El dato "cortó con la dinámica de suba y baja: enero y marzo con crecimiento, febrero y abril con contracción", explicó la consultora LCG. Mayo, de hecho, fue el segundo mes consecutivo en rojo. "En total, la actividad opera 1,5% por debajo del nivel de diciembre 2025", añadió la consultora.
Los especialistas hablan de una actividad que evoluciona como un serrucho, con alzas que son seguidas de bajas casi sin solución de continuidad.
Tal vez convenga complementar esa metáfora con la de la gallina: las patas del gallus gallus domesticus terminan siempre en el mismo punto, sin importar el esfuerzo que haga por alcanzar el cielo.
El asterisco de la desinflación
El ministro de Economía le puso onda a la mala nueva, retorciendo los datos al punto de que se escucharon sus gritos de dolor. Invirtiendo la pirámide invertida, el funcionario enfatizó el modesto aumento interanual del 1,7% acumulado desde enero y diluyó en un parco final los elementos menos luminosos. No se lo puede culpar.
Dos hechos se destacan:
- Estos son los resultados de un gobierno que en mayo cumplió nada menos que dos años y medio de gestión.
- Es imposible no vincular la desinflación –por otro lado, bastante lenta– de la que Milei y Caputo se vanaglorian con la condición exangüe de la actividad. La pregunta se cae de madura: ¿qué sería del IPC si la economía se moviera a un ritmo aunque fuera razonable?
Por lo demás, el desagregado del EMAE ratifica una vez más la marca en el orillo del modelo: una estructura productiva dual, con sectores ganadores (las actividades extractivas de exportación y la intermediación financiera) y perdedores (la industria, la construcción y el comercio, proveedores de los bienes, servicios e ingresos de la mayoría de la población).
"Sin el aporte del agro, la minería y la intermediación financiera, ni la contribución de impuestos y subsidios, el resto de los sectores registró una caída del 2% interanual en mayo, ampliamente superior al -0,5% (desestacionalizado), y promedia una baja de 0,5% en los primeros cinco meses del año", añade LCG.
Lo que dicen los ornitólogos
¿Y en junio? ¿Qué hará la gallina?
Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, señaló que "el EMAE dio bastante peor que lo esperado. La aceleración de la cosecha gruesa durante ese mes no compensó el mal desempeño de los otros sectores".
"Los datos primarios de junio son peores que los de mayo, pero, dado que mayo sorprendió por la negativa, tal vez eso compense un poco", agregó. Como sea, "se confirma que la actividad sigue corriendo muy por debajo de lo esperado y las expectativas van a seguir corrigiendo a la baja".
LCG ofrece un punto de vista similar. "Parece difícil esperar que, en el corto plazo, el crecimiento de los sectores más pujantes, como minería, petróleo y gas y el agro se traduzca en un impulso significativo para el resto de la economía". La industria sigue en coma profundo.
No hay derrame porque esa teoría es un timo comprobado y porque la Argentina paleolibertaria no genera ni siquiera el líquido que debería colmar la copa.
"Si bien una mayor estabilidad luce como una condición necesaria, la ausencia de un motor claro para la demanda interna, un mercado de trabajo paralizado, crédito suspendido por los niveles de morosidad y tasas activas muy positivas en términos reales ponen límites a la expansión del resto de los sectores", diagnostica LCG.
Así las cosas, "el arrastre para lo que queda del año es de un aumento de apenas 1%. Nuestra proyección es que 2026 promediará un crecimiento en la zona del 2% anual, lo que supone cierta recuperación –menor– en el segundo semestre del año", completó.
¿Eso es crecer? No.
El economista Sebastián Menescaldi le dijo a La Nación que, arrastre estadístico aparte, este año no habrá crecimiento de la actividad. "Sólo agro, petróleo y energía crecen fuerte, pero no logran impulsar al resto de la economía porque la cadena de transmisión, compuesta por exportaciones, crédito y consumo, está rota, y la capacidad de traccionar crecimiento general es muy baja" porque "los ingresos de las familias son insuficientes y la rentabilidad de las empresas es reducida".
Martín Kalos, director de la consultora Epyca, enfatizó la evidencia de una economía de "dos velocidades, aunque en realidad lo que se ve es que una parte de ella sube y la otra baja".
La remake de los "brotes verdes"
En abril, Toto Caputo prometió la inminencia de los mejores 18 meses de la historia argentina, pero días atrás dio una poco elegante marcha atrás al fingir que se había referido solamente a la actual administración. Por ahora, ni siquiera se ve eso.
Más minimalista todavía, el viceministro José Luis Daza habló este miércoles de simples "brotes verdes" –Mauricio Macri vibes– y aseguró que el equilibrio macro, basado en el ajuste, "va a generar y ya está generando las condiciones para que la gente lo empiece a sentir".
Ante el inevitable "pesimismo de la inteligencia", el Gobierno se abraza al "optimismo de la voluntad".
La dureza del momento explica la desesperación oficial por dar cada vez más garantías a los contribuyentes en el marco de la presunción de inocencia fiscal, un blanqueo fiscal permanente. La apuesta, una promesa largamente incumplida, es que los "dólares del colchón" salgan sin que nadie pregunte de dónde provienen y que así aceiten una economía que chirría fuerte.
¿Qué ve el Círculo Rojo?
Aun en este contexto insatisfactorio, el Círculo Rojo respalda el modelo. Su segmento financiero se entusiasma con noticias como la mejora de la nota para la deuda soberana, que Moody’s elevó de Caa1 a B3. La calificadora además pasó la perspectiva de estable a positiva.
En el plano interno y productivo, ese apoyo puede explicarse, por un lado, por el hecho de que algunos de los grupos vinculados a los sectores perdedores tienen tentáculos que los extienden a los vencedores. El caso del ala industrial de Techint y su brazo Tecpetrol es elocuente al respecto.
Adicionalmente, los grupos que tienen espaldas anchas pueden esperar que el colapso de los competidores más pequeños les compense, a través de una tajada mayor, el achicamiento de un mercado de consumo masivo que, según datos del mes pasado, sigue sin encontrar piso.
Sin embargo, por encima de todo eso puede conjeturarse que prima la aspiración de que el Gobierno consiga, con mucha decisión y contra todo pronóstico previo, "domesticar" a la sociedad, esto es establecer un nuevo reparto del ingreso que le ponga coto de manera duradera a la puja distributiva que ha persistido, con sus flujos y reflujos, desde el mismo nacimiento del peronismo. "Logramos cosas que ni gobiernos militares consiguieron hacer", repite últimamente el Presidente.
Parte de esa "domesticación" es el reparto inequitativo de las cargas del ajuste: las carencias en materia de salarios públicos y jubilaciones que nunca salen del vaso de la licuadora; los presupuestos magros de salud, educación y asistencia social en general, y la infraestructura cancelada nunca reciben explicación alguna sobre la vocación oficial por desgravar las grandes rentas. El abusivo RIGI, entregado incluso a esa mina de oro –negro– que es Vaca Muerta y desiderátum de la extrema derecha para la Argentina del futuro, es una prueba de eso.
¿Y si fuera esta inequidad lo que está mal? "Mal" no como concepto ético, sino como base de una política económica racional.
¿A qué clase de paraíso puede llevar la devastación planificada de los ingresos populares y el consumo?