El modelo "cierra" en su lógica, pero hay en él algo profundamente inconveniente que el Gobierno no corrige –acaso porque no podría hacerlo sin renunciar a su esencia– y que la oposición, tan concentrada en peleas de otro tipo, tampoco consigue articular más allá de la crítica.
Lo que Toto Caputo festeja
Caputo festejó este lunes los datos de comercio exterior en el acumulado del primer semestre. "En los primeros seis meses del año, las exportaciones de bienes sumaron 49.454 millones de dólares, registrando un crecimiento de 24,4% en relación a igual período de 2025 y alcanzando un nuevo récord histórico", señaló.
"En junio, las exportaciones sumaron 9055 millones de dólares (+24,5% interanual) y registraron un máximo histórico para el mes, en tanto las importaciones sumaron 6861 millones de dólares (+7,3% interanual) y la balanza comercial registró un superávit de 2.194 millones de dólares", continuó.
Resulta muy positivo que el superávit comercial del semestre haya alcanzado a 13.923 millones de dólares, cinco veces más que los 2762 millones de igual período del año pasado.
De los datos surge que la mejora depende tanto de precios más convenientes como de las cantidades exportadas: 16,5% y 6,8%, respectivamente. El auge se explica, sobre todo, por las ventas externas de manufacturas de origen agropecuario (+31,6%), las de origen industrial (+26,7) y los combustibles y la energía (+31,1%).
Así, el petróleo no convencional de Vaca Muerta es parte crucial de un "milagro" que desestacionaliza en buena medida el ingreso de divisas –antes dependientes sólo del campo– y que, de hecho, suma todo un nuevo actor al aparato productivo.
En ese tema, mediante, hay otro debate pendiente, realmente crucial para el futuro del país: ¿el laissez-faire radical en materia de uso de las divisas generadas por el sector petrolero y gasífero, la desgravación desmesurada a un negocio tan rentable y las escasas exigencias de integración de proveedores locales son compatibles con un proceso de desarrollo o, más bien, con una economía de enclave que, una vez agotada, no dejaría casi nada?
En tanto, un dato de la dinámica del comercio exterior sirve como enlace para lo que sigue: el saldo positivo crece en importancia por la debilidad relativa de las importaciones, que decrecieron 3,8% interanual en volumen físico, mientras que los precios pagados aumentaron 11,6%. ¿La causa? La demanda privada no tracciona.
Lo que Toto Caputo omite
Mientras, los salarios siguen sin recuperarse e incluso en el imaginativo universo del INDEC van para atrás en algunos segmentos cruciales.
Los datos difundidos este lunes, correspondientes a mayo, dieron cuenta de una variación general del 2,2% respecto de abril, lo que arroja un incremento nominal del 35,9% contra el mismo mes del año pasado y un acumulado desde enero del 15,2%.
Esos datos lucen relativamente bien frente a los de la inflación de mayo: 2,1% la del mes, 33,2% la interanual y 14,7% la del período.
Sin embargo, las inconsistencias en las mediciones del INDEC asoman una vez más cuando se repara en que el 2,2% mencionado incluye lo que presuntamente ocurrió con los ingresos de los trabajadores del sector informal, que, de acuerdo con el organismo, mejoraron 3,5%, 66,3% y 23,9%. Todo, sin representación sindical ni paritarias y en un contexto de consumo privado deprimido. Hace demasiado tiempo se esperan explicaciones al respecto.
Conviene, entonces, ir al componente que se vincula con los empleos de calidad, los formales: 2%, 29,3% y 12,3%. Todo por debajo de la inflación. Por último, dentro de ese universo, la situación de los salarios de los trabajadores del sector público directamente es una masacre: 1,5%, 27,4% y 12,3%, respectivamente.
Los efectos de la intervención del INDEC
Hay, todavía, un elemento a considerar: el modo en que el INDEC subestima, mes a mes, la medición de la inflación. No porque la adultere, como ocurrió en la era kirchnerista, sino porque fue forzado, por la decisión de Milei y Caputo que derivó en la renuncia de Marco Lavagna, a seguir usando deliberadamente la canasta de consumo de 2004-2005, menos representativa de la dinámica actual, en la que los servicios públicos tallan más fuerte que los bienes.
En otras palabras: el salario rinde menos no sólo por lo que cobra el trabajador, sino porque la vara con la que se mide la inflación está desactualizada ex profeso.
La intervención de hecho lima mes a mes el IPC, sutilmente, pero de modo importante en relación con la evolución de los salarios.
De acuerdo con la consultora Equilibra, "con la canasta actualizada de la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de mayo habría sido 2,3% en lugar del 2,1% oficial, acumulando 15,6% en los primeros cinco meses del año contra el 14,7% que muestra INDEC".
Esto indica que el perjuicio para los ingresos populares es todavía mayor que el informado oficialmente.
Caputo, que celebró con todo derecho el dato de comercio exterior, no dijo nada sobre la realidad de los salarios. No se lo puede culpar; lo que corresponde es pensar lo que este plan económico es capaz y no es capaz de ofrecerle a la Argentina.