesto a las Ganancias, un tope del 4% de impuesto sobre los dividendos, la garantía de que las provincias adherentes no cobrarán más de 0,5% de ingresos brutos y la prohibición de que los municipios impongan tasas sobre las ventas, entre otros. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, no convenció a los legisladores para que incluyeran algún incentivo al desarrollo de proveedores locales.
El súper-RIGI y la Argentina libre de impuestos
A diferencia del RIGI, los nuevos sectores contemplados no están listados, aunque se busque agregar valor sobre las materias primas vinculadas a la energía y la minería y fomentar la instalación de data centers con inversiones mínimas de u$s 1000 millones.
Audemus, la consultora de Matías Kulfas, buscó ejemplos de industrias nuevas que anunciaron inversiones en América Latina. Rastreó la instalación de plantas de autos eléctricos, baterías, hidrógeno verde y centro de datos, entre otras. Microsoft tiene dos proyectos de data centers en México y Colombia, con inversiones de u$s 1300 millones cada uno. En total, generarían 80 empleos en cada país.
La conclusión de Kulfas es que las inversiones van a países con política industrial, que exigen a cambio desarrollo de proveedores y transferencia tecnológica. “Brasil y México concentran prácticamente la totalidad de las inversiones ejecutadas o en ejecución. Ambos países tienen cadenas industriales profundas, mercados internos grandes, política industrial activa y marcos regulatorios sectoriales consolidados”, indicó. En Argentina pasa lo contrario. El régimen es laxo sobre la integración de proveedores locales. Las mineras pueden traer barrios enteros de China.
El RIGI para Vaca Muerta
La decisión del gobierno nacional de extender el RIGI a la perforación de pozos en Vaca Muerta -con un requerimiento mínimo de inversión de u$s 600 millones por proyecto- es el ejemplo más crudo de la premiación excesiva a los ganadores del modelo.
Un ejercicio de la consultora Aleph Energy, de Daniel Dreizzen, aporta luz sobre esa fenomenal transferencia de recursos desde el Estado hacia las grandes petroleras. Un pozo del yacimiento no convencional, con RIGI, garantiza una renta del 15% anual a partir de los u$s 48 dólares por barril. Sin RIGI, a partir de los u$s 61 por barril.
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El precio del petróleo se disparó tras la guerra, inmediatamente después de la extensión del régimen que el mismo Toto Caputo consideraba innecesario para el upstream. Con el precio en u$s 100 promedio de los últimos meses, la rentabilidad treparía al 85%. Con el barril a u$s 80, la tasa de retorno sería del 50%. El precio de u$s 75 de los últimos días la acortaría a 45%.
Las petroleras se tiraron de cabeza. YPF, Pampa Energía, Tecpetrol, Vista y Phoenix presentaron o anunciaron proyectos por más de u$s 50.000 millones.
Para Economía & Energía, la consultora de Nicolás Arceo, la distensión geopolítica no garantiza un regreso de precios al escenario preguerra. En abril, indicó, la producción global cayó 9,5% interanual, porque los países involucrados representaban el 28,7% del abastecimiento. “Argentina está entre los 20 principales países productores del mundo y entre los cuatro principales de América del Sur (junto a Brasil, Venezuela y Guyana). Es, además, uno de los cinco países del mundo que mostró mayor crecimiento interanual de la producción en abril de 2026 (junto a Estados Unidos, Brasil, Guyana y Noruega)”, destacó.
La industria y el comercio pagan la cuenta
Estos sectores pagarán menos impuestos que el resto de la economía, que cae o pasa a la informalidad. Diego Coatz, exdirector ejecutivo de la UIA y director de la consultora Industria y Desarrollo (I+D), sostuvo que los regímenes tienen incentivos mal perfilados. “La industria se resiente y actualmente representa el 27% de la recaudación. Lo que está en crisis financia a lo nuevo”, le dijo a Letra P. “Hay un problema de diseño de la política de transición”, agregó.
En sus tiempos de técnico de la UIA, Coatz armó una matriz para determinar el peso de cada sector en la recaudación. La industria aportaba, hace unos años, casi 30% de los ingresos. El comercio casi 25% adicional. La minería significaba apenas 5% de lo recaudado. Los beneficios fiscales van a los sectores que menos empleo y recaudación aportan, mientras crece la informalidad laboral, cae la recaudación y Caputo tiene que ajustar más el gasto para cumplir con la meta fiscal ante la merma de ingresos.
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Roberto Cachanosky descompuso el crecimiento del 2,3% del PBI del primer trimestre. “El 17% de los sectores ganaron; ahí están la minería, la energía, el agro y la intermediación financiera”, dijo. “El 12% sacó un empate”, siguió. “El 54% restante pierde, y es el que más empleo absorbe”, finalizó.
En la Argentina de Milei, como en el fútbol 5, el que pierde paga la cancha.